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Brutalismo entre pan

El concepto arquitectónico de brutalismo tiene su reflejo gastronómico en el restaurante y galería voluble de arte La Casa Tomada. Lo que en un edificio del mencionado estilo es gigantismo, exposición abierta de materiales y geometría sencilla y efectiva, es en LCT maximalismo en el uso de los ingredientes que, tratados a la venezolana, asiática o norteamericana, generan unos bocadillos honestos e inconmensurables y alguna otra propuesta de interés. Aquí se maneja una cocina brutalista y brutal en todos los sentidos que pide ser disfrutada a mano y en manga corta, porque si no te cae salsa por el antebrazo… ¡te estás perdiendo algo!

Todo empezó en una pequeña localidad venezolana, donde los hermanos José Miguel Del Pozo (ilustrador) y José Antonio Del Pozo (chef de base autodidacta, un buen día le dio por vender sus bocadillos a compañeros de la Universidad y…) convirtieron paulatinamente la casa materna en un restaurante y foco cultural desde 2011. Con la filosofía de base conformada, los Del Pozo se instalaron en 2015 en una calle secundaria del barrio de Chueca de Madrid y utilizaron el título del cuento homónimo de Julio Cortázar para bautizar su proyecto. Cortázar hablaba de otra cosa en aquel, pero los hermanos habían tomado la casa de su madre para sus cosas y les apeteció apropiarse también del título ideado por el escritor argentino y romper su sentido.

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Los entrantes te colocan en situación: avalancha de ingredientes, nervio y formato XXL en las Chili Cheese Fries, armonía de patatas, chili con carne, jalapeños, queso cheddar, bacon crujiente, cilantro y huevo.

Sufridos panes sostienen apenas los trozos de pollo empanado en dados (buena táctica para mantener su jugosidad), bacon, queso cheddar y gouda (José Antonio juega mucho con las combinaciones de quesos), lechuga, alfalfa y salsa tártara del redondísimo Granjero Loco; la ternera marinada en soja y salteada con pimiento y cebolla, rematada con toques de cilantro, cebollino, sésamo y la salsa que corresponde de un Teriyaki de ternera muy enérgico; las rebanadas de roast beef horneadas y cortadas sabiamente para revolverse en queso Idiazábal, lechuga, tomate, alfalfa, cebolla morada y salsa tripartita (secreto de la casa) del logrado, y no era fácil porque bocatas o sandwiches similares quedan secos y con poco sabor, Classic Roast Beef; o las albóndigas rellenas de provolone y, como diríamos, anegadas por salsa napolitana, mozzarella y parmesano de nuestro preferido, el bocadillo gigante imprescindible para los amantes del género en Madrid, que probamos fuera de carta y vamos a llamar por nuestra cuenta y riesgo El Asesino de Tony Soprano.

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Y mientras buscas una app que localice desfibriladores y agradeces haber venido con mucha compañía, llega más queso, ahora en tarta, y una combinación de cookie y brownie en la línea de calidad y cantidad expuesta.

También hay perritos, sandwiches y ensaladas. La oferta líquida la protagonizan las cervezas artesanales, La Virgen en grifo y Moustache, Rouge Nación y otras propuestas interesantes en botella.

Artículo de Adrián P. G.
Director de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

 

Precio medio a la carta: 15€.

Menú del día: 10€. Ofertas especiales.

Horario:

De martes a domingo: 13:00 – 00:00.

Calle San Lorenzo, 9.

Almagro se disfruta más gracias a La Pilla

Cinco socios multidisciplinares unidos por una de ellos, a la que todos conocen como La Pilla, fundaron hace algo más de un año un restaurante, coctelería y lo que haga falta (horario non stop) en la elegantona calle de Almagro. Las dos plantas y la terraza de este local cuadran en el entorno. El chef escocés Andy Bryson ha afinado en este breve lapso una cocina internacional (panasiática, estadounidense…) con deje mediterráneo e incluso resabio castizo que se aclimata a las estaciones a su paso y a nuevos conceptos a la velocidad que contenta a los comilones madrileños.

En esta ocasión, los abajo firmantes compartimos mesa y mantel y decidimos entre plato y plato enredar nuestras respectivas opiniones sobre lo catado para que tengas una perspectiva doble de la propuesta chamberilera en cuestión.

Adrián Sotés: El atún rojo tiene un ‘algo’ que llama a pedirlo en cuanto aparece en una carta, pero con remordimientos. Puede ser porque lo rodea un aura de manjar elitista y sin embargo aquí se te presenta; porque se lo están puliendo y podría ser hoy la última vez que lo veas; o porque a lo mejor es peligroso por aquello del mercurio y no salgas de esta. Lo pides, porque además viene en formato tartar y su esencia cruda hace tiempo que ya no te asusta, aventurero de pacotilla, mesa y mantel.

Llega el atún, cortado en dados, formando una hilera, adornado con virutas de pepino, discos de rabanito, ramitas de salicornia, pan de gamba, tomatitos y unas enigmáticas bolitas amarillas. Vamos con el prota, que no me olvido de que es el pescado. Me gusta la textura, que es suave y agradable hasta para el más integrista de la cofradía del entrecot muy hecho. Me sabe a fresco y a la vez a ingredientes fuertes. Será la vinagreta de chile, el jengibre o el mirin, que me he enterado de que es un vino dulce de arroz. Esto pica lo justo y me voy a comer hasta el pepino, a pesar de lo frío que está el día. Lo siento pero, aunque sea un plato para compartir, voy a hacer lo posible porque pienses en qué es la salicornia mientras me hago con la mitad más grande de la ración. Prueba las bolitas amarillas, que es gel de papaya.

Adrián P. G.: El atún rojo tiene otra cosa, y es su omnipresencia en las cartas de los restaurantes medios o mejores de un tiempo a esta parte. Y en tartar, muchas veces. Así que se me activa un mecanismo preventivo que me veo afortunadamente obligado a desarmar en cuanto le echo el primer vistazo al plato que nos sirven. Y el sabor acaba con cualquier resistencia. El producto director es bueno y el aliño lo matiza a su favor… y lo diferencia. La salicornia o espárrago de mar, muy rica. Hay que pedirle a la RAE que incluya el término en la próxima versión de su diccionario.

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AS: Esta carta está llena de trending topics. Es difícil no picar el anzuelo si aquí dice ‘Carabineros‘. En realidad es un risotto, pero esta condición convierte el plato en un imán un día como hoy, que ni es Navidad, ni me apetece comer con los dedos.

El risotto comienza con desventaja: el primer plato ha estado muy bueno y dudo de que el efecto se vaya a replicar. El cerebro a veces es un asco. Sin embargo, el arroz tiene ese punto de dureza que a mí me gusta. Explota más que deshacerse y suelta el sabor. Buen sabor. ¿Es poco sabor o es el handicap del segundo plato? Mastica, comedor hater. El queso liga los ingredientes y le da un toque cremoso. Empiezo a encontrar los trozos del carabinero. Me da la impresión de que esto está muy bien hecho. Este risotto sabe mucho. El tartar de atún podría estar sufriendo el síndrome del príncipe destronado.

APG: Otra vez inquietud. ¿Un risotto de La Pilla es como ‘otro risotto’? Aquí lo que veo y saboreo es una colección de puntos y notas bien estructurados. El carabinero está y se hace sentir. De repartirnos el plato apostando por el juego limpio hemos pasado, me parece, a intentar que cada una de nuestras mitades sea mitad y pico sin perder los modales.

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AS: En noviembre la casa lanzó un plato estrella, la burger short rib, de nombre muy americano, que al fin y al cabo, es a lo que se asocia una hamburguesa. De Hamburgo de toda la vida. Este plato no debería sorprenderme y ya llevo un tartar y un risotto encima. Pero resulta que el ‘emparedado’ -que diría el referente en la materia, Pilón-  contiene un filete hecho a base de tiras de ternera desmigada, reprimido por dos panecillos con cresta de amplias semillas. La luz cenital de las mesas de esta parte del restaurante aporta a esta propuesta un toque galáctico o celestial: burger short rib que estás en los cielos, ven a mí.

No sabe a hamburguesa tópica, tampoco sabe a carne mechada, aunque se le aproxima más incluso por el aspecto. La salsa bourbon, el cheddar y el jalapeño que lleva hacen un buen conjunto. Pica poco si eres exagerado para el picante; y si eres sensible al tema, lo vas a notar aunque sin dramas. Definitivamente es una hamburguesa especial y se nota la dedicación: 24 horas de cocina en horno de carbón. Si no viniese un plato 4, lucharía por la otra mitad.

APG: Buena presencia, fuerza como obligan las intenciones y los ingredientes y, al mismo tiempo, ligereza gracias al tratamiento de la carne. Bryson no se anda con medias tintas, quiere precisión en todo. Estoy disfrutando y ahí enfrente veo que la cosa va por los mismos derroteros.

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AS: Esto se me empieza a ir de las manos pero he de seguir comiendo. Mi pareja de hoy también da síntomas de fatiga. Después de los ‘entrantes’ llega el plato principal. Viene servido en fuente de barro, con patatas fritas cortadas simétricamente -pero caseras- gruesas escamas de sal sobre las tiras cortadas, pimientos verdes y un cuenco de crema de queso azul. No hay mucho más que inventar. Conozco gente a la que le sobra hasta la ensalada cuando va a comer un chuletón. Espera, la carne lleva 45 días de maduración.

Lo hemos pedido al punto. En mi opinión está un poco menos hecho de lo que me habría gustado, pero no voy a entrar en conflicto con mi partenaire de banquete. No controlo bien el mundo de los puntos. La carne está sabrosa y entra bien, pero a estas alturas temo por la digestión que va a venir. Si se tiene pensado ir a comer del grill, aconsejaría moderarse con los platos previos. Aun así, no puedo parar de mojar patatas en el queso azul.

APG: Si eres de comer e incluyes carne en tu dieta, de vez en cuando necesitas apretarte un chuletón o similar. Este rib eye nos llega con el gaznate bien trabajado, efectivamente, pero mira por dónde, ya no está. Pura querencia. Me han gustado más los puntos de la parte central de la pieza, tanto el de maduracón como el de cocción.

AS: Llegamos al final de la fiesta. La tarta red velvet lleva un bizcocho con remolacha y capas de chocolate blanco. La combinación escarlata y blanco me resulta estéticamente perfecta. No creo que el subidón de las patatas fritas esté afectando a mis sentidos. Me da pena acercar la cuchara, pero se trata de eso y el otro ya ha empezado. Voy. Pues es que no empalaga. El bizcocho está esponjoso e, importante, no se desmiga, lo que disimula mi tendencia a esparcir postres por las mesas.

APG: A mí el dulce, no. Pero con estas maneras, sí. No empalaga, estamos de acuerdo, y eso es fundamental para los que podemos prescindir del postre. Muy estilosa esta tarta, su éxito es merecido.

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Veredicto unánime: no hemos encontrado mucha pega, sabores y aspectos más que notables. Queremos destacar el servicio, inteligente y más que cordial (gracias, Patricia).

Texto y fotos de Adrián Sotés
loscreacionistas@yahoo.com

Escucha en Spotify mi disco autoeditado:
Los CreacionistasLa gravedad de los seres
distantes 
También disponible en AppleMusic

Texto y fotos de Adrián P. G.
Director de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

 

Precio medio a la carta: 20€ – 30€.

Menú del día: 12’90€. Medio menú: 9€.

Horario:

Lunes: 10:00 – 17:00.

De martes a jueves: 10:00 – 2:00.

Viernes: 10:00 – 2:30.

Sábados: 12:30 – 2:30.

Domingos: 12:30 – 17:00.

Calle Almagro, 3.

Come patatas y sé feliz

Sus padres respectivos emigraron de Galicia a Venezuela en los 60 y ellos hicieron el viaje de vuelta a España con destino Madrid 50 años más tarde. Hablamos de José Pérez y José Rodríguez, artífices del proyecto hostelero sin par en la ciudad De Patata Madre.

José Pérez pasó el verano de 2015 en Málaga y allí cató las patatas asadas rellenas de feria. Con ese sabor en mente, convenció a su tocayo para lanzar un restaurante especializado en recetas verbeneras basadas (en sentido literal) en el tubérculo más famoso del mundo.

Antes de la patatada, proponen unos entrantes finger food entre los que resultan de lo más apetecible los tequeños, plato callejero de Caracas por excelencia cada vez más presente en Madrid (de la mano de la ola de restauradores venezolanos que ha llegado en los últimos años). El relleno de queso es aquí bien sólido (como en la capital venezolana, nos explica José Perez). Mermelada y agridulce de pimientos para empapar la masa de trigo.

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Entramos en faena o en la feria hincándole el diente, pero sin forzar porque la terneza de la materia prima lo permite, al pulpo con emulsión de aceite y pimentón de la patata Finisterre. Se notan los ancestros y la parentela: nuestro anfitrión nos revela que este extraordinario pulpo se lo envían desde un restaurante gallego con el que tiene una conexión familiar. Empezamos a disfrutar de la calidad de las patatas, también gallegas y tratadas con mantequilla.

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Seguimos con Feria y Laberinto (imagen de portada, de derecha a izquierda). Si la primera es obligada en nuestra primera visita por hacer honor al concepto De Patata Madre, la segunda lo será en las siguientes porque es una de las propuestas más redondas que ofrece el establecimiento. El topping lo componen setas variadas bañadas en una reducción de Oporto y coronadas por un huevo escalfado.

Pabellón es el nombre del plato más característico de la gastronomía venezolana y de la patata más potente de la carta a nuestro criterio. Carne mechada y alubias negras con sazón venezolana, plátano macho, queso latino y aguacate conforman un conjunto extrasabroso y adictivo.

Solomillo de res, escalope de pollo, codillo asado y costillas a la barbacoa son los invitados a la feria de los que acompañarse si te preocupa la sobrecarga de hidratos. Probamos las costillas y ¡sorpresa!, resulta que son homologables a las del diner más pintado. Y es que los Josés van muy en serio con el recetario que aplican. Pérez nos cuenta que se apoyan en asesores externos y lo modifican constantemente. La patata de acompañamiento es la notable Salto al acantilado, que lleva carne picada y frijoles con aderezo mexicano y queso cheddar.

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El tono buenrollista de la sala, que presenta una decoración nada recargada y divertida, contribuye a que se pase el rato DPM. Por cierto, aquí, a la entrada de una de las calles cerveceras por excelencia de la ciudad, sirven cerveza Polar, la más bebida en Venezuela.

Artículo de Adrián P. G.
Director de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com
Precio medio a la carta: 20€.

Menú del día: 13’50€. Medio menú: 11€.

Servicio a domicilio.

Horario:

De lunes a sábado: 13:00 – 00:00.

Domingo: 13:00 – 18:00.

Calle Cardenal Cisneros, 1.

Puerta de Alcalá Restaurante

¿Te has fijado en que las dos fachadas de la Puerta de Alcalá son diferentes? La que está orientada al este, que es la que daba acceso a Madrid desde la carretera de Aragón cuando lo que hoy es un monumento era una puerta de verdad de la buena, tiene columnas adosadas; y la fachada interior, pilastras. El esquema decorativo es diferente en cada lado. Y es que a Carlos III le gustaron las dos propuestas que le presentó Sabatini para reemplazar la vieja puerta que había cerca de la actual y quiso tenerlo todo. Cosas de reyes.

El entorno de las dos fachadas de la Puerta de Alcalá es bien distinto, también. Al este nos topamos con el Retiro y al oeste, en especial en el cuarto de círculo entre Alcalá y Serrano, lo que prima es la oferta hostelera de media y alta gama y el terraceo asociado.

El último proyecto en sumarse a este microcosmos restaurador se llama precisamente Puerta de Alcalá Restaurante. El otro día nos pasamos por allí para disfrutar de una versión brunch de su carta.

La primera impresión que produce Puerta de Alcalá Restaurante la provoca su decoración, firmada por Olga López de Vera, que homenajea al emplazamiento del local en dos sentidos: Madrid está representado por un madroño que ocupa el centro de una mesa alta de apoyo a la barra; y el Retiro y la Puerta de Alcalá (además de en las dos siguientes fotos, fíjate en la que encabeza este artículo) que están pintados en las paredes de la sala principal.

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La carta del establecimiento pone en valor la materia prima española y los productos de temporada, con algunas aportaciones internacionales. El chef Rafael Vaquero (El 38 de Larumbe, El Trasgu) tiene a su disposición pescados y mariscos de las lonjas de O Grove, Cangas del Morrazo, Viveiro, Huelva y Cádiz; carnes La Finca de Jiménez Barbero y verduras de la huerta navarra. Con todo ello le da forma a unas elaboraciones sencillas pero cuidadas, sin estridencias ni decaimientos sobre el papel. Y con un punto medido, acorde al tono general, de creatividad. Ya le hincaremos el diente al arroz meloso con marisco según mercado, al cogote de merluza a la bilbaína o al cochinillo asado a baja temperatura con parmentier de boniato y tomillo.

El tapeo (y el ‘cocteleo’) se hace en la barra o en la terraza a la sombra de la Puerta de Alcalá y las comidas formales en la sala principal o en otra habilitada en la cueva en plan reservado.

Del picoteo nos quedamos con la ensaladilla de atún en cucurucho, con la pizza de pulpo y, sobre todo, con las anchoas ‘complementadas’.

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Y dos clásicos inmortales, el jamón ibérico y el queso manchego, aquí no podían faltar ni dejar de tener un muy buen nivel.

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Ah, lo de que haya mucho leopardo por aquí y por allá (si vas, verás), es porque es el símbolo de la casa.

Texto de Adrián P. G.
Coordinador de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

 

Fotos de Adrián Sotés
loscreacionistas@yahoo.com

Escucha en Spotify mi disco autoeditado:
Los CreacionistasLa gravedad de los seres
distantes 
También disponible en AppleMusic

Precio medio a la carta: 50€.

Menú ejecutivo: 38€.

Pinchos desde 3’50€.

Horario:

Todos los días: 8:00 – 3:00

Calle Serrano, 1.

Café Saigón, nuevo y reconocible

El más veterano de los restaurantes del Grupo Saigón en Madrid ha pasado por chapa y pintura para relanzar su propuesta de cocina indochina y china en un renovado ambiente colonial. Café Saigón mantiene las señas de identidad que lo han convertido en sus 15 años de trayectoria en un referente de la cocina oriental del entorno de Nuevos Ministerios y el barrio de Salamanca y ofrece nuevos atractivos como la aparición en la carta de más opciones de la cocina de Sechuán y Pekín (si bien siguen siendo más numerosas las cantonesas y vietnamitas) o el peso que ha cobrado la barra de la planta inferior.

Charlamos y comemos entre medias luces y música sin estridencias. Imprescindibles los rollitos imperiales, a envolver en hoja de lechuga, y los rollos crujientes de langostino con mango y albahaca. La mejor forma de entrar en materia.

Ente los dumplings, apreciables los hakao de langostino y excelentes los de pato con boletus y foie a la pimienta de tsechuan.

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La lubina a los cinco perfumes pide algo menos de cocción del pescado y algo más de fuerza  en el aderezo, sin dejar de ser un plato agradable.

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Rematamos con un medallón de ternera blanca con zest de mandarina (imagen de portada) de sabores y texturas bien conjuntados, pese a su aparente complejidad, y unos tallarines con gambas estilo thai de los que no se puede decir nada en contra.

De postre, helado frito, ese viejo conocido de los asiáticos de España de todos los tiempos. Resuelto sin incidencias.

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Buena línea la del Café Saigón. Las novedades funcionan correctamente y las esencias siguen a pleno rendimiento. Los menús de degustación y para ejecutivos, en precio.

Texto de Adrián P. G.
Director de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

Menú ejecutivo (mediodía): 18’50€.

Menú degustación (mínimo dos personas): 32:00€.

Precio medio a la carta: 30€ – 4o€.

Horario:

Todos los días: 13:00 -16:00 y 20:30 – 00:00

Calle María de Molina, 4.

Julio es Kitchen

Yong Ping Zhang es un chino de Beijing que se hizo chef en Hong Kong y un buen día aterrizó en la cocina de un asador tradicional de Pamplona. Hace menos de 5 años se trasladó a Madrid y se instaló en la planta de arriba de un bar de barrio cercano al mercado de los Mostenses. Trabajaba la cocina oriental sin carta, con productos del mercado, su inspiración y las preferencias de los clientes. Abajo se servían alitas, bravas, lo típico de un bar madrileño de toda la vida. Y de pronto dio el pelotazo, los mejores chefs de Madrid y media España empezaron a frecuentar Soy Kitchen, que así se llamaba aquella propuesta, y a tratar de desentrañar sus salsas, y las cuatro mesas que él mismo atendía pasaron a estar permanentemente ocupadas, con gente esperando hasta dos horas para sentarse a alguna de ellas.

Julio, como se le conoce por aquí, está ahora a los mandos de una nueva versión de Soy Kitchen en Chamberí y ha tutelado la transformación del antiguo bar en Lamian by Soy Kitchen, proyecto especializado en fideos chinos hechos a mano y con una interesante carta de fusión asiática y española.

Microplán Madrid: Malasaña, La Latina o Salamanca, ¿con cuál de estos barrios madrileños con personalidad diferenciada te identificas más?

Yong Ping Zhang: Malasaña, que es donde vivo.

MpM: Nos acercamos a una barra, ¿pedimos para ti una caña, un vino o un vermú?

YPZ: Vermú.

MpM: ¿Te gustan las terrazas en azoteas, en patios interiores o a pie de calle?

YPZ: Azoteas, siempre mirando al cielo.

MpM: Si toca plan castizo, ¿prefieres callos a la madrileña, bacalao rebozado o bocadillo de calamares?

YPZ: Callos a la madrileña.

MpM: ¿Museo del Prado, Museo Reina Sofía o Museo Thyssen?

YPZ: En realidad me gusta más el Museo del jamón, jajajaja.

MpM: ¿Qué crees que ha hecho Madrid por ti?

YPZ: Muchas cosas… Comida, chicas guapas, gente muy abierta, muchos tipos de hostelería y muy buena.

MpM: Y ¿qué es lo último que has experimentado en Madrid?

YPZ: BIBO de Dani García.

Entrevista de Adrián P. G.
Director de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

Primer aniversario de la segunda vida de Los Montes de Galicia

Un clásico de La Guindalera está de celebración. Los Montes de Galicia abrió en 1997 como un restaurante de cocina gallega tradicional con barra de bar de barrio. Se expandió con un nuevo local en el barrio del Pilar y tuvo un desarrollo que a su propietario, José Espasandín, ya se le quedaba corto. Así que hace un año presentó la reformulación de su propuesta en el local primigenio, que fue totalmente remozado.

Lo que encontramos ahora en Los Montes de Galicia es una barra de tapeo actualizado, coctelería y cocina tradicional del noroeste peninsular con un baño o dos de modernidad (o ninguno en preparaciones que no lo requieren) . Y, en concreto, en septiembre y octubre de este año, un menú especial por su primer aniversario que resume sus nuevas intenciones. Se compone de 7 entrantes para compartir y 7 principales..

Fuera del menú probamos un ceviche de vieira cortada en sashimi con pipirrana de mango y ají amarillo. Es un ejemplo claro de la línea que sigue ahora el establecimiento: materia prima gallega básica en una elaboración diferente y con un resultado notable.

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Al menú le entramos por unas sardinas ahumadas con tartar de aguacate, un plato muy logrado que te deja con esas ganas de más que marcan cuando estás disfrutando de verdad en la mesa.

La empanada de sardinas, pasas, tomate y tomillo limón (imagen de portada) no tiene un pero del hojaldre al relleno. No es nada fácil encontrar otra mejor en Madrid.

El pulpo a feira sigue los cánones conocidos por todos. Pues bien, si no puedes mejorar la receta, para qué cambiarla.

Seguimos con unos buñuelos de bacalao crujientes con alioli de ajo asado de buen tono pero con un ligero deje empachoso.

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Volvemos a situarnos fuera del menú para catar un caldo gallego irrefutable y un foie con reducción de Pedro Ximénez de las mismas características.

Y de nuevo entre las propuestas específicas del primer aniversario, le hincamos el diente al lomo bajo de vaca madurado en seco con patatas y pimientos de padrón que da lo que se le debe pedir, materia prima de calidad y paso por cocina que la respete. Estupenda la rubia gallega.

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De postre, haznos caso, filloa rellena de mousse de queso (fría), huuuuum.

El maridaje, sensato: albariño de la casa y 200 Monges Reserva.

Menú celebración primer aniversario: 55€ por persona bebida incluida.

Precio medio a la carta: 35€ – 45€ por persona.

Horario:

Todos los días (cocina): 13:30 -16:00 y 20:30 – 00:00

Calle Azcona, 46.

Perritos calientes de autor en Paperboy

Acaba de llegar a Chamberí desde un pasaje de la calle Orense una propuesta microgastronómica de máximo interés.

Se trata de Paperboy y sus perritos calientes de autor. El chef venezolano Alfonso Bortone es precisamente eso, el autor de unas recetas con salsas caseras que presenta como inspiradas en diferentes periódicos del mundo.

La carta se compone de titulares o entrantes, periódicos -perritos, ensaladas en el apartado salud y postres en el deportivo.

A lo que se viene a Paperboy es a por los hot dogs, pero ojo a lo que los rodea, como los más que respetables tequeños.

Un clásico inmediato es The New York Times, una opción sabrosa y contundente. Lleva queso cheddar, cebolla frita, cebolla crujiente, bacon y dos salsas, barbacoa y… otra secreta, llamada editorial. Este no puede no gustarte.

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El L’Equipe aporta un punto sofisticado, con la suavidad de sus champiñones salteados asociándose al queso Emmental, el bacon crujiente y la mostaza dulce. Muy rico.

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Máximo placer el que proporciona Clarín, ¡encarecida recomendación! La salchicha recibe un baño de chimichurri, y le montan provolone, cebolla morada y patatas paja para completar un perrito que merece estar en el top 5 de su gama en Madrid.

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Más alternativas apetitosas: el Caribe y su carne mechada (muy venezolano), el picoso Houston Chronicle

En la celebración del primer aniversario de creación de Paperboy, que también ha servido para presentar el nuevo local, se ha añadido a la carta un nuevo perrito: La Vanguardia, con salchicha especiada, rabo de toro y crema de patata. No desmerece.

Importante: tú decides si tu salchicha será frankfurt, bratwurst, de ternera, pollo o tofu, y si quieres el tamaño XXL.

Buen nivel en los postres. Mención especialísima para la crepe de Nutella

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La nueva ubicación es más visible desde fuera y más espaciosa y luminosa por dentro. ¡Muy bien! Presta atención a las recomendaciones y ten en cuenta que disponen de menú del día a la hora de comer.

Precio medio: 9€ – 15€ por persona.

Horario:

Martes: 13:00 – 16:00.

Miércoles a sábado: 13:00 – 16:00 y de 20:00 – 23:00.

Domingos: 13:00 -16:00.

Lunes, cerrado.

Calle Luchana, 11.

La auténtica cocina mexicana popular de Tequilero by Hoos

Lo dicen los mexicanos que viven en Madrid y los madrileños que han visitado México: uno de los referentes de la cocina callejera y popular mexicana (que es amplísima) es Tequilero by Hoos, el pequeño establecimiento del barrio de Salamanca que comanda Armando Oropeza (mexicano, cómo no).

Armando atesora una dilatada trayectoria en restauración que ha puesto desde finales de 2015 al servicio de su proyecto más personal. En efecto, el propietario e impulsor de la cocina de Tequilero ha traído productos y conceptos de México novedosos para el público español y los asocia a las preparaciones ya conocidas aquí o a otras menos frecuentes. Todas ellas tienen un deje indudablemente casero.

El ceviche de pulpo y gamba sobre tortillas fritas cumple su función de estimular el apetito y generar expectación.

Las rajas poblanas con cuitlacoche son unas ricas quesadillas, contundentes pero ligeras al mismo tiempo, plenas de sabor. Empieza aquí el espectáculo de las salsas, realizadas con chiles atípicos seleccionados por Armando en su tierra.

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Los sopes de cochinita pibil, compuestos de masa de maíz, lechuga, nata, frijol, queso y el clásico cerdo marinado con especias son un antojito tradicional del centro y el sur de México del que adolecen muchas cartas de restaurantes mexicanos en Madrid. Disfrutables.

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Muy interesante degustar unos tacos de pollo, ternera y verduras con el relleno presentado en un molcajete, el mortero mexicano moldeado sobre piedra volcánica.

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Para refrescar el picante, recomendamos el helado de chicle.

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Son muchos los detalles que hacen de una visita a Tequilero by Hoos una experiencia relevante. Pruébalo si quieres sentir un bocado del México real. Por cierto, tienen  también servicio de catering.

Precio medio: 20€ – 25€ por persona.

Horario:

Lunes: 13:00 – 16:30.

Martes a domingo: 13:00 – 16:30 y de 20:00 – 00:30.

Calle Maldonado, 75.

¿Gastrochigre? ¡Gastrochigre!

De Gijón a la calle más foodie del barrio de las Letras. Es el recorrido del restaurante Gastrochigre, que ha pasado de Cimadevilla, la zona más alternativa de la ciudad asturiana, a codearse con Triciclo o Bistronómika en la calle Santa María de Madrid.

Mantienen su propuesta: cocina de raíz asturiana con sutilezas conceptuales y técnicas. El ejecutor es el joven chef Jorge Fernández y dirige la sala Chloé, que aporta conocimiento experto sobre los sólidos y los líquidos que sirve (fíate de sus recomendaciones, pues).

Lo suyo aquí es compartir diferentes platillos, entre ellos alguno de los especiales del día. Así, pruebas mucho y pagas lo justo.

La contundencia de las croquetas de compango no satura.

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Las gyozas de pote asturiano, una de las propuestas estrella de la casa, hacen honor a su fama. Es un plato bien pensado y compuesto, aunque a nuestro juicio la pasta estaba un poco dura.

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El escabeche de codorniz refresca la primera tanda de viandas. La segunda la protagonizan unas estupendas patatas a diferentes cocciones embravadas con curry rojo, un meloso rissoto de pato de caleya con caldo de pitu de caleya, setas y aceite de trufa, unos minicachopos de ternera y cecina con salsa de afuegal’pitu roxu muy logrados y un tierno y matizado vacío a baja temperatura con crema de batata (en la imagen de portada).

Los postres, rotundos: chocolate al ron con marrón glacé y tarta de plátano, y dulce de leche. Notables.

Los maridajes con cerveza, a propuesta de Chloe, muy oportunos.

Buena experiencia en un establecimiento gamberro y fundamentado que no dejará de crecer en los próximos meses. Se ha estrenado en Madrid en pleno verano y aún faltan detalles por aquilatar.

Texto de Adrián P. G.
Director de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

 

Precio medio: 20€ – 25€ por persona.

Horario:

Martes: 20:30 – 00:00.

Miércoles a sábado: 13:00 – 16:00 y de 20:30 – 00:00.

Domingos y lunes, cerrado.

Calle Santa María, 15.