Archivo de la etiqueta: Malasaña

Relatos de Madrid (III)

Este es el tercer relato de ficción (repito, nada de lo contado es autobiográfico) que sale por aquí de la serie de ellos que estoy escribiendo sobre tipos y tipas que se mueven en el Madrid actual, con la ciudad como fondo necesario para explicar su identidad. Si alguna editorial se anima, acabarán formando parte de un libro.

Título: El cubo del cuadrado 

Tengo más vecinos, pero tengo dos vecinos: Roncador Tosedor Suspirador y Enfermera Pirada. RTS ronca, tose y suspira en un apartamento del sexto, al otro lado del patio interior. EP es la única otra inquilina de la planta en la que vivo yo, la séptima bis y última, su puerta está enfrente de la mía. Durante dos años me cruzo con EP en el rellano, en la escalera, holadiós. Habla alto, oigo sus conversaciones telefónicas, que muchas veces tienen un punto de no normalidad difícilmente definible, un punto desorbitado. La veo con un tipo, no la oigo con él. Estoy seguro de que oye mi guitarra, y vaya (mal) lo que hago yo con mi guitarra, pobre. Me ve con algunas tipas (con perdón, se ha dado así el tema), no sé si me oye con alguna de ellas, yo diría que con alguna, sí (con perdón).

A RTS solo lo detecto como sí mismo un día que sube a mi casa por una avería, más de un año después de que yo me instalara en el edificio. La reverberación del sonido en el patio me había escondido su voz entre la de otros sospechosos, cuando hablamos queda claro que él es RTS porque tose, sí que tose, y es la tos que vengo oyendo, mientras ponemos en marcha la resolución de la mojadura del techo de, me dice, su cuarto de las cosas, donde solo entra cuando necesita algo de lo que tiene por ahí. Muy bien, suena todo muy bien, la tos invencible y el cuarto de vete a saber qué cosas (y cuántas).

Sigo hasta el final: se decreta el confinamiento, enseguida se me empiezan a caer los proyectos, solo me queda el diseño de una web por terminar, la de una asesoría legal. Le insisto a mis potenciales clientes, pero nada, recibo respuestas dilatorias o negativas a todos los presupuestos que había enviado. En apenas cuatro o cinco días el trabajo pasa al plano de lo irreal, y eso que no dejo de echarle horas, poco productivas, eso sí, a mi único cliente. En el plano de la realidad, vivo que mis padres están bien y mis amigos probablemente coronados no están bien, pero no están fatal. Todos están pasando la enfermedad en casa. Unos han llamado al teléfono de información sobre el coronavirus, otros no. Ninguno recibe más atención médica que la telefónica y la mayoría de los que han llamado, ni eso.

En el plano de la hiperrealidad estoy no sano, algo enfermo, enfermo. O no, es lo que tiene la hiperrealidad. El caso es que empiezo a toser y en unos días toso más que RTS. De hecho, parece que cuanto más toso yo, menos tose él. Cuando sale de su casa, EP se queda un momento entre su puerta y la mía escuchándome, la noto. Mis amigos posiblemente coronados me cuentan la evolución de sus síntomas, unos van mejor que otros, mejor o peor que yo, los síntomas de unos son más similares a los que tengo yo que los de otros. Casi todos mis amigos posiblemente coronados y muchos de mis amigos sanos están desarrollando costumbres neuróticas de manual. Yo estoy ahí, ahí.

Llevo casi dos semanas encerrado y tengo que bajar la basura, he acumulado, he perfumado, ya no puede ser. Algunos de mis amigos que viven cerca de mí, los de Malasaña se ofrecen a echarme una mano, qué va, tranquilos, que no sé si estoy enfermo o no, o de qué si es que sí, no lo veo, no quiero que os arriesguéis con mi mierda ni que traigáis vuestras mierdas a mi edificio. Compro online y la basura la saco yo. Salgo justo después de comer, no quiero dejar nada tocado para el siguiente, no quiero aerosolar, no quiero tocar nada que haya tocado alguien, quiero pensar que hay poco aerosol ajeno en la escalera a esa hora rara. Usar el ascensor, mejor no.

En el corcho que hay junto a los buzones, EP ha dejado una nota para todos los vecinos: se ofrece a traer material médico de su centro de salud para quien lo necesite, diabéticos que pueda haber en el edificio, por ejemplo, y no quiera salir. Lo mismo dice sobre los básicos de supermercado y farmacia. Nos deja su número de teléfono. Me entero de su nombre, lo ha escrito en la nota arriba y abajo, abajo en mayúsculas irregulares. El texto es simpático y como exuberante. Grabo su contacto. Por cierto, también sé cuál es el nombre de RTS, me lo dijo él cuando lo de la avería, pero qué, en mi móvil son EP y RTS, sí.

Vuelvo a casa, oigo a RTS ajusticiar a una flema y deshacerse de su cadáver otra vez. Siento esto, siento lo otro, me pongo el termómetro de nuevo. Irremediablemente, algunas cosas pasan muy a menudo en la cuarentena. No tengo fiebre, no he tenido fiebre ningún día, pero sí tostostostós, dolores musculoesqueléticos moderados, diarrea moderada, dolor de cabeza moderado y extraño, como en mala postura (un dolor que adopta una mala postura, me voy gustando en esto de escribir), y lo que parece ser conjuntivitis. EP abre la puerta de su casa alrededor de las 20:00, como todos los días. He salido, he vuelto y todo sigue igual, vale.

EP tiene unos ojos muy grandes de color miel que se llenan y se vacían muy rápido o al menos yo los recreo así. Tiene mirada de loca, y no digo que eso sea ni bueno ni malo. Yo tengo mirada de loco sobre mueca de loco cuando estoy voluntariamente enajenado, cuando estoy cansado y cuando se me amontona la misantropía. RTS tiene mirada de loco, vertiente hombre exaltado con barba (obviamente, la mirada de loco con barba es muy distinta a la de loco sin barba). Su mirada incluye como feature un matiz de insomne. Solo le he visto dos veces, cuando lo de la avería y unos meses después, un día que él salía del Padrón, uno de los bares de viejos (ya no se les llama así, ¿cómo se les llama ahora?) de la parte baja de San Bernardo. Nada de extrañar lo del mate (por contraposición a brillo. Yo, aquí, gustándome otra vez) de insomnio en los ojos de RTS, porque RTS todas las noches se duerme, ronca, se despierta tosiendo, tosetosetose, suspira, se duerme, ronca, tosetosetose, suspira, todo a un volumen de me da igual que se me oiga. Me lo tomo crecientemente como un volumen de se la suda que yo le oiga.

Esto ocurre todas las noches, digo. Así que le oigo, duermo mal, no me ahogo pero siento una opresión extraña en el pecho, como de exfumador reciente y al mismo tiempo como de persona que tuviera un gran pedazo de madera encima de los pulmones, madera tratada, industrial, pero no del todo lisa, con alguna astilla en ocasiones punzante (y punzante de la hostia, también).

Hay un par de noches malas, malas (¡y ya estamos casi a mediados de abril!) en las que estoy a punto de levantarme y preparar una mochila con ropa interior (hola, madre de pueblo) y el cargador del móvil por si no puedo respirar y me tengo que ir a urgencias y me ingresan. Miles de contagiados diarios, cientos de nuevos ingresos hospitalarios, pero ya es casi seguro que a ninguno de mis amigos les va a tocar lo peor, unos han superado la enfermedad o pseudoenfermedad (recuerda, probables y posibles coronados), otros arrastran todavía molestias más o menos leves. A mí a la UCI que no me lleven, joder, con 37 años no me puedo poner tan mal, por favor.

Me tranquiliza mirar el contacto de EP en mi móvil, lo cierto es que más que mirar el de mis padres o mis amigos. Si su casa es un reflejo de la mía, que vete a saber porque nuestras casas del séptimo bis o séptimo inventado sobre el séptimo real fueron trasteros o algo así (a RTS le mojé el cuarto de las cosas desde el baño, está todo descabalado aquí arriba), nos separan unos 25 metros de cama a cama. Deduzco de las toses de RTS, que ha vuelto por sus fueros, que su tos es la que siempre le he escuchado. Fantaseo con otra tos para él, una más de moda, como fantaseaba con mis padres sufriendo definitivos accidentes de tráfico en momentos de mi adolescencia de muchacho regular de barrio frecuentemente castigado. Del mismísimo barrio de La Elipa, eh. De la calle San Vidal. Antes de venirme al centro (a ver, dos años solo en el peor agujero del final de la calle Atocha, tres años en un piso compartido bastante apañado de Lavapiés, cuatro años con Laura en una casa de padres en Arganzuela, y eso, dos años de neosoltero en Malasaña), pasé 26 años con el ruido de fondo de la M-30 y mis padres ni un rasguño en ella. Que me alegro, que me alegro, ser un fantasista no es ser un desalmado.

Hola, soy Migue, tu vecino de enfrente, perdona por haber sido tan torpe de no presentarme antes, en tiempos menos pandémicos. Pero en este siglo lo normal es no amigarse con los vecinos, ya sabes, qué tontería. EP y yo cogemos el hábito de escribirnos por WhatsApp un par de veces por semana. En la primera conversación me pregunta si tengo o he tenido el bicho, sí que me había oído toser. No lo sé, he podido tenerlo, puedo tenerlo, puedo tener bronquitis, por ejemplo, en el coworking y en casa he pasado bastante frío trabajando este invierno y he estado regular a menudo. Soy autónomo, hago páginas web, vale, te paso algunas (no le paso las que he hecho para cerrajeros y dentistas ni la de los asesores, no, le paso las guais, las de restaurantes, librerías, agencias de marketing). Me da consejos enfermeriles, se ofrece para facilitarme una consulta con una doctora en su centro de salud, que no es el mío, porque sigo empadronado en Arganzuela y ella trabaja en el de Lavapiés. Ella probablemente no estaría, me dice, realiza mucha atención domiciliaria en las últimas semanas. No la han enviado a ningún hospital y aun así, ha visto mucho y está muy cansada y harta. Me lo cuenta con humor, con fuerza.

Mi tos se convierte en un animal doméstico perezoso, aburrido (qué dominio de la analogía de andar por casa, de verdad), empieza a olvidárseme que tengo que toser, la tos de RTS vuelve a imponerse en el patio interior y en mi casa. Mis dolores de cabeza de ahora, estamos a finales de abril, los causan las pantallas. Mis ojos no enfocan bien. Todas las ventanas de mi casa dan al patio interior, veo mucho cielo pero no el horizonte. El aplauso a los sanitarios suena aquí a efectos especiales baratos y genéricos. Suena metálico, hasta como a cacerolada. Aquí no hay caceroladas, por cierto. Cuando salgo a comprar miro a lo lejos y es que no, no veo bien. Pero retomo lo de RTS y el enseñoramiento de su tos para añadir que la tos manda y vuela entre vapores de cagada y purito, el hombre tiene la costumbre de fumar en el trono, desde las 6 de la mañana está en esas. Hacía muchos años que no me despertaba tan pronto de forma habitual. Desde que se puede, antes de las 7 ya estoy en la calle de paseíto hacia el templo de Debod o hacia Chamberí o Argüelles. No intento quedar con nadie, no me apetece, sí me doy paseos más largos de lo reglamentado. Y cojo la costumbre de sentarme en uno de los bancos individuales de la plaza de Guardias de Corps, en Conde Duque. Hay suelo de tierra, como en la plaza de las Comendadoras, como en la plaza del Dos de Mayo. Eso me gusta.

Día de mensajitos acerca de la azotea entre EP y yo. El espacio común de la azotea del edificio (los del séptimo, séptimo, tienen zonas privadas de la azotea a su disposición, el edificio es rarísimo para no ser tan antiguo como la mayoría de los de Malasaña) está en nuestra planta, la puerta de la azotea está a tres metros de las de nuestras casas. En los últimos días han empezado a salir más vecinos a incordiar en ella, no les debe convencer lo de que ya puedan irse a la (puta) calle, en la práctica, más o menos cuando quieran. La puerta de la azotea abre con ruido y cierra con estruendo, a ver si la gente se encuentra la empatía y tiene cuidado, cabrones, que nosotros nos comemos todos los portazos. Hemos oído a una pareja a la que ninguno de los dos tenemos fichada. ¿Se habrán mudado al edificio en estas semanas? Una señora sube a la azotea todos los días a la misma hora a hablar por teléfono para decirle a su interlocutor o interlocutores básicamente lo mismo: que no se aburre. Que no se aburre siempre de la misma forma, nos parece a EP y a mí. Mientras wasapeamos, sube a la azotea RTS. Lo hace una o dos veces por semana. Le pregunto a EP por él. Resulta que son amigos, EP lleva más de 10 años en el edificio, han tomado cafés y cervezas en sus respectivas casas y por San Bernardo, Gran Vía y Plaza de España. Por Malasaña y Conde Duque no, me dice EP, porque RTS piensa que Malasaña y Conde Duque se han convertido en una gilipollez en los últimos 15 años. EP piensa que RTS es un grande, un tipo especial. ¿Un grande o un tipo especial? Jajaja. Las dos, las dos. Es exmarinero y exferroviario. Estás de coña, ¿no? Exferroviario, todavía, pero ¿exmarinero? Que sí, que sí. Ha visto todo, sabe mucho. A la radioelectrónica naval se dedicó en los 60 y 70, en barcos y en tierra, y en los trenes o desde las oficinas de RENFE estuvo también en el tema técnico de las comunicaciones en los 80 y 90.

Voy andando a La Elipa a ver a mis padres desde mi casa. Desde San Bernardo o La Palma (que mi portal está en San Bernardo y mi casa ni siquiera da a la fachada del edificio a La Palma, pero sí, ni una ni dos ni tres veces me he oído diciendo que vivo en la calle de la Palma, así ha sido) tardo una hora en llegar. Veo Alonso Martínez, Chueca, el Barrio de Salamanca, sudo un poco la mascarilla pero disfruto. Pienso en el cuarto de las cosas de RTS, lógicamente ahora lo imagino más de geniecillo que de loco. Sobre todo porque EP me ha comentado que a lo largo de los años RTS le ha arreglado algunos electrodomésticos e incluso se ha inventado uno para ella, se lo regaló unas Navidades, se trata de la batidora suiza, que no solo bate, pica o amasa como una batidora multiusos, sino que tiene gadgets para cortar carne, abrir botellas, abrir botes de tapa difícil. Este tipo de cosas extravagantes, qué bien las cuenta EP. Nadie inventa, todos combinamos, que me lo digan a mí con las webs, y joder, qué buen combinador nos ha salido RTS.

calle san bernardo calle la palma

 

la elipa

Yo no sé hacer nada, no puedo hacer nada con las manos, con mención especial a pintar, que es algo que me gustaría aprender a hacer, soy nefasto pintor (Nefasto Pintor, suena a nombre de personaje de tebeo). Mis padres mencionarían más bien todo. O sea, que están de acuerdo conmigo en que no sé hacer nada. Y, en particular, hablarían de mi lerdez para lo relacionado con el mundo de la imprenta, porque cuando les he ayudado en la suya he demostrado ser, en palabras de mi padre provinciano (atención, hay gente que se ha ganado la vida en el mar, como RTS, y hay gente que ha nacido en Palencia, como mi señor padre), el trabajador más lento del sector desde los tiempos de Gutenberg y, según mi madre (nacida en un pueblo de los pequeños, pequeños de Segovia), un inútil, sin más. Cuanto más pequeña es la unidad poblacional, más clarito se es, comprobado. Hijo, eres lento, hijo, eres un inútil. Y esos padres, cero accidentes en la M-30 o yendo o volviendo a o de Palencia o Segovia. Mis padres me quieren, eh, nos queremos, nos queremos, y la web que les hice para la imprenta hasta les emocionó.

Todas las cosas que he ido descubriendo en el confinamiento sobre mi casa se van diluyendo, como dicen que le pasa al virus en el aire. Los horarios de sol y sombra o el extrarradio doméstico, no los enfoco del todo (y eso que ya veo), dudo, hay detalles que pierden corporeidad. He recuperado clientes, tienen prisa, quieren una presencia digital efectiva ya mismo por si lo presencial tarda en consolidarse de nuevo, menos mal porque las ayudas estatales se acaban o es posible que se acaben pronto y las autonómicas, a mí no me han llegado. Paseos y terraceo con Fali, con Paula, con Stevenson, con Ballesteros, con Laura, con Mario, con Irene, con Langas y más. Hablamos y hablamos, pero tengo la sensación de que a todos nos cuesta concretar, decir algo específico, absolutamente real, que estemos pensando o sintiendo justo ahora y se corresponda solo con el momento presente, no con nuestro yo de siempre. Es extraño, porque venimos de concretar mucho cada cosa que pensábamos o sentíamos. A lo mejor es por eso, estamos saturados de lo concreto o de lo real. Curioso, por otra o por la misma parte, cómo la mayoría de mis amigos parecen haber olvidado sus neuras inmediatamente pasadas. Digo que no es que las hayan superado, es que parece que nunca estuvieron en ellos. Los probables exCovid-19 se mueven entre la depresión y la exaltación, es a los que veo más acordes con la desescalada.

Hay quórum: estamos en la calle, en la calle no nos vamos a contagiar, no pasa nada. Malasaña sin turistas, el único sitio que deberíamos evitar es la plaza del Dos de Mayo, pero vamos, vamos, hasta caen unas latas de cerveza. En La Elipa tengo gente, la que no se ha ido nunca del barrio y la que regresó después de unos años intentando sin éxito salir de la crisis de 2008. Algunos regresaron a casa de sus padres y otros viven en casas que les alquilan familiares o amigos a precio de familiar o amigo. Hemos vuelto a nuestros parques y casi parques del barrio, un salto hacia atrás de 20 años. O de más, cuando nos da por juntarnos en el parque del Dragón, aquí algunos jugábamos y merendábamos de niños después del cole. Y en junio, a los bares, dentro, dentro, que no pasa nada, tampoco. Le enseño a Paula mis notas de marzo, abril, mayo y junio, el archivo C-19. Me dice que las utilice para escribir algo como esto que estoy escribiendo. Para ti va, Paula. Eres la única que no me ha dicho que estoy todavía más delgado, te mereces todo. Espero que cuando lo leas, me digas que es y no es un diario de cuarentena y poscuarentena.

Plaza del Dos de Mayo

parque del dragon de la elipa

Mis vecinos están ahí, aunque menos, menos. Apenas hablo con EP, aunque sí pienso en ella. Un día me cuenta que le han hecho la PCR y el test de anticuerpos, el bueno. Ni tiene ni ha pasado la enfermedad. Dice que no se libra de trabajar a saco hasta finales de julio. ¿De dónde será EP? ¿Es extremeña? ¿Es madrileña del sureste? Algunos de mis amigos me han hablado mucho de sus vecinos en las videollamadas del confinamiento y casi nada cuando nos hemos visto. Aplaudidores, cacerolos, solidarios, sobrados, todos diluidos en el nuevo aire. Yo en las videollamadas apenas he hablado de mis vecinos. Ahora que no los tengo tan presentes en el día a día, sí hablo de ellos, con Paula, con Mario, aunque sigo dándole vueltas, ¿con quién hablar sobre qué? ¿Han cambiado mis amigos? Si han cambiado, ¿han cambiado más los barriales o los pihippies de Malasaña y Lavapiés? Puede que de alguna forma cada cual se haya reafirmado en lo que es o en cómo actúa.

Lo último: hoy es hoy y hoy es lunes, 15 de junio. He quedado el sábado de esta semana en la azotea con EP, con Bea, se llama Bea y es Bea, se acabó la tontería, para echarnos unas cervezas, habíamos hablado de ello hace tiempo, hemos vuelto a hablarlo y ha llegado el momento. El hombre con el que la veía, estoy casi seguro, no ha vuelto a nuestro edificio. Pues mira, vamos a ver qué pasa. Por mi parte, tengo unas muy serias ganas de follar. Y de follar con ella. Me encantaría que ocurriera y que fuera demasiado. No he buscado a las de antes. Tampoco ellas a mí. Creo que no hemos encontrado, ni ellas ni yo, ninguna razón especialmente buena para buscarnos. Otra cosa es que nos encontremos, porque hablar, hablamos. También quiero pedirle a Bea que me presente a RTS, a Eladio. Me apetece que Eladio me hable de sus cosas, de las del cuarto y de las otras. Sí, se llama Eladio. Tiene nombre de ferroviario. Y hasta de marinero.

Adrián P. G.
Coordinador de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

VI edición de Coctelsaña

En vigor desde el 21 de noviembre hasta el 1 de diciembre la VI edición del evento coctelero COCTELSAÑA40 locales de Malasaña ofrecen sendos cócteles de calidad a 6 € la pieza.

Álex Kim, premiado como autor del mejor cóctel de la pasada edición de COCTELSAÑA, ha creado el combinado MANUELA en homenaje a Manuela Malasaña, participante en el levantamiento del 2 de mayo, como sabes, y personaje que le ha dado al barrio su nombre popular.

the-traveller-madrid

Podrás encontrar el cóctel MANUELA en el local de Álex, The Traveller Madrid, y en otros.

En la siguiente foto aparecen todos los ingredientes de MANUELA, ¿sorprendid@?

alex-kim.jpg

Hasta el 1 de diciembre.

Homenaje a Ilustres Malasañeras

Estimadas lectoras, ya sabéis que marzo no es un mes cualquiera… y por eso es el mes idóneo para recuperar nuestras colaboraciones con WOM, el proyecto de organización de viajes para mujeres con ganas de experimentar de verdad lo que ofrece el mundo. Allá donde van prestan atención especial a las iniciativas y logros de las mujeres de todos los tiempos.

Con ese mismo enfoque os proponemos disfrutar de una visita guiada y quedada viajera rematada con un cañeo en el barrio de Malasaña, donde podréis conocer a Manuela Malasaña, la costurera que ha dado nombre a las calles por las que nos moveremos, a la impulsora del sufragio femenino en España Clara Campoamor (su busto, en la foto), a escritoras como Rosalía de Castro o Rosa Chacel, a la mítica universitaria y política Concepción Arenal… Sí, sí, todas hicieran de las suyas en Malasaña, ¡gracias por eso!

La ruta la conduciremos una responsable de WOM a la que podréis interrogar sobre el increíble calendario de viajes que tienes presto y dispuesto para todo este año 2019; y un licenciado en Historia y disfrutón de Madrid  de nuestro equipo.

Domingo 10 de marzo, 12:00 · Ilustres malasañeras + caña, refresco o vino · 150 min. 20 €. Punto de encuentro: portón del Cuartel del Conde Duque, calle Conde Duque, 9.

Información y reservas
Email: reservas@microplanmadrid.com
Teléfono (llamadas y WhatsApp): 695 97 29 37

ASESINATOS A LA MADRILEÑA + ARTE EN ARGENSOLA

¡Qué manía con matar personas! Con lo bonitos que son la convivencia pacífica, el cariño y la amistaaad. Precioso todo, pero la crónica negra también apetece porque es muy reveladora de las relaciones sociales en diferentes épocas y vaya, por el morbillo que da acercarse a lo peor sin mancharse moral (dormir bien es salud) ni físicamente (la sangre sale fatal).

En el puente de diciembre te proponemos una versión especial de nuestra clásica visita guiada (por un historiador y disfrutón de Madrid) ASESINATOS A LA MADRILEÑA. En esta ocasión no solo vamos a apilar muerto sobre muerto en las calles de Malasaña, epicentro del asesinismo capitalino, sino que completaremos la experiencia con contenidos audiovisuales que pondremos a tu disposición en colaboración con Arte en Argensola, un interesantísimo bonito y hasta precioso proyecto ubicado en un edificio del barrio de Justicia.

Así que vente a conocer a fondo a personajes como el Pollo Varela, el capitán Sánchez, la autora del Crimen de la Plancha, el homicida múltiple de la calle Antonio Grilo y más en nuestro relato y en imágenes.

Viernes 7 de diciembre, 19:00 · ASESINATOS A LA MADRILEÑA + ARTE EN ARGENSOLA · 150 min. 22 €. Incluye visita guiada y exhibición de materiales audiovisuales.

¡Reserva o no te esperamos!

Información y reservas

Email: reservas@microplanmadrid.com

Teléfono (llamadas y WhatsApp): 695 97 29 37

María Gómez por las calles de Madrid

María Gómez es una periodista nacida en Madrid. Actualmente trabaja en la radio y en la televisión. Habitualmente puedes escucharla por las mañanas en el programa Anda Ya de Los 40, donde conduce la sección de cine y series y en este momento, es una de las enviadas especiales de Mediaset al Mundial de Rusia 2018. Se define como disfrutona en general y glotona en particular, así que cualquier plan que implique conocer un sitio nuevo y probar comida rica es el perfecto para ella, sobre todo si lo puede compartir con todos los suyos.

Microplán Madrid: ¿Lavapiés, Barrio de las Letras o Chamberí?

María Gómez: Pues en realidad mi barrio, Malasaña 😉

MpM: Nos vamos de barras, ¿prefieres caña, vermú o vino?

MG: Vino blanco fresquito.

MpM: ¿Eres de terraceo en azoteas, en patios interiores o a pie de calle?

MG: Para descubrir un sitio con encanto, terraza con vistas en azotea. Si es para tomar algo con amigos, me vale cualquier sitio en el que con la caña me pongan unas aceitunas.

MpM: Plan gastronómico castizo, ¿pides callos a la madrileña, bacalao rebozado o bocadillo de calamares?

MG: Bocadillo de calamares, en la barra. Eso sí, lo que a mí de verdad me pierde es un buen cocido

MpM: ¿Frecuentas más el Prado, el Reina Sofía o el Thyssen?

MG: Reina Sofía. Aunque de forma más asidua suelo pasar a ver las exposiciones del Museo ABC.

MpM: ¿Qué crees que ha hecho Madrid por ti?

MG: Darme libertad.

MpM: ¿Qué es lo último que has experimentado en Madrid?

MG: Disfruté con mi chico de un menú maravilloso en el Restaurante A’barra.

El Buda Feliz… 1974

Donde abrió en 1974 el primer restaurante ‘chino’ de España se ubica ahora una nueva propuesta gastro asesorada por Yong Ping Zhang (Julio). Nombre, el mismo que el de su antecesor, El Buda Feliz, con el añadido de la fecha en la que abrió aquel. Intenciones, decoración, servicio, bien distintos.

El Buda Feliz 1974 pretende poner en valor la cocina de diferentes regiones de China (Sichuán, Norte…) con el toque divertido de Julio a través de una carta larga pero correctamente estructurada para que nadie se pierda y dos menús degustación que facilitan aún más su desentrañamiento.

Probamos los rollitos Chunquan El Buda Feliz con trocitos de churros chinos,
lomo de cerdo, cebollino y láminas de fideos y masa elaborada con tinta de calamar. Jugosos y, si se nos permite la expresión, ‘llenos’.

El-Buda-Feliz-rollitos

Los tallarines se hacen a mano en la casa. Enredamos los Hui Guo Mian, marinados con panceta ibérica y cebolletas chinas al wok, servidos en una cazuela con pimienta de Sichuan. Suaves, se agradece la naturalidad del tallarín pero nos pareció que al plato le faltaba fuerza, el toque distintivo de Julio (y de la cocina de Sichuan).

El-Buda-Feliz-tallarines

Lo que más nos gustó fue el Ku Bak Chui Ya, una cazuela de arroz guoba con magret de pato crujiente, cebolletas, verduras y un toque picante. Altos todos los sabores, buen juego de texturas, muy rico.

El-Buda-Feliz-kubak

De postre, Nan Gua Bin, que es la crepe de calabaza crujiente con miel de lima y helado de calabaza y tarta de chocolate picante y helado de cacahuete. Somos de poco dulce, así que nos quedamos con este último.

El-Buda-Feliz-postres

El Buda Feliz 1974 está arrancando y algunos sabores están por cuadrar, pero el ambiente a lo Sangri-La (obra del estudio Lavela), el competente servicio y la profundidad de la carta merecen la visita y todo apunta a que muy pronto se afianzará como un proyecto notable de auténtica restauración china con acento de vanguardia. En la planta baja sirven cuidados cócteles.

Texto de Adrián P. G.
Director de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

Editor, redactor creativo y SEO, social media manager

Fotos de Ana Gómez
Fotógrafa gastronómica
anafotoculinaria@gmail.com

anagomez.eu

Precio medio a la carta: 30€.
Menús degustación de 25€ y 35€.
Horario:
De martes a domingo: 13:00 – 1:00.
Lunes: 17:00 – 1:00.
Calle Tudescos, 5.

Clara P. Villalón se come Madrid

Clara P. Villalón se ha formado como analista económica, pero no ejerce porque su participación en la primera edición de Masterchef la encaminó profesionalmente al ámbito de la gastronomía. Ha trabajado en cocinas de prestigio como las de El Bohío o Casa Marcial y también ha gestionado salas como la de La Tasquería de Javi Estévez. Ahora es consultora para restaurantes y marcas y comparte recetas y experiencias gastro en diferentes medios de comunicación. Su blog: Miss Migas.

Microplán Madrid: ¿Lavapiés, Malasaña o Chamberí?

Clara P. Villalón: Me quedaría con la parte de Lavapiés más castiza, con los cafés y todas las tiendas bonitas de Malasaña y con la parte más elegante de Chamberí, cada uno para un momento diferente.

MpM: En barra, ¿caña, vermú o vino?

CPV: ¡Ninguno! Un zumo de tomate aliñado, con alegría y sin limón. Aunque si me apuras, probablemente fuese una cerveza.

MpM: ¿Eres de terraceo en azoteas, patios interiores o a pie de calle?

CPV: A pie de calle normalmente, porque si me siento en una terraza suele ser porque voy con mis perros.

MpM: Plan gastronómico castizo, ¿le das a los callos a la madrileña, el bacalao rebozado o el bocadillo de calamares?

CPV: Le doy a todo, por muy mal que suene. ¿Por qué elegir? Cada día una cosa… o una ruta de los tres el mismo día: bocata de calamares en John Barrita, callos en Nájera y bacalao rebozado en Casa Revuelta. Felicidad absoluta.

MpM: ¿Dónde es más fácil que nos encontremos contigo, en el Prado, el Reina Sofía o el Thyssen?

CPV: Probablemente en el Thyssen porque sus exposiciones temporales suelen gustarme mucho y las visito asiduamente.

MpM: ¿Qué crees que ha hecho Madrid por ti?

CPV: Hacerme sentir en casa. He vivido fuera en varias ocasiones y Madrid siempre acaba pidiéndome volver, por muy a gusto que haya estado en otras partes.

MpM: ¿Qué es lo último que has experimentado en Madrid?

CPV: El caos de su tráfico, lo bonito de las luces de Navidad que empiezan a encenderse (un poco pronto, sí…), una maravillosa comida en el Corral de la Morería y una preciosa puesta de sol observando los edificios de la Gran Vía.

Foto: © César González

microplan-gif

Buns & Bones, estilo callejero

A principios de 2017, el restaurante Buns & Bones se replicó (más o menos) en la calle San Bernardo en busca de más difusión para la fórmula creada en su sede original ubicada en un esquinazo exterior del mercado de Antón Martín. La propuesta ha llegado también recientemente a Guzmán el Bueno y tiene como uno de sus puntos fuertes la una especialización en bao buns, molletes de pan al vapor originarios de Taiwan (aunque lo de bun = mollete se acuñó en Estados Unidos) que se rellenan de elaboraciones asiáticas y mundiales. También es marca de la(s) casa(s) presentar en la(s) carta(s) carnes con hueso (bones) como el churrascazo o las costillas bbq. Y, en fin, apuestan por la cocina callejera para todos, vegetarianos incluidos.

El local de San Bernardo aporta una carta ampliada, una estética gamberra más acusada que su antecesor y cuenta con un speakeasy paradójicamente elegantón oculto tras la cocina y solo disponible para cenas y eventos privados.

buns-local

En nuestra visita al restaurante Buns & Bones de Malasaña probamos el poke de atún rojo marinado al estilo dragón con anacardos y base de arroz, rico aunque con un aderezo subido de sal.

buns3

Le hincamos el diente a los gambones crujientes en salsa cremosa y picante. Estimulantes, adictivos. La salsa, muy lograda, sencilla y especial al mismo tiempo.

Dimos cuenta de los buns de ramen y tonkatsu. El ramen entre pan es divertido y resultón, pero si tuviéramos que quedarnos con uno de los dos sería con el de tonkatsu, con presa ibérica bien empapada en la salsa agridulce que le da nombre. Para repetir al momento.

Hicimos frente a otro clásico de Buns & Bones, el costillar bbq (en la foto, media ración). Carne tierna, salsa gustosa, buena experiencia. Quizá un punto de potencia superior redondearía el plato.

buns-costillas

De postre nos decantamos por la mousse de chocolate y lo clavaron. Perfecto equilibrio entre lo amargo y lo dulce.

buns-mousse

Texto de Adrián P. G.
Director de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

Fotos de Adrián Sotés
loscreacionistas@yahoo.com

Escucha en Spotify mi disco autoeditado:
Los Creacionistas – La gravedad de los seres 
distantes 
También disponible en AppleMusic

Precio medio: 20€ – 25€.

Horario:

Lunes cerrado.

Martes a jueves y domingos: 13:00 – 16:00 y 20:00 – 0:00.

Viernes y sábados: 13:00-16:00 y 20:00 – 1:00

Calle San Bernardo, 12.

Toma la palabra Pilar Astray

Pilar Astray (también conocida como Boadicea) es feminista activa, escritora, comunicadora audiovisual y gestora de eventos culturales. Ha publicado dos libros de poemas, El lenguaje de la gravedad (Ruleta Rusa Ediciones) y Diez poemas medicina para que papel venza a piedra (Libros con Miga, accésit en el certamen literario Leopoldo de Luis)Está cocinando su tercer poemario y un libro de relatos.

Microplán Madrid: Lavapiés, Malasaña o Letras, ¿cuál de estos barrios te resulta más inspirador?

Pilar Astray: Aunque me gusta mucho Lavapiés, mi gran inspiración ha sido Malasaña con sus jams de música y poesía, la tienda de antigüedades de Macario que tan pronto te lee la buena ventura como te muestra un cuadro alucinante, la tarta de chocolate de Aleatorio Bar y en definitiva la calle Apodaca, en la que estuve viviendo unos años y crecí mucho como persona y artista.

MpM: Te acercas a tu barra madrileña preferida y pides ¿caña, vermú o vino?

PA: Vino blanco, Rueda.

MpM: ¿Prefieres el cielo sobre tu cabeza en una terraza ubicada en una azotea, en un patio interior o a pie de calle?

PA: A pie de calle, siempre que no pasen los coches, hay demasiados.

MpM: ¿Callos a la madrileña, bacalao rebozado o bocadillo de calamares?

PA: Bocadillo de calamares y andando. ¡A ver mundo! O mejor dicho, todos los pequeños mundos que hay en Madrid.

MpM: ¿Museo del Prado, Museo Reina Sofía o Museo Thyssen?

PA: El Reina Sofía, sin duda. Y antes un café en la Gatoteca, que pilla muy cerquita.

MpM: ¿Qué crees que ha hecho Madrid por ti?

PA: Soy madrileña de nacimiento. Me fui con dos años con mis padres y volví para estudiar a los 18, así que se ha llevado los mejores años de mi vida. Aquí he aprendido a ser independiente, a labrarme mi propio camino y a creer en mí. He aprendido a moverme entre la multitud y adorar el anonimato. Ha hecho que cada uno de mis días sea una dura aventura con inmensos rayos de luz.

MpM: ¿Qué es lo último que has experimentado en Madrid?

PA: La lucha de las mujeres valientes de Velaluz en Sol, la manifestación del 8 de marzo y la celebración de la victoria y el baile de la sororidad en La Fugitiva con el recital de mujeres poetas. Lo próximo será el recital de Artistas por la Igualdad en Aleatorio Bar el 1 de abril a las 20:00.

Entrevista de Adrián P. G.
Director de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

El periodismo para comilones se cuece en Gastroeconomy

Marta Fernández Guadaño es la creadora e impulsora de Gastroeconomy, “el portal sobre gastronomía con un enfoque empresarial y de tendencias para foodies”. Una palabra que ahora prefiere sustituir por “comilones” porque el término inglés le suena a “gastronomía muy gourmet”, nos cuenta. Marta es sobre todo periodista. Sus ganas de seguir escribiendo han sido las que le llevaron a dejar la plantilla del diario Expansión en su mejor momento profesional para atacar el proyecto personal que le hace feliz.

Gastroeconomy no es un blog, porque “no cuento experiencias en primera persona, algo que no me saldría”, explica. Tampoco va de crítica gastronómica puesto que “hay que tener unos conocimientos bestiales para eso”, añade. Así que se trata de un portal en el que la periodista se centra en “lo mismo que escribiría para las revistas o periódicos de papel con los que colaboro. Si abre un sitio nuevo me interesa explicar qué vas a encontrar allí; cuál es su modelo de negocio; cuántas personas forman su equipo y si apuestan o no por un cocinero con tirón, por ejemplo”, concluye. Gastroeconomy ha llevado a Marta Fernández Guadaño a ser considerada por Traveler.es como una de las mujeres más influyentes del planeta Gastronomía. Aunque ella no se considera influyente sino “leída”, resalta. Después de cinco años de vida -curiosamente, Gastroeconomy salió el día que cerraba elBulli-, para la impulsora del site toda esta aventura es “la caña si me pongo a pensar que lanzarme con este proyecto me dio vértigo y miedo; que le puse mucha energía e ilusión; y que está saliendo bien”.

Microplán Madrid: Puestos a elegir, con qué barrio madrileño te quedas: Malasaña, La Latina o Salamanca.

Marta Fernández: Me gusta Malasaña porque aquí puedo venir a salir, a comer a cualquier hora del día, a tomar un café, un cóctel o a irme de compras. Además vivo muy cerca. Desde que soy freelance vivo más Malasaña porque tengo más tiempo para hacerlo. Creo que los otros dos barrios nunca los escogería. Son más para ir a hacer una cosa concreta.

MpM: Entonces, pidamos algo, ¿prefieres una caña, un vermú o un vino?

MF: Descartamos las cañas; no soy nada cervecera. El vermú me encanta si es a la hora del aperitivo, aunque hay que tener mucho cuidado con él. Así que vino, pero no entiendo nada de vino. Saber más del tema es una asignatura pendiente que tengo. Creo que tendría que volver a nacer para poder llegar a saber todo lo de ese mundo. En cambio, sobre gastronomía me parece más fácil.

MpM: Salimos a que nos dé el aire. Dónde prefieres que quedemos, ¿terraza en una azotea, en un patio interior o a pie de calle?

MF: Una azotea me encanta por las vistas y porque es una forma de vivir Madrid más abierta, sin que te agobie tanto. Con un clima como el de Madrid, aunque haga frío, cualquier terraza es válida sin importar la época del año. Se tendrían que explotar mucho más y la Administración podría dar más facilidades para ello.

MpM: Habrá que comer algo. ¿Pedimos callos, bacalao rebozado o bocadillo de calamares?

MF: Callos. Si son con garbanzos mejor, al estilo gallego. Pero vale, si son solos también me encantan. Después me quedo con el bocadillo de calamares. La verdad es que es una lucha de titanes.

MpM: ¿Qué museo madrileño te tira más: el Prado, el Thyssen o el Reina Sofía?

MF: El Thyssen. Lo vinculo con mi madre porque cuando tenía unos 14 o 15 años solía ir de museos con ella. Recuerdo que el Thyssen abrió sobre esa época y era mucho más luminoso y ordenado que el Prado, que no era lúgubre, pero sí más oscuro. A lo mejor, para disfrutar las colecciones del Reina Sofía hay que ser más entendido. Siempre me reprocho que agoto el tiempo que duran las exposiciones del Thyssen sin ir a verlas, por mucho tiempo que estén disponibles.

MpM: ¿Qué ha hecho Madrid por ti?

MF: He nacido aquí y soy 100% madrileña, aunque cada vez me estoy ‘galleguizando’ más. Nunca he vivido fuera de aquí y me pregunto si sería capaz de hacerlo. Seguro que sí, pero nunca me he querido ir. Madrid me da mucha vida, muchas oportunidades. Soy feliz. Entiendo que puede ser un coñazo según sean tus circunstancias, pero para mí tiene el tamaño perfecto. Me frustra el no poder hacer todos los planes que me ofrece.

MpM: ¿Qué es lo último que has experimentado en Madrid?

MF: Ir a ver a Carmen París colaborando con la big band del pianista cubano Pepe Rivero. Era un domingo por la tarde, al día siguiente viajaba y no la conocía mucho, pero fui y me pareció algo muy chulo. Es una de esas mil cosas que te ofrece Madrid y que dejas pasar por algún motivo. Pero esta vez estuve allí.

Entrevista y foto de Adrián Sotés
loscreacionistas@yahoo.com

Escucha en Spotify mi disco autoeditado:
Los CreacionistasLa gravedad de los seres
distantes 
También disponible en AppleMusic