Gandia: una ciudad con historias

Más allá de los atractivos turísticos de Gandia (es el nombre oficial, olvídate de la tilde) y de esa playa que hace las delicias de los bañistas, Gandia es una ciudad con historias. Las que tú escribes cuando disfrutas de esos baños en el Mediterráneo, de los momentos compartidos con tus familiares o amigos, de los paseos por la ciudad y, en definitiva, de tus vivencias en Gandia mientras disfrutas de tus merecidas vacaciones. Pero también las que hablan de familias influyentes, de personas delicadas y de un pasado que se remonta al paleolítico.

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Conociendo a la familia de los Borja

La historia de Gandia alcanza su relevancia en el siglo XIV, cuando Alfons el Vell eleva la villa de Gandia a la categoría de Ducado, comenzando la construcción del Plan Ducal que en parte ha llegado hasta nosotros. Es precisamente en el Palau Ducal donde los duques Borja residieron y en tu visita descubrirás donde nacieron y vivieron muchos de sus descendientes. Nada más entrar te sorprenderá su patio pero no te quedes ahí y sube esas escaleras que te llevarán a estancias tan interesantes como la Galería Dorada o el salón de las Coronas. Una visita más especial si realizas la visita guiada nocturna (20:30 horas).

Una opción muy interesante es disfrutar de actividades tan singulares como El Tast de la Duquessa, unas jornadas gastronómicas maridadas con cerveza artesanal, ver una película en el patio del Palacio Ducal, o cenas borgianas a ritmo de jazz en directo (24 de julio y 21 de agosto).

Guarda fuerzas porque debes también pasear por el casco antiguo para admirar monumentos tan importantes como La Colegiata de Santa María, el convento de las Esclavas o el Convento de Santa Clara… Un paseo que te hará recordar aquellos tiempos en los que la familia de los Borja paseaba por estas calles.

La joven más delicada de Gandia

Eres más delicada que La Delicà de Gandia”. Esta frase hoy no te suena pero Gandia es una ciudad con historias y la Delicà de Gandia es una de ellas, como demuestra esa frase que se suele decir en la zona para criticar a personas que son demasiado escrupulosas o tiquismiquis.

Según la leyenda, a esta mujer que vivía en Gandia le cayó un pétalo de jazmín en la cabeza y se murió. Esa es la historia que circuló por la ciudad pero, en realidad, ese pétalo del jazmín que le había caído pertenecía a uno de los ornamentos del rosetón de la Colegiata de Gandia. Este pétalo de “jazmín” que impactó en su cabeza pesaba más de 400 kilos. Desde este momento, se empezó a extender la leyenda sobre esta joven que era tan delicada que le mató un sólo pétalo de una flor.

La cueva donde empezó todo

En tus días en Gandia encontrarás la ‘Capilla Sixtinadel paleolítico: la cueva del Parpalló. Se trata de uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Europa porque allí habitaron algunos de los primeros Homo sapiens que llegaron a la zona. Además, es el santuario prehistórico más importante de la religión mediterránea peninsular. Su importancia es tal que no debes perderte su visita, y más si te apetece respirar aire puro de la montaña.

El castillo de Bairen, el origen de Gandia

Situado en lo alto de una colina, el castillo de Bairen es el primer edificio relevante de la ciudad y, alrededor de esos muros ocurrieron muchas historias. La más significativa es que la crónica de Jaume I relata como, tras pactar con el alcaide de esta plaza la rendición del castillo en un plazo de siete meses, el rey exigió como prueba de confianza que el musulmán le entregara como rehenes a su hijo y dos sobrinos.

El alcaide no cedió en este punto, pero ofreció al monarca cristiano una declaración jurada del pacto y la cesión de la torre albarrana, por lo que Jaume I decidió aceptar el trato. Una vez finalizado el plazo el rey volvió al lugar y el alcaide cumplió con su palabra entregándole el castillo.

Su visita no es solo interesante por la historia que encierra sino también porque las vistas son increíbles.

Gandia es una ciudad con historias y tú también debes dejar la tuya mientras disfrutas de esas tan merecidas vacaciones.

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El Renacimiento de La Tristura

Ha sido estremecedor en el mejor sentido volver al teatro. Ver la Sala Verde de los Teatros del Canal con aforo reducido y los palcos sin ocupar es descorazonador, pero aun así.

Muy interesante la obra Renacimiento de la compañía La Tristura. Es metateatro diferente (más bien metatramoya), y te lleva a momentos destacados de los últimos 45 años, los del último periodo democrático de España, sin moverte del presente más presente. Se muestra en el escenario reflexiones sobre el fluir de la sociedad desde la intrahistoria de un grupo de técnicos de un teatro. Identidad y crisis, construcción individual y colectiva son los vectores de la función. Encontramos en el texto y la dirección varios y variados aciertos y algún problema de ritmo.

Aplauso fuerte para l@s imbéciles (poc@s, pero l@s ha habido) que se quitaron la mascarilla durante el espectáculo. Sí, es obligatorio llevarlas puestas. Y si queremos que sigan subiéndose telones y que no se bajen los que ya se han subido, hay que hacer las cosas bien.

Hasta el 12 de julio.
Entradas: entre 7,50 € y 15,50 €.
Horario: Consultar sala.
Teatros del Canal, calle Cea Bermúdez, 1.

Ya se ve Cádiz desde Madrid

Y entonces pudimos salir de Madrid… Los habitantes de la capital ya nos movemos más allá de los límites de nuestra comunidad autónoma. La evolución de la epidemia de Covid-19, según los datos recogidos por las autoridades sanitarias autonómicas y difundidos por las autoridades sanitarias estatales, así lo permite.

Nosotros vamos a seguir trabajando en nuestras cosas madrileñas por el momento, pero ya tenemos destino para la primera escapa veraniega: ¡Cádiz, espéranos! Es una de las provincias españolas que más ofrece al visitante, hemos ido, vuelto y revuelto. En este verano tan especial, toca pasarse por allí otra vez.

Mira, cuando se habla de Cádiz como lugar de vacaciones, enseguida salen a relucir playas como las de Bolonia en Tarifa, Zahara de los Atunes o Costa Ballena en Rota. Son una maravilla, lo sabemos por experiencia. Pero las vacaciones gaditanas de las que tenemos mejor recuerdo son las que pasamos en la propia capital de la provincia, en ese Cádiz puro y duro que muchos turistas pasan por alto. Vamos a compartir nuestras vivencias de la Tacita de Plata, apodo de una ciudad que fue fundada por los fenicios en el 1100 a. C. aproximadamente con el nombre de Gadir.

Muy recomendable antes de empezar el callejeo por la ciudad es subir a la Torre Tavira. Desde este punto hay unas vistas excelentes del casco histórico de Cádiz. La Torre Tavira se construyó a mediados del s. XVIII y fue designada torre vigía oficial del puerto de Cádiz en 1778 por estar situada en la cota más alta de la ciudad (45 m sobre el nivel del mar. En Cádiz no hay cuestas. Se encuentra situada en la Casa-Palacio de los Marqueses de Recaño (actual Conservatorio de Música) y es de estilo Barroco. Su nombre es el del primer vigía que la gestionó, el teniente de fragata D. Antonio Tavira. La Torre Tavira dispone desde 1994 de una cámara oscura para ver más lejos y mejor.

El barrio más antiguo, que no el más conocido y transitado de la ciudad, es el de Pópulo. Conserva tres arcos que fueron puertas de entrada al Cádiz medieval, heredero del romano, que tenía Gades por nombre, y del musulmán. En el barrio del Pópulo está la catedral barroca de Cádiz y los restos del Teatro Romano. Y calles, calles y más calles con algo especial. El cercano barrio de la Viña sí esel que cualquiera que haya puesto los pies en Cádiz ha vivido con más intensidad. Es el núcleo de los Carnavales y todo el año sus calles son las del tapeo, el bullicio y la alegría.

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La playa de la Caleta concentra las miradas de gaditanos y visitantes al atardecer. Es la mejor playa urbana de la que hemos disfrutado, así de claro, por su belleza natural y la del entorno arquitectónico. Destaca por su limpieza, tema crucial en una playa urbana.

Para finalizar, que en estos repasos es mejor no ser exhaustivo y robarle capacidad de sorpresa al lector y posible visitante, hablaremos de la gastronomía gaditana, que es excelente. Insoslayable el atún rojo en temporada. Las tortillas de camarones es en Cádiz donde hay que comerlas. La caballa con piriñaca, por favor, no te la pierdas, qué cosa tan buena. Y pescaíto frito, que no te falte.

La mayoría de madrileños llegan a Cádiz en coche para poder moverse con él por la provincia. Si quieres quedarte en Cádiz, te recomendamos que viajes en tren, vas a tardar solo algo más y la paliza va a ser mucho menor. Cádiz está a más de 650 km de Madrid.

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Team Building en Madrid

A nadie puede caberle ninguna duda en este momento sobre la importancia de hacer equipo. Hacer equipo en los hospitales, en las comunidades de vecinos, como sociedad en general está siendo fundamental a la hora de afrontar la crisis sanitaria y económica generada por la enfermedad causada por el coronavirus Covid-19. Haces equipo poniéndote la mascarilla cuando toca, sí.

En el trabajo, un equipo conjuntado y motivado alcanza un rendimiento muy superior a uno sin cohesión y con los brazos caídos. Y que un equipo sea fuerte, armonioso y productivo se puede entrenar. Por otra parte, cuando las cosas van bien, el equipo merece una recompensa, ¿no? Hemos conocido un proyecto que se encarga de conseguir la motivación extra que distingue a los equipos de trabajo más potentes y de premiarlos cuando se lo han ganado: Kaizen Team Building.

La iniciativa Kaizen Team Building se dedica a la organización de las mejores actividades de empresa del mercado. Se dirigen a compañías que comprenden que, en un entorno tan competitivo en todos los sectores como el de hoy en día, es imprescindible incentivar la vinculación del trabajador con el proyecto del que debe sentirse plenamente partícipe. Para ello, Kaizen Team Building aplica técnicas de team building o construcción de equipos que han constatado que funcionan como catalizadores de una mayor unión y tolerancia al esfuerzo en trabajadores de todos los perfiles.

Desde hace más de 10 años, Kaizen Team Building crea y desarrolla estas actividades de team building en la Comunidad de Madrid y en toda España, prestando un servicio innovador y siempre adaptado a las muy variables circunstancias concretas de las empresas que contratan alguna de sus diferentes propuestas. A continuación te explicamos algunas actividades de su catálogo, a ver qué opciones te parecen más interesantes:

  • El Haka Team Building. Consiste en aprender y realizar la danza maorí que baila la selección de rugby de Nueva Zelanda antes de cada uno de sus partidos. A ellos les ha funcionado, ¡son campeones del mundo! Los monitores de Kaizen Team Building explican a los participantes lo que deben saber sobre el ritmo y la fonética maorí. Después, se forman diferentes equipos y cada uno prepara y representa su haka. Se elige un ganador y su capitán comanda la haka final, danzada por todos los participantes a la vez. ¡Así se crea espíritu de equipo.
  • Los Cascos Locos. ¡Música y baile pasándolo muy bien y sin incordiar a nadie! Pueden montarte un tour bailable con cascos que aíslan completamente del ruido exterior en tu oficina o por la calle. El dinamizador lanza la señal con la música que se haya predefinido hasta a 300 m, aparte de actuar como descacharrante coreógrafo. Ese rango da mucho juego. No hay quien no se mueva y se ría en esta actividad.
  • Concurso de paellas. Si lo que gusta en tu oficina es el buen comer, Kaizen Team Building también te ofrece esta versión micro de MasterChef centrada en la paella, en la que los participantes se dividen por equipos, buscan los ingredientes para cocinar el clásico plato valenciano, lo preparan con el asesoramiento de cocineros expertos y son premiados… o no. La organización también cocina una gran paella por si acaso… Bebidas incluidas y acciones de dinamización opcionales como un karaoke o un original fotomatón.
  • Eventos formativos y de coaching. Se trata de aprender jugando, incorporar habilidades y competencias de forma vivencial. Dinámicas diversas consiguen que los participantes se conozcan a fondo, interactúen y refuercen su empatía y reconocimiento mutuos. Todo ello mediante retos siempre amenos e incluso muy divertidos. Después de cada actividad, se analiza en conjunto lo vivido bajo la batuta de los coordinadores de Kaizen Team Building.

Hay decenas de opciones más para hacer equipo y en todas ellas Kaizen Team Building se encarga aportar los expertos correspondientes, buscar el espacio ideal para la jornada, así como de la logística y los servicios adicionales que se acuerden.

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El cocido madrileño de Malacatín. Es decir, el cocido madrileño

La historia de Malacatín es la historia del cocido madrileño, el plato popular que servían en esta casa fundada en 1895 a los trabajadores de la zona del Rastro, La Latina y Lavapiés desde que a principios del siglo XX la segunda generación de la familia que todavía regenta el local lo incluyera entre su oferta. José Alberto, cabeza de la cuarta generación, continúa con los buenos usos de la casa en cuanto a ofrecer un cocido madrileño para el que selecciona buenas viandas de León, Asturias y Castilla, intentando siempre mantener a los proveedores que han dado fondo al plato (o los platos, aquí los tres vuelcos canónicos del emblema de la gastronomía castiza capitalina se respetan, por supuesto).

En Malacatín se disfruta de la mesa, que no solo recibe su famoso cocido madrileño, sino también callos, bacalao confitado con verduritas, chuletillas de cordero y otras propuestas de las de toda la vida, y el ambiente, con su decoración abigarrada (alguna sorpresa te llevarás mirando aquí o allá) y sus llenazos.

Los llenazos, ahora, no, claro. Malacatín cerró como consecuencia de la crisis sanitaria provocada por el coronavirus Covid – 19 y ha reabierto para cocinar su cocido madrileño y otros platos que se pueden recoger en el local y, por primera vez en su historia, pedir a domicilio. José Alberto ha buscado una fórmula que le permita que su cocido no pierda esencia al sacarlo fuera de su establecimiento y para facilitar que la clientela del barrio del que Malacatín forma parte consustancial pueda comer bien a buen precio cuando no esté de humor para cocinar o no pueda hacerlo.

El cocido a domicilio te lo vamos a enseñar enseguida, ya lo hemos disfrutado y es el de siempre, con toda su potencia en la sopa, su punto impecable en verduras y carnes y su majestuosidad desbordamesas. Tiene un precio de 18 €.

Ahora te dejamos info gráfica del tipo de plato del día que sale de los fogones de Malacatín. Consulta con el restaurante los especiales de la semana en la que quieras hacer el pedido.

malacatin-platos-especialesFíjate en la lasaña de setas…

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Malacatín tiene también una carta para esta nueva etapa.

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Y vamos con el cocido. Como decíamos, es el de siempre por calidad y cantidad. Todo llega correctamente envasado y caliente. La sopa es fuerte y profunda, como tiene que ser después de la conjunción de caldos lentos con que se cocina. Los fideos vienen aparte para que no lleguen deshechos en el caldo. Garbanzos con repollo y patata en el segundo vuelco y carnes de ternera, cerdo y pollo para rematar. Nada es algo más, cada ingrediente tiene su personalidad, su aquel. Y una ración es en realidad casi dos raciones, otra marca clásica de Malacatín. ¡Satisfechos!

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Texto de Adrián P. G.
Coordinador de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

Editor, redactor creativo y SEO, social media manager

Fotos de Montserrat Curiel para Malacatín, excepto fotos del cocido, que son de Microplán Madrid.

Relatos de Madrid (II)

Sigo (abajo firmante) escribiendo relatos ambientados en Madrid de ficción, en absoluto autobiográficos, que es lo que me sale y lo que quiero proponer como microplán alternativo a las visitas guiadas virtuales que os estamos proponiendo.

Este se titula Sotabancar y si quieres lo comentamos en los comentarios del blog o en las redes sociales:

Mi abuelo, mi abuela y mi padre, que tenía entonces 5 años, llegaron a Madrid desde Broto, Huesca, en 1956. Destino, un sotabanco de 25 m² de frío y calor extremos en la calle Santa Isabel, Lavapiés. El casero, que era de Broto, el único cabrón al que conocíamos en Madrid, solía decir mi abuelo, vivía en el piso inmediatamente inferior. El primero de cada mes se anunciaba como cobrador con dos golpes de nudillo en la puerta de aluminio del sotabanco y un ¿y lo mío? bien sonriente. Mi abuela, decía su marido, hacía como que el alquiler se pagaba solo. Siempre era él el que abría la puerta y le daba las 500 pesetas del alquiler. Lo tuyo ya te lo daré, decía mi abuela que rumiaba mi abuelo cuando se iba el paisano, que era primo segundo de mi abuela o algo así. Los ricos de Broto, tu madre y su primo, le decía mi abuelo a mi padre. El alquiler era abusivo, pero más barato que lo que costaba el de un apartamento medio. Y era el único cabrón que conocían que había emigrado de Broto a Madrid.

Después de unos meses trabajando en un garaje de la calle Gobernador, en Huertas, donde ahora está Impact Hub Madrid, uno de Huesca capital que mi abuelo había conocido jugando al mus en la casa de comidas Tienda de Vinos, calle Augusto Figueroa, Chueca, local que todavía es lo que fue, le encontró un empleo en Pegaso como electromecánico. A principios de los 60, mi abuelo se convirtió en uno de los jefes de Electromecánica de la empresa, el trabajo de su vida. Entonces le ofrecieron una vivienda en Ciudad Pegaso, barrio de San Blas, una de las unifamiliares adosadas con jardín, no uno de los pisos en los que se alojaba la mayor parte de los trabajadores. Para mi abuela era una oportunidad irrenunciable, aire y huerta necesitamos, decía, metros, borrajas y patatas, y mi abuelo le decía que qué huerta en Madrid y la llamaba abarcuda, una palabra oscense que significa algo así como paleta y que a poco que la pienses crece en significados. Mi abuelo no quería alejarse de sus bares de chatos de Antón Martín y de sus hitos de Santa Isabel: las tiendas de los bajos de los primeros números impares de la calle, la peluquería Vallejo y el cine Doré, o Do – Re como él lo llamó siempre. Aunque el cine se lo cerraron enseguida, he comprobado que en 1963, no así las tiendas y la peluquería, que ahí siguen. Por cierto, mis abuelos me llevaron muchas veces al cine Doré en los 90, cuando llevaba un tiempo renacido como sala de proyecciones de la Filmoteca Nacional. A ellos esas películas de arte y ensayo, de las que le gustan a tu padre, me decían, no les interesaban, pero se emocionaban con lo bonito que les parecía que había quedado el cine después de su rehabilitación.

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Tenía muy claro mi abuelo cómo quería ganar metros para la familia. Le compró el piso y el sotabanco al de Broto, a quien había empezado a irle mal especulando con aceite de oliva, el cabrón se ha arruinado y nos vamos a quedar con lo suyo, les decía mi abuelo a mi abuela y a mi padre. Mi abuelo se empeñó en pagarle al contado la mitad del precio que acordaron por el piso y el sotabanco. Dos toques de nudillo en la madera de la puerta de su piso y vació una bolsa de billetes de 500 pesetas en el felpudo, diciéndole sonriente ¡y te vas! Es una de las historias preferidas de mi padre y de las que más cargan a mi madre, me da que le parece zafia. El sotabanco se transformó en un estudio para él, para mi padre, estudiante de Económicas entonces.

Mis abuelos murieron a mediados de la primera década del siglo XXI, primero mi abuelo de un infarto en su casa de Santa Isabel y después mi abuela de un infarto en su casa del pueblo. Según mi padre el infarto de mi abuelo fue científico, sólidamente y líquidamente cimentado, y el de mi abuela sucedió de adentro afuera. De vuelta a Broto, se enemistó con varios vecinos a quienes intentó comprarles casas a un precio, según ellos, insultante. Lo intentó y, en algunos casos, lo logró. Mi padre nunca consiguió que mi abuela le explicara para qué quería esas casas, con las que ahora él no sabe qué hacer. Después de aquello, mi abuela se encerró en su casa, en la del pueblo, a la de Madrid no volvió, y sufrió su infarto más o menos un año después de la muerte de mi abuelo.

Cuando murieron mis abuelos, mis padres vivían ya en Chamberí, en un pisazo en permanente actualización mobiliaria de la calle Viriato. No se dónde encuentran tanta novedad electrodoméstica. Yo crecí en la plaza de Luca de Tena, Arganzuela, en un piso de tres habitaciones y noblemente avejentado de un edificio de principios del siglo XX. El edificio tiene muchas más plantas que el de Santa Isabel de mis abuelos, que es algo más antiguo, pero la estructura de los pisos es muy parecida. Durante mi niñez y adolescencia, mis padres mantuvieron nuestra casa anclada decorativamente en los 80 españoles o en los 60 de un híbrido imaginario del casticismo anglosajón y nórdico, no sé si me explico. Lo dicen unas fotos y unos vídeos que vemos en Navidad casi siempre y en los que siempre descubro detalles que no sé cómo yo podía tener normalizados cuando vivía allí.

Hasta mis 12 o 13 años mi padre ocupó un cargo intermedio del ministerio de Industria. Después, el funcionario de carrera recibió un último empujón en vertical a través de contactos en un partido político de poder. En uno o en dos. Y pasó a ser un alto cargo de designación política de gobiernos de dos partidos políticos de poder. Mi madre era profesora de inglés en el Colegio Estudio, donde estudié yo. Buena profesora. Y buena relaciones públicas, le presentó a mi padre a mucha gente. Me viene a la cabeza que en esa etapa de mi preadolescencia hacíamos en familia mucha vida de tarde, como le gustaba decir a mi padre, recuerdo un vago continuo otoño y una vaga continua primavera de Trinaranjus en las terrazas de Luca de Tena y mosto en Domínguez, en el paseo de las Delicias. Y a mis 15 o 16 años, recuerdo las primeras cañas con mis padres en esos llamémosles tardeos, más cerca de Atocha, en Bodegas Rosell.

Me independicé en 2008 para irme a compartir piso en la calle Toledo, enfrente del mercado de la Cebada, con tres antiguos compañeros de Filología Hispánica. Me reindependicé un par de años después mudándome al piso con sotabanco de Santa Isabel, mis padres me pusieron las llaves en las manos. A principios de la segunda década del siglo XXI dejé de tener algo a lo que poder llamar un trabajo real, se veía venir. Y eso que mi cánon sobre lo que era un trabajo real, dedicándome a la traducción y la corrección, estaba por debajo del de cualquiera. Colaboraba principalmente con dos editoriales de prestigio improductivo, una cerró y la otra dejó de contratar correctores, creo.

En mis primeros meses en Santa Isabel había acogido a amigos y a amigos de amigos en el sotabanco. Después le pedí permiso a mis padres para alquilarlo como alojamiento turístico, mi cuenta de ahorro pedía soluciones. Concedido. La década avanzaba, el trabajo de verdad real no se materializaba, los precios de los alojamientos turísticos subían y con ellos el precio del sotabanco. En esa época empecé a frecuentar los bares que le gustaban a mi abuelo en sus últimas décadas como vecino de Lavapiés, de los 50 o los 60 ya no queda casi ninguno, en rondas que también pasaban por los nuevos viejos bares de Santa Isabel, como Benteveo o Parrondo. Muchos de mis amigos vivían todavía en Lavapiés, lo pasamos bien en esos años, incluso con poco para gastar, incluso con la conciencia de tener los pies en un presente lleno hasta la mitad de paripé y la cabeza en un futuro en el que no íbamos a caber todos.

A mi padre tendrán que apearlo porque él no se va a apartar, mi madre sí se jubiló cuando le tocaba y, según su propia expresión, empezó a dedicarse en serio a conseguirme un trabajo. Y sí, gracias a ella y a una no entrevista de trabajo en Viriato he sido y soy coordinador editorial en Rubí eBooks. En mis últimos 30, quizá justo a tiempo, quizá por poco tiempo dadas las circunstancias.

En el trabajo conocí a la inquilina actual del sotabanco, una de las correctoras de las novelas románticas que publicamos en la editorial. Sus compañeras de piso, dos hermanas de Zamora, como ella, han vuelto a su ciudad, no acaban de conseguir un auténtico trabajo en el sector audiovisual, y el último turista que ocupó el sotabanco se fue a principios de marzo, así que todo se ha dado para que mi colaboradora entrara a vivir en él en la semana del confinamiento por el coronavirus.

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A finales de marzo, empecé a encontrarme mal. Nada respiratorio, algo digestivo, algo enervante. Me cuesta trabajar, de todas formas tenemos la producción de libros para la temporada de otoño parada, hago yo lo poco que hay que hacer, no hay nada ni nadie que coordinar hasta nueva orden. Me relaja escribir y estoy haciendo pruebas como esta para decidirme o no a redactar un diario mental de la cuarentena que me lleve a mi pasado y, si empiezo a intuirlo, hacia mi futuro.

Desde el sotabanco, mi colaboradora se ofreció a sacar mi basura por mí cuando le conté que no estaba muy allá, y me ha subido pan y ceviche del mercado de Anton Martín. Yo, muy agradecido, de verdad, pero ha empezado a hablarme de la huelga de alquileres, de la prohibición de desahucios y por ahí no, se está jugando la casa y el trabajo que pueda volver a ofrecerle. A ver, es que no le cobro lo mismo que a los turistas. Y en el Bizum del 1 de mayo le voy a solicitar 600 €, lo mínimo hasta donde le puedo bajar el alquiler.

Adrián P. G.
Coordinador de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

Madrid en mayo

Esta semana empieza un mes de mayo marcado por las terribles consecuencias de la enfermedad Covid-19 en la Comunidad Autónoma de Madrid, en España y en el mundo. Pero va a ser el mes de la apertura controlada, de la aparición de la nueva normalidad, de la esperanza. Nosotros seguimos proponiéndote actividades (visitas guiadas virtuales) para conocer Madrid desde casa con el objetivo de que cuando puedas moverte por la ciudad, tengas una base sólida para profundizar y recrearte en ella.

El principio de mayo es especial:

1 de mayo, Día del Trabajo,

2 de mayo, Día de la Comunidad de Madrid

3 de mayo, Día de la Madre.

Rindamos honores a todas estas fechas señaladas.

MICROPLÁN DÍA DEL TRABAJO · 90 min. Viernes 1 de mayo, 11:00, 13:00, 18:00, 20:00 y 22:00 hora de Madrid. Precio: 7 €. Las cigarreras de Embajadores, los organilleros, los que levantaron la Gran Vía, , lo serenos, las floristas, los bomberos… Todas esas personas que han hecho de Madrid lo que es con su trabajo merecen una visita guiada homenaje. Vas a enterarte de un montón de curiosidades relacionadas con oficios tradicionales, oficios peculiares, oficios olvidados… ¡que te van a mantener con la mirada clavada en tu pantalla!

Reservas: escríbenos a reservas@microplanmadrid.com con el asunto DÍA DEL TRABAJO o al whatsapp 695 97 29 37.

MICROPLÁN DÍA DE LA COMUNIDAD DE MADRID · 90 min. Sábado 2 de mayo, 11:00, 13:00, 18:00, 20:00 y 22:00 hora de Madrid. Precio: 7 €. Madrid capital es mucho Madrid, pero si le sumas a su patrimonio, usos y costumbres, los de localidades como Aranjuez, Sal Lorenzo de El Escorial, Chinchón o Navalcarnero la cosa se desborda para muy bien. ¡Sobrevuela virtualmente las maravillas de la CAM en su fiesta!

Reservas: escríbenos a reservas@microplanmadrid.com con el asunto DÍA DE LA COMUNIDAD DE MADRID o al whatsapp 695 97 29 37.

MICROPLÁN DÍA DE LA MADRE · 90 min. Domingo 3 de mayo, 11:00, 13:00, 18:00, 20:00 y 22:00 hora de Madrid. Precio: 7 €. ¡Regálale Madrid a mamá! Vamos a darlo todo para alegrarle su día especial. ¿Con qué? Con todo… Madrid. Hemos seleccionado lo mejor de lo mejor de la ciudad para esta visita guiada virtual: sus monumentos más emblemáticos y los lugares con extra de encanto que la caracterizan. Un Madrid reconocible y para ser disfrutado en familia. Atención, solo admitimos madres e hijos en esta actividad. 🙂

Reservas: escríbenos a reservas@microplanmadrid.com con el asunto DÍA DE LA MADRE o al whatsapp 695 97 29 37.

Además, tienes otras opciones de ocio virtual en nuestra AGENDA y nuestro CATÁLOGO. ¡Hasta pronto por aquí y hasta dentro de poco en las calles!

RELATOS DE MADRID

¿Qué te parece como microplán un poco de lectura? Voy a publicar en el blog con la etiqueta #microplanes algunos relatos (de ficción, pura ficción, no autobiográficos) que estoy escribiendo, todos ellos ambientados en Madrid. Este se titula provisionalmente Aquí.

· ¿Te salvó la música o es una gilipollez plantearlo así? [Es una gilipollez plantearlo así].

– Se repite eso de que no sabíamos lo que estábamos haciendo. Que faltaba información, se dice. Que faltaba mucha información, justo esa expresión, con el mucha, es la que les gusta decir. La hostia, qué gilipollez más grande. Mucha gilipollez, eso que dicen sí que seguro que lo es. [Lo tuyo, regular]. En el 82 palmó el primero del Campi y ya se sabía que el potro se había cepillado a unos cuantos por aquí y por allá. Cuatro o cinco que palmaron también en los 80 le vieron muerto, al Javo, que es quien te digo, cuando llegó la ambulancia había pasado hasta el último puto gorrión del barrio por ahí. {Tira la colilla lejos con la uña del dedo corazón de su mano derecha}.

· Me enteré, como todos, pero no lo vi. [Javo me había pinchado el balón de fútbol, el Tango Adidas del Mundial 82 que me habían regalado mis padres por mi cumpleaños dos semanas antes. No se me olvida. Había muchos gorriones en el parque entonces. Ya deben de ser las siete y media]. {Está inclinado hacia la izquierda, no ha cambiado de postura desde que Txus se ha sentado a su lado. tiene dolores musculares leves y alertas del nervio ciático por encima de la nalga derecha}.

– [El padre de este era el del Ford Escort, joder. Que menudo pintón para meterse, y no había forma de abrirlo con las marquesinas] ¿No hay gorriones o qué? Algún árbol falta, será eso…

· Estaba pensando yo también en los gorriones. Al balcón del salón de casa de mis padres venían muchos y alguno se colaba de vez en cuando. Pero es que ya no hay gente que genere migas o lo que sea. [Lo que hostias sea, iba a decir, lamentable]. Ni bar ni panadería. Adolescentes, pocos, y niños, habrá donde haya clase media de la de antes, con más pasta y más metida en el rollo familiar, aquí casi ninguno. [¿Estoy diciendo chorradas demasiado grandes? No sé qué me mira] {Desvía la mirada hacia un árbol}.

– Sí… joder. No hay nada… ¿Te acuerdas de que el bar se llamó El Piko unos años? {Le crece la sonrisa} Cuando lo llevaba Santiaguín. ¿A qué vendría ese nombre? Parecía de coña, el nombre del bar, digo, el del nota aquel era de coña claramente, porque menudo bestiajo, diminutivo de qué, diminutivo de nada. A mí casi me arranca la cabeza cuando me pilló con el imán haciéndome la tragaperras del bar. [Joder, cómo chorreo recuerdos al lado del pavo este]. {Mira hacia el mismo árbol al que está mirando Carlos}.

· Lo de que el bar se llamara El Piko era la hostia. [Joder con la hostia]. quiero decir que en la cuesta del parque estaba el Campi, o sea que estabais los del Campi, y en la explanada El Piko. Bueno, y más o menos en medio, la fuente. Era todo… muy yonqui. A mí la fuente me tenía obsesionado. Niños llenando globos, madres quitándole la arena a los chupetes que se les habían caído al suelo a sus bebés y yonquis lavando jeringuillas. {Se sienta mejor, con la espalda bien apoyada en el respaldo del banco}. Las interacciones, tío. [¿Tío? ha sonado como… flojo]. Sobre todo las madres echándoos la bronca por picaros cerca de sus hijos, pero me acuerdo también de cómo os miraban, cómo os mirábamos los niños de mi edad, después adolescentes. Nos jugábamos mucho delante de los nuestros con esas miradas. Y a mí Javo me pinchó el balón, qué cabronazo.

– Pero tú lo tenías bastante controlado, ¿no? {Mira a Carlos a los ojos}. Incluso antes de dar el cambio, siendo un chinorri. [Hostia, chinorri]. Siendo un chaval, ya se te veía tranquilón siempre. De lo del balón no me acuerdo, pero es que el Javo era un sudao, tío. Casi todos los días se pasaba horas con el mono o al borde del mono y llevaba una mala hostia encima permanente.

· Yo lo tenía controlado, mis cojones. [Ha sonado… bien]. Creo que es que yo no conseguía dejar de observar lo que hacíais. Igual que en el parque de arriba, el de la iglesia y el parking. La iglesia ya no está, no sé si has andado por ahí. El parking, sí. Llevaba la cuenta de los yonquis que entraban y salían de la entrada y salida de peatones del parking. Ocho dentro, seis fuera, iba y venía por el barrio pasando por el parque de la iglesia y me fijaba siempre. [Siempre entre acojonado y fascinado]. Y, joder, no había vez que no contara más yonquis dentro que fuera. {Sonríe y mira al árbol, le ha sostenido la mirada a Txus hasta ese momento}.

– Yo tenía mucha paranoia con los yonquis que entraban y salían de los coches. [Cómo era eso, joder]. {Mira al árbol y a Carlos y sonríe}. ¿Sabes que me apetecía la hostia picarme en el coche de tu padre? En el Escort. Pero no había forma de abrirlo con marquesinas.

· ¿Con marquesinas?

– Las marquesinas eran clavos aplanados. Colocábamos clavos en las vías y cuando pasaba el tren los chafaba pero bien y así servían como llave. Los coches de los 70 y muchos SEAT de los 80 los abríamos prácticamente todos con marquesinas. El Escort de tu padre, ni pa Dios. Luego se pilló un Kadett con alerón tu padre, ¿no? [Se me está secando la boca. ¿Por qué quitarían la fuente? ¿Y las vías?]. Te iba a decir que a mí a veces me parecía que la gente que entraba a los coches a meterse no era la misma que salía. {Abre mucho los ojos y los deja fijos en el ojo derecho de Carlos}. No era una cuestión de número como lo tuyo, era de identidad. Incluso cuando habían entrado conmigo en el coche, había un momento, a veces, digo, no siempre, en el que se me iban las caras o se me mezclaban, no sé, el caso es que no tenía claro que estuviéramos en el coche los mismos que habíamos entrado o que hubiera entrado y salido gente desde que yo había entrado. {Parpadea varias veces seguidas, se acomoda en el banco y vaga mentalmente por el parque}.

{Se produce un silencio largo}.

· {Mira a Txus, al árbol, a Txus}. ¿Tu madre qué tal? Vengo casi todas las semanas al barrio y hace años que no la veo. {Se remueve en el banco}.

– Mi madre dice que está bien en casa. {Levanta la vista a las nubes y sube la cremallera de su abrigo}. No me había parado a pensarlo, ahora me acuerdo de que de vez en cuando me habla de tu madre, la mía. Que tu madre no para, me dice. La ve desde el balcón con gente o cargada de bolsas. ¿Sigue siendo profesora de pintura, tu madre, en el centro de mayores?

· Sí, sigue. 77 años tiene ya, y todavía es una hoguera. Ha ido sumando miedos. La tele, tío, bueno, ya lo has contado mil veces en tus canciones. Pero está fuerte todavía. [Todavía no le he devuelto los tuppers en los que me llevé el cocido].

– ¿Mil veces, cabrón? {Ríe y desplaza a Carlos con el antebrazo izquierdo}. ¿Que doy mucho la murga con lo mismo o qué? La verdad es que me veo como el hámster en la rueda o como el ratón en el laberinto. En las canciones más políticas siempre voy detrás de algo que es lo mismo todo el tiempo, que parte de algo que podríamos llamar la injusticia básica, por ejemplo, tampoco nos vamos a complicar, que en el fondo es todo muy sencillo, y en las otras canciones voy en busca de algo que no encuentro o que encuentro por intuición o por casualidad, que sé lo que es y no sé lo que es, eso tiene más que ver con la inconsistencia de la vida, de la vida normal, ¿no? No sé si me explico. [Cállate, hostia, encima este lo contaría mucho mejor]. Si es que estas explicaciones es mejor no darlas. {Agacha la cabeza, se quita un pegote de barro de la zapatilla Quechua izquierda con la puntera de la derecha}.

· La tele es el máximo generador de paranoia de todos los tiempos. Ni la Iglesia en sus mejores épocas. Bueno, ahí se me ha ido. [¿Esto de se me ha ido lo digo yo?]. {Ríen brevemente los dos}.

– La tele, los medios, los de siempre y los de ahora, hacen daño a todo el mundo, pero a los viejos es que los anulan. tanta excepción elevada a normalidad. Es que no, cago en Dios. Nos protegemos y sobre todo los viejos se protegen de lo que no les va a pasar a ellos ni a sus hijos ni a sus nietos y están desarmados de calavera para dentro para entender y pelear contra la normalidad de mierda que les imponen. [Ahora el Javo escupiría]. {Niega con la cabeza, mira al árbol}. Ahí te tengo que decir que tú lo has hecho dignamente, como periodista, digo. Hasta donde yo sé, ¿eh? {Mira a Carlos con un destello irónico}.

· He tenido que tragar y esparcir mierda, como todos. Bueno, como todos o no, yo sí lo he hecho. {Ojeada a las nubes y gesto de asentimiento}.

– Yo también, yo también. Que he salido en Telemandril y eso. {Ríe y mira a las nubes}. En Telemadrid he salido como siete veces, a lo mejor.

· {Sonríe}. Pero no es eso, no es eso. Mi madre me habla alguna vez de la tuya. La ve poco en la calle y aun así, le tiene mucho cariño. Valora lo que hizo por el Parque de Santa María y por Hortaleza, su presencia en los movimientos vecinales contra el mercado de droga de la UVA y el apoyo a los drogodependientes. [Donde tú entrabas y yo, no, que hasta hace como ocho años ni había pisado esas calles]. Y una cosa que me ha dicho varias veces es que tu madre opina con criterio sobre las casas que les dieron a los que vivían ahí, en la parte de la UVA que ya han demolido, claro. [Mientras tanta gente con mucha más formación y que no había pasado por lo que pasó tu familia contigo se cagaba en todo ]. Todavía se habla mucho de eso en el barrio, parece ser. Los que no están de acuerdo, pues eso, que vaya pisazos les han dado gratis a los gitanos con las que han liado, así, sin más, lo dicen. ¿Has vuelto a la UVA? El proceso no se ha completado y ya está quedando muy claro que cuanta más gente es realojada, menos conflictividad hay. {Ha movido mucho las manos al hilo de sus últimas frases}. Y ¿tu padre?

– Te digo primero… Mi madre ha sido la rehostia para mí. Aguantó todo, y me refiero a que sostuvo todo. Y, en buena medida, por ella o para ella yo nunca me pasé. [Me pasé hasta allá y más, pero no, este lo sabe]. {Mira al ojo derecho de Carlos fijamente}. A mi padre lo anulé, no hizo falta que se encargaran de eso los telediarios que no son telediarios sino programas de sucesos. Él tenía un suceso en casa, uno real y ni siquiera excepcional. Eso sí, la guitarra eléctrica con la que empecé a tocar en el grupo me la regaló él. Y ya le había mangado de todo, y ya me había caído a la hondonada aquella con su coche, que ya no chutó más. Y, joder, ya había vendido la primera guitarra eléctrica que tuve, con la que aprendí a tocar, la que había mangado yo, por cierto. Eso sí lo hizo. Eso y tocar en una banda beat en los 60, antes de que el curro en Grupo de Abastecimientos Madrileños, la famosa GRUMA, que después pasó a llamarse UNIDE, Union de Detallistas Españoles, lo anulara de otra forma, también. Con el cambio de nombre, pasarían a alienarlo igual, pero con más lujo de detalles y en los detalles. Las cosas cambian, solo que no cambian. Mi padre se pasó 40 años cargando y descargando cajas, pero estuvo en la música moderna, tío. {Ríe fuerte}.

· Y ahora, ¿cómo le va? [Cállate]. {Le aguanta a Txus la mirada con esfuerzo, la voz le ha salido con poco peso}.

– ¿Cómo le va de qué o en qué, capullo? {Le da con el antebrazo izquierdo a Carlos, más fuerte que antes}. Un respeto, Litos. [Un respeto no es lo que quería decir, bah, este comprende, hasta con la cara de conejo que se le ha puesto ahora]. No pasa nada, hombre, no te vengas abajo. Seguro que sabes que echa el día entre cagarse encima y babear. Y mi madre, aguantando. Con 80 palos. Que 57 tengo yo ya, la hostia en prosa poética. A ti te saco seis o siete, ¿no? {Saca un cigarro de un bolsillo interior del abrigo y lo levanta hacia Carlos}. El último y me voy. ¿Quieres?

· No fumo hace mucho.{Carraspea} Sabía algo de tu padre… El mío, pues eso, lleva al otro lado del barrio, bueno, del distrito, casi 20 años, en una urbanización por Carril del Conde. No se quería jubilar, de hecho dice que no está jubilado. Todavía algún director de cine joven le pide algún consejo. La última peli que montó se estrenó no hace tanto, hace como seis años. Mañana le veo, el día de Navidad siempre como con él. [Estoy hablando normal, así sí].

– Eso está bien. {Sonríe y le acerca la cara a Carlos}. Pero que de años cómo vas, coquetuelo. [Un poco primavera sí eres].

· 50 me han caído este año, todos esos.

– Nada, qué. Yo todavía doy brincos y berreo punk. {Sonríe con autoironía}. A ti te queda mucha mierda política que levantar y mucho cultureteo que reseñar. Dale, dale. Lo de las del barrio no nos salió bien al final. [Bien buena que estaba tu Amaya, y bien buena y loca que estaba mi Sonia]. Pero tenemos mercado todavía, cada cual por lo suyo. Pues ya está. {Hace una especie de brindis con el cigarro y lo tira a medias}. Que vaya frío y vaya mal que me sienta el tabaco desde que me sienta mal. {Se levanta}. Me voy a los apartamentos de enfrente. Así llamabais a los edificios como el de mi casa los de las torres, ¿no?

· {Se queda sentado y estira el brazo derecho para darle la mano a Txus}. Algunos los llamaban así, creo, sí. {Sonríe débilmente}. Es tarde. A mi madre le jode que subamos a cenar casi con la mesa puesta. Normal.

– Tu madre me ha hablado siempre, no veas cómo me huían otras y otros. Dale un abrazote de mi parte. {No le suelta la mano a Carlos y le mira con una sonrisa valorativa}. Lo hiciste bien, Litos, se te veía salir bien. Y lo que te queda. {Se separan y Txus empieza a andar en dirección a su casa}. Nos vemos, no habíamos hablado tanto en la vida y ha estado bien. A ver si no pasan otros 100 años antes.

· A ver, a ver. {Se queda un rato en el banco, mirando primero cómo se va Txus hasta que este dobla una esquina, y luego al árbol. Se levanta y le habla al aire}. Y se me ha olvidado pedirte una entrevista, Txusco.

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Foto cedida para ilustrar este relato por la Asociación Vecinal La Unión de Hortaleza con la mediación de Hortaleza, Periódico Vecinal.
Adrián P. G.
Coordinador de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

Carmiña. Mujeres que se atreven, Parte 3

Carmen Martín Gaite (1925 – 2000) fue una escritora de origen provinciano y burgués que se levantó sobre las más convencionales posibilidades de futuro que le ofrecía su ambiente para desarrollar una fructífera carrera como novelista, cuentista y ensayista de éxito editorial y prestigio entre la crítica, además de realizar traducciones y redactar guiones para series de televisión.

Uno de los principales temas de fondo de su producción literaria, en consonancia con las circunstancias que pudo vivir o analizar de su Salamanca natal, es el de la mujer que lucha contra un entorno opresivo en busca de una identidad propia, es decir el descubrimiento de sus auténticos deseos y de la consecución de estos. Probablemente este elemento del perfil de Carmen Martín Gaite fue uno de los que atrajo a su figura a Noelia Adánez, creadora del proyecto Mujeres que se atreven para Teatro del Barrio, que decidió convertirla en la protagonista de la tercera entrega.

La actriz Nieves de Medina encarna de manera veraz y empática a una Martín Gaite evocadora de su realización en la literatura, amante de la conversación inteligente y el baile liberador y doliente por la pérdida de sus hijos, sobre todo de Marta (su hijo Miguel murió a los siete meses de vida de meningitis), quien según vemos sobre las tablas la fascinaba por su manera de ser joven, tan distinta a la que ella, Carmen, pudo vivir y vivió. Hay incomprensión pero respeto por esa vida acelerada, esa vocación de liberarse de nadie ni nada en concreto sin instituciones sociales tan determinadas por un sistema político como el franquismo a las que oponerse. La vida de Marta terminó a sus 33 años a causa del VIH.

Como en el caso de Emilia y Gloria, las partes precedentes de Mujeres que se atreven, la obra es un monólogo en el que sobre el escenario solo aparecen los elementos imprescindibles para el juego de la palabra y el gesto de la actriz. En esta ocasión, el juego lo dirige, con medido pulso, Ximena Vera.

Quizá por las propias características del personaje representado, que nunca renunció a cierta premiosidad provinciana a pesar de su adscripción sucesiva a la modernidad, la obra en conjunto nos resultó menos electrizante y absorbente que sus predecesoras del ciclo, a pesar de que, como en aquellas, incluso se incita a que el público participe en algún momento musical. Los demás espectadores, y en día de estreno, también despidieron con aplausos cómplices, pero no exaltados, a las artífices de Carmiña.

Texto de Adrián P. G.
Coordinador de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

Editor, redactor creativo y SEO, social media manager

Hasta el 29 de marzo.
Entradas: entre 14 – 18 €.
Horario:
Consultar sala.
Teatro del Barrio, calle Zurita, 20.

Almendros, mudéjar y tapas floridos

Hay algo que ocurre en Madrid solo ahora, porque antes no,  y luego es tarde. Se trata del florecimiento de los almendros, precioso acontecimiento de los meses de febrero y marzo que se ve y se vive mejor que en ningún lugar en la Quinta de los Molinos y en la Quinta Torre Arias, antiguas fincas urbanas de recreo de estilo rústico que cuentan con muchos más detalles de interés. Muy cerca se puede disfrutar de un elemento mudéjar único en Madrid, el artesonado y carpintería de la Parroquia de Santa María la Blanca de Canillejas, recientemente descubierto y restaurado.

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Con estos elementos tan especiales y con final en un bar de esos de caña con buena tapa que nos gustan, vamos a organizar una visita guiada con únicamente dos fechas disponibles en la que también comentaremos algunos elementos supervivientes del antiguo pueblo de Canillejas, actual barrio del distrito de San Blas- Canillejas de Madrid. Siempre decimos: para conocer Madrid de verdad, patéate el centro y… sal del centro. ¡Vente con nosotros! Es imprescindible reservar.

Info y reservas:
Email: reservas@microplanmadrid.com
Teléfono (llamadas y WhatsApp):695 97 29 37

Sábado 29 de febrero, 16:00. Punto de encuentro: salida de la estación de Metro Suanzes, calle Alcalá impares.

Domingo 8 de marzo, 11:30. Punto de encuentro: salida de la estación de Metro Suanzes, calle Alcalá impares.

Duración: 180 min aprox.

Precio: 20 € por persona, consumición incluida.

Recomendable y recomendado: lleva calzado cómodo, agua, protección solar y gorra.

Consulta las condiciones generales de reserva y pago de nuestros planes antes de realizar la inscripción.

Como siempre, el guía es un licenciado en Historia madrileño que se pirra por compartir lo que se empolla y lo que disfruta de su ciudad.

Somos un proyecto de comunicación online y organización de actividades sobre Madrid.

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