Todas las entradas por Microplán Madrid

Planes. Gastronomía. Arte. Ocio. Historia. Madrileñismo. Microplán Madrid es un proyecto de difusión de la cultura madrileña.

Relatos de Madrid (IV)

Otro para la serie de relatos de ficción, no autobiográficos, ambientados en Madrid que vengo publicando. Aquí tienes más.

Cortical

Marta me mira, sonríe y sigue encajando la bicicleta de BiciMAD en uno de los anclajes de la estación de la calle de Jesús. Transparenta, desde mí, la expresión de su cara casi cuatro años atrás (sobreentendido, expectación, autoconsciencia), cuando tuve que volver a la oficina porque me había dejado el móvil y ella me abrió la puerta, yo no tenía llave. Abrió y, antes de que habláramos (pasaron casi tres segundos, estoy seguro), Marta consiguió encabalgar levemente la rodilla izquierda sobre la derecha (¡de pie!), apoyar el pecho en una inspiración sostenida y poner esa cara (la cara que ahora veo en su cara). A mí, allí, delante de sus gestos, en aquellos casi tres segundos me atravesó un fogonazo de una visión (anticipación mental que no se cumplió) de los dos en la sala de reuniones, al borde de la mesa, decidiendo con las miradas y los cuerpos qué hacer.

Entonces ella era la gaming community manager del horario de tarde en The Life You Make. Yo hacía allí lo mismo que Marta, pero de 10 a 6. Coincidíamos entre las 4 y mi hora de salida, que yo acabé retrasando al menos un par de días a la semana para pasar un rato con ella a solas, los informáticos eran los únicos que tenían también posiciones a turnos en la empresa y no trabajaban en las oficinas de la calle Orense, como nosotros, sino en otras en Alcobendas. Nos sentábamos uno frente al otro y hablábamos del traspaso de la comunidad. Muchos de los usuarios gamers de la plataforma para la que trabajábamos, muy activos y empoderados, siempre demandaban que Marta, en la forma de su avatar Yshe, estuviera al tanto de lo que había pasado antes de su llegada. Hablábamos también de lo atípico de lo típico en cuanto a series y música y de planes atípicos en lo típico para experimentar Madrid.

Marta me mira, sonríe, no mucho, 10 grados por comisura, y avanza hacia mí. Yo podría estar en la acera, pero estoy en la calzada. Podría haberme acercado más a ella mientras aparcaba la bicicleta, pero no lo he hecho. Ella llega hasta mí con unos pasos un poco más largos de los que le recuerdo. Lleva unas medias grises (vibran en mi reojo, me encantan), un vestido recto que es de color negro de pecho a cuello y verde de pecho a rodilla y un gorro de lana de un gris más claro que el de las medias. Creo que está más delgada que la última vez que quedamos los Makers, hace medio año. Es posible que la sensación de mayor delgadez me la genere su vestido, que puede contener menos aire de lo que parece entre las tetas y las caderas.

Enfrente de mí, empina su sonrisa y me dice: Holi no, ¿no? ¿Qué tal? Digo: Holi no, correcto. ¿Cómo vas? Dice: Pues rodando, que he vuelto a la bici y si hay cuesta, como no cuesta con los 250 vatios de las bicis de BiciMAD, ahí voy, toda potente. Digo: ¿Dónde pillas la bici? Dice: Hoy y normalmente en la estación de Batalla del Salado. Y hablando de salado (le da unos golpecitos al culo de su bolsa de tela), vengo a todo anacardo. ¿Pillamos cerve o tienes? Digo: Tengo, tengo, cerve no me falta. Mientras no me chapen Más que Cervezas, ahí en Antón Martín, en mi casa siempre podrás encontrar cerveza atemperada. Dice: Con el biciclismo, últimamente yo las solicito en la webshop de Be Hoppy, y presto me llegan y menos agitadas que si las cargara yo, esa gente funciona muy bien. Digo: ¿Iremos? (Señalo con la cabeza la dirección a mi casa). Dice: Estamos yendo.

Giramos en Lope de Vega y hago que bajemos por la acera de Comisiones Obreras y el Ministerio de Sanidad para que Marta vea con perspectiva la fachada de mi edificio. Y, como hago siempre que alguien se acerca a mi casa por primera vez, me fijo muy mucho en su reacción cuando ve aparecer la fachada con la verja, el paso de carruajes, el portón, los invernaderos. Marta hace un par de movimientos de pájaro con su cabeza hacia mí y hacia el edificio y dice: Pero, por favor, Samu, qué maravilla es esta… Cruzamos la calle y ella estira todo el brazo derecho hacia el número 47 del edificio. Dice: Es un número art déco. Digo: Creo que sí. Venga, te voy a hacer el tour de las escaleras principales y el patio, que es lo mejor que vas a ver por aquí.

Entramos y le enseño la escalera principal derecha. Dice: Wow (Guouuu), qué bonito ajedrezado y qué abierta la espiral. Maravilla. Yo ronroneo. Salimos al patio, voy a decir algo sobre la fuente y los bancos de piedra, pero ella se sienta en el pozo y dice: ¿Fumamos? Se sienta en el brocal y percibo que ha tomado posesión del patio y ya no cabe que se lo explique. Digo: Líate lo tuyo, yo igual me fumo uno luego. Dice: Para que digan que solo hay pesadeces en los grupos de WhatsApp, ¿eh? Cómo te vino que la tía de Sandra quisiera alquilarle su apartamento a alguien con referencias, maldito, cazaste esta bicoca al vuelo. Digo: El grupo Makers siempre ha sido el colmo de la utilidad. Entre las subastas de vino ecológico de Villi y el reparto de fruta… Y que nos seguís convocando a los alumni a las cañas, claro. La casa no sé hasta cuándo la voy a poder pagar, eso sí. La poscrisis o crisis permanente o lo que sea lo que estamos viviendo se me puede llevar por delante cualquier día de estos. Dice: Si te puedo ayudar…

Estamos un buen rato callados. Marta es una de las personas que mejor se calla de galaxia. Es pura tranquilidad intensa. Mientras calla, me balanceo levemente en mis Sketchers, con las manos en los bolsillos de mis pantalones de camuflaje. Me fijo en que lleva unas New Balance de un gris muy parecido al de su gorro. Parpadea y dice: ¿Lo apago en tu casa? Digo: Venga, subimos. Ahora viene la decepción, ¿eh? Para empezar, a mi casa se llega por la antigua escalera de servicio del edificio. Y eso, que el apartamento no es nada. Dice: No ni nada. Las fotillos que he visto, con esos ventanales, barbaridad.

[Aperitivo: Anacardos y coquitos comprados por Marta en Granel Madrid y maridados con IPA comprada por Samuel en Más que Cervezas. Cena: Tofu al curry cocinado por Samuel. Ensalada de lentejas y arroz con verduras cocinada por Samuel y completada con kimchi comprado por Samuel en Nan-Yea Market, platos maridados con vino ecológico comprado por Samuel a la cooperativa Vino de Tierra].

Dice: 32 años tienes tú, ¿no? Y ¿hace cuánto que no bebes copas? Digo: Diría que hubo una línea como por otoño de 2015. Sí, eso, tres años y medio o así. Con excepciones, claro. Dice: Pues yo, más o menos. Mi línea fueron mis 25 y soy del 90. En fin, nací vieja en la vejez del siglo. Digo: También te digo, que a cervezas y vinos se llega perfectamente al pedo máximo. Dice: Yo pocas veces ya, la verdad, al final tampoco bebo mucho de nada, creo.

Está sentada en mi sofá, que es su sofá desde que se ha acomodado en él. Supongo que está cómoda en esa postura, sentada sobre sus rodillas e inclinada hacia mí. A veces, cuando sostiene la copa en la mano derecha, apoya la cabeza en su hombro izquierdo. Me doy cuenta de que esa combinación, rodillas en el sofá, vaso en la mano y cabeza en el hombro, me irrita, supera una barrera. Quiero a Marta a este lado de la barrera o en la barrera, no sé dónde estoy yo, pero quiero que esté a mi lado. Digo: Entonces, ¿estás contenta en Arganzuela? ¿Seguro que es el nuevo Tribunal? (Sonrío y noto que enarco las cejas). Dice: Lo de que Arganzuela es el nuevo Tribu lo dice Sara, ¿eh? Yo no. Pero sí, hay aliento por allí, están los teatritos y eso. Digo: Al final, sigue siendo un barrio, que eso se echa de menos a veces, yo aquí estoy a gusto y, cómo comentarte, inspirado, con perdón. Cuando voy al Gredos, que todavía es mi bar de mi Moratalaz, pues estoy a gusto y nostálgico. El barrio importa. Dice: El barrio importa, en negativo y en positivo. Mi Carabanchel, el de la colonia de la Prensa, el Domínguez, y mira, hasta el del parque de Pan Bendito, me lo das o te lo quito, todavía me llega. Sin embargo, no volvería ni de broma final. La misma conversación que tenía con 17 años no la quiero ya. Digo: Vale… Solo que en la conversación de antes hay verdad. Ni de lejos toda la verdad, por supuesto. ¿Seguimos con el pseudocopeo con vino? Dice: Vamos con la penul, que este viernes tan guay pide una más.

[Samuel toma dos copas más y Marta una. Samuel va al servicio mea y se mira en el espejo. Marta entra en Instagram, contesta dos mensajes directos y deja otros dos sin contestar. Entra en Spotify y busca una lista de reproducción para la vuelta en bicicleta].

Sí, espejito, estoy demasiado blanco y mi pelo es incoherente respecto a cualquier coherencia. Vuelvo al salón midiendo mis pasos por el pasillo. Entonces, recuento de elefantes en la habitación que aparecen por aquí y por allá cuando veo a Marta: tensión sexual, mi salida de la empresa, su ascenso en la empresa, valga la redundancia, y las razones por las que nos seguimos viendo. Y no soy capaz de resolver una mierda, la manada de elefantes me pasa por encima todas las veces. Dice: Me voy a tener que ir marchando, señor Crono. Digo: Hostia, Crono, hacía mogollón no me llamaban por mi nombre Maker, ni en el grupo. Tenías que ser tú… Dice: En mis contactos eres Samu Crono desde el principio de los tiempos. ¿Qué quieres decir con que tenía que ser yo? Digo: No, pues que… Mira… Al final no es tan cómodo el sillón, ¿eh? Ya te has sentado normal. Dice: Normal que cambie de postura, mi espalda ya no me da para hacer mortales. Digo: Con lo de Crono me refiero a… Bah, yo qué sé. En la ofi todo bien, ¿no? Dice: Ya sabes, siempre te lo digo, no es la de hace unos años, no es la nuestra. Desde la última compraventa seguir trabajando alrededor de lo humano dentro de la lógica del negocio es cada día más difícil. Y lo de tener un equipo volátil, no es lo mejor, desde luego. En eso estamos.

Nos callamos. Marta llevaba un rato con las piernas cruzadas. Ahora las coloca en paralelo y apoya las manos en las rodillas. Pienso que mi casa, o mejor, la casa, ya es hora de que me vaya despidiendo de ella, tiene, sí, grandes ventanales en la cocina, el salón y el dormitorio. Es rara, esta casa, como muchas de las del centro de Madrid que proceden de divisiones de grandes pisos antiguos. Está desordenada, el baño está a la entrada, la cocina es un cuadrado casi tan grande como el salón y la puerta del dormitorio está en el centro del salón. Y pienso que he disfrutado y he sufrido esta casa porque no es una casa lógica, no es un contenedor de lógica. También pienso que, como autónomo de la multitarea digital, la falta de orden no me conviene nada. Pienso en el desorden a los 32 años. Cierro el ventanal del salón, ya no hace calor, el aire se mueve. Hace viento. Pongo la mano en la rendija, noto cómo me roza una lámina de viento. Me doy la vuelta hacia Marta.

Digo: En eso seguís.

Texto de Adrián P. G.
Coordinador de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

La era de trilla de Hortaleza

En los distritos de la periferia de Madrid hay barrios que fueron pueblos hasta mediados del siglo XX y, si te fijas, se nota. Se nota que antiguos pueblos como Villa de Vallecas, los Carabancheles, Vicálvaro, Canillejas u Hortaleza tienen un carácter diferenciado que se hace patente en un patrimonio histórico singular que en general, por desgracia, no se pone en valor y ha sufrido numerosas amputaciones.

El distrito de Hortaleza engloba barrios que pertenecieron a los precedentes municipios de los pueblos de Hortaleza y Canillas. Ambas localidades nacieron en la Edad Media en el contexto de la Reconquista.

Vente, vamos a la periferia sur del pueblo de Hortaleza en un momento concreto, mediados del siglo XVIII. Llegando desde Madrid por el Camino de Hortaleza a esta población se observa una colina a cuyo pie hay arroyuelos. Levantando la vista aparecen quintas de recreo y agropecuarias de nobles que ocupan las laderas y parte de la cima, donde también se arracima el escaso y sencillo caserío del lugar.

La quintas principales del sur de Hortaleza eran entonces la de los duques de Alburquerque, que pasaría enseguida al marquesado de Santa Cruz de Mudela vía matrimonio y que ocupaba el terreno donde hoy se ubica el parque de Clara Eugenia, y la de los Duques de Frías, situada en el actual parque de la Huerta de la Salud.

Como hemos indicado, estas fincas servían para el recreo palaciego de los nobles titulares y sus invitados, pero también contaban con explotaciones agropecuarias. Al oeste de la quinta de los Alburquerque y Santa Cruz, en las calles conocidas hoy como barrio de Orisa, quedan vestigios de aquella función, como restos de una antigua noria o de lo que vas a ver ya mismo, una era de trilla, la única que sobrevive en el municipio de Madrid.

No sé cómo lo ves tú, a nosotros nos parece entre increíble y demencial que se permita la utilización de la era como aparcamiento. Por supuesto, no hay ningún cartel explicativo sobre la era ni la noria ni nada de nada. Si ocurre, lo de la ausencia de relato, con elementos constitutivos de la Historia de Madrid como las Casas a la Malicia, quién iba a esperar otra cosa tan lejos del centro de la ciudad.

¿Qué es una era de trilla? Es un espacio empedrado en el que se separa el grano de la paja de un cereal mediante la utilización de un trillo, que es un instrumento que consiste en un tablón de madera en cuya cara inferior se incrustan piezas de pedernal o de diferentes metales. El arrastre del tablón con un peso encima, normalmente el del propio agricultor, sobre la era con el cereal dispuesto en ella es lo que produce la trilla.

Vamos a subir a nuestras redes sociales un vídeo de la era de trilla de Hortaleza. De la era de la que queda algo, porque ha desaparecido otra cercana a la que aún es visitable. También puedes pedirnos que te la enseñemos, por supuesto.

Era de trilla de Hortaleza, calle Azagra s/n.
Texto y fotos* de Adrián P. G.
Coordinador de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

Editor, redactor creativo y SEO, social media manager

*Las fotos del trillo son de Wikipedia.

Un día en el Norte de Madrid

Tienes un día para ti y quieres llenarlo de disfrutes variados. Es un día, no puedes alejarte demasiado. Pues si miras al norte de Madrid, encontrarás mucho que hacer sin recorrer demasiados kilómetros.

Mañaneo serrano

Madruga que hay planes y más planes. Enfila hacia la Sierra Norte de Madrid y en una hora podrás empezar a hacer una de las rutas de senderismo o en bici habilitadas en el valle del Lozoya, la Sierra de la Cabrera, la Sierra del Rincón o el Valle del Jarama. Riqueza paisajística, frescor y bonitos pueblos van a maravillarte los ojos: Bustarviejo, Navalafuente, Rascafría, Navarredonda, Torrelaguna, Patones, Buitrago de Lozoya y sus alrededores merecen el desplazamiento por sí solos.

Es verdaderamente impresionante el desglose del patrimonio natural e histórico artístico de la Sierra Norte de Madrid. Para no cansarte a base de exhaustividad, citaremos tan solo que aquí puedes visitar el abedular de Canencia, el bosque mixto de hayas y robles del monte de El Chaparral, el Monasterio del Paular, el Pontón de la Oliva… Por supuesto, todo ello es inabarcable en una sola visita. Te recomendamos que selecciones una ruta guiada por tu tipo de campo preferido y un pueblo cercano para la mañana de tu día norteño.

Sierra norte madrid

De comer, arroz

En el camino de vuelta a Madrid capital, te proponemos degustar un arroz de los buenos. Hay una arrocería en Alcobendas, con sedes también en Montecarmelo y Tres Cantos, que es parada obligatoria en el Norte de Madrid. Te hablamos de Arrocería Formentera, donde es imprescindible pedirse un arroz, por supuesto, y donde también clavan platos de pescado como el atún de almadraba o la fritura variada y carnes como el solomillo de vaca vieja o el Rib Eye de lomo alto.

Pero dale al arroz, haznos caso, hay muchas opciones como el arroz negro con chipirones, el arroz a banda, el meloso de boletus y rape o el meloso de carabineros que vas a gozar hasta el último grano. También disponen de servicio a domicilio, por cierto.

Bajar la comida en un parque forestal

Se impone un paseo para favorecer la digestión, y para ello te señalamos el parque forestal de Valdebebas-Felipe VI, en el distrito de Hortaleza. Es muy curiosa su silueta, que representa a un gran árbol. Su extensión aproximada es de 470 hectáreas, divididas es diferentes áreas mayoritariamente forestales.

La zona central es el corazón del entorno. Se subdivide en los denominados espacios de Copa y Campo Abierto, que representan la mayor superficie del parque forestal. Incluye ámbitos de carácter jardinero que tienen una finalidad vertebradora, al servir de orientación dentro del mismo, y que aportan carácter debido a su singularidad. Se trata del Laberinto (con una estructura central de madera en forma de espiral ascendente y un mirador), del Arboreto (donde de cinco cubetas afloran islas con formaciones vegetales) y de las Terrazas (superficie compuesta por una serie de plataformas ajardinadas con desarrollo en cascada descendente hacia el río).

El Parque El Capricho

Avanzada la tarde, hay tiempo todavía para pasarse por el barrio de la Alameda de Osuna, en el distrito de Barajas. En él hay dos hitos monumentales a no perderse. El más conocido es el Parque El Capricho, uno de los más bonitos e interesantes de todo Madrid. Es un parque histórico, construido entre 1787 y 1839 por encargo de la duquesa de Osuna. Tiene los aires neoclásico y romántico que le corresponden por la época en la que se creó, si bien es este segundo estilo el más presente por ser quizá más acorde a la personalidad de la duquesa. La noble quiso tener un espacio de recreo a las afueras de Madrid y para ello ordenó la edificación de un palacio en la Alameda con su ajardinamiento correspondiente. El conjunto abarca una extensión de 14 hectáreas en los cuales se suceden placeres estéticos como los que procuran el Casino de Baile, el Laberinto, el estatuario y las fuentes y la propia naturaleza, a la que desde el proyecto original se le permitió expresarse en grandes espacios sin una excesiva intervención del hombre para encarrilarla.

En el Parque El Capricho, cerca del Palacio, hay un búnker de la Guerra Civil que albergó durante la contienda el Cuartel General de la Defensa de Madrid. Es visitable, pero hay que reservar plaza con mucha antelación.

¿Un castillo en Madrid, Madrid?

Por último, queremos hablarte de un secreto de Madrid que te va a sorprender: en el municipio capitalino hay un castillo del siglo XV, el castillo de la Alameda.

Construido como castillo señorial, ha sufrido diferentes transformaciones a lo largo de los siglos.  Originalmente se ubicaba entre las aldeas medievales de la Alameda y Barajas. Su primer propietario fue el Señor de Barajas, Juan Zapata, para quien tenía una función militar además de residencial. En el XVI se convierte en un palacio renacentista de recreo de diferentes aristócratas madrileños. También le afectó la Guerra Civil, periodo en el que fue empleado como fortín del bando republicano. En el entorno se conserva un nido de ametralladoras.

Un día bien completo, ¿no? Próximamente, más madrileñadas.

Gandia: una ciudad con historias

Más allá de los atractivos turísticos de Gandia (es el nombre oficial, olvídate de la tilde) y de esa playa que hace las delicias de los bañistas, Gandia es una ciudad con historias. Las que tú escribes cuando disfrutas de esos baños en el Mediterráneo, de los momentos compartidos con tus familiares o amigos, de los paseos por la ciudad y, en definitiva, de tus vivencias en Gandia mientras disfrutas de tus merecidas vacaciones. Pero también las que hablan de familias influyentes, de personas delicadas y de un pasado que se remonta al paleolítico.

Gandia-ciudad-historias 3

Conociendo a la familia de los Borja

La historia de Gandia alcanza su relevancia en el siglo XIV, cuando Alfons el Vell eleva la villa de Gandia a la categoría de Ducado, comenzando la construcción del Plan Ducal que en parte ha llegado hasta nosotros. Es precisamente en el Palau Ducal donde los duques Borja residieron y en tu visita descubrirás donde nacieron y vivieron muchos de sus descendientes. Nada más entrar te sorprenderá su patio pero no te quedes ahí y sube esas escaleras que te llevarán a estancias tan interesantes como la Galería Dorada o el salón de las Coronas. Una visita más especial si realizas la visita guiada nocturna (20:30 horas).

Una opción muy interesante es disfrutar de actividades tan singulares como El Tast de la Duquessa, unas jornadas gastronómicas maridadas con cerveza artesanal, ver una película en el patio del Palacio Ducal, o cenas borgianas a ritmo de jazz en directo (24 de julio y 21 de agosto).

Guarda fuerzas porque debes también pasear por el casco antiguo para admirar monumentos tan importantes como La Colegiata de Santa María, el convento de las Esclavas o el Convento de Santa Clara… Un paseo que te hará recordar aquellos tiempos en los que la familia de los Borja paseaba por estas calles.

La joven más delicada de Gandia

Eres más delicada que La Delicà de Gandia”. Esta frase hoy no te suena pero Gandia es una ciudad con historias y la Delicà de Gandia es una de ellas, como demuestra esa frase que se suele decir en la zona para criticar a personas que son demasiado escrupulosas o tiquismiquis.

Según la leyenda, a esta mujer que vivía en Gandia le cayó un pétalo de jazmín en la cabeza y se murió. Esa es la historia que circuló por la ciudad pero, en realidad, ese pétalo del jazmín que le había caído pertenecía a uno de los ornamentos del rosetón de la Colegiata de Gandia. Este pétalo de “jazmín” que impactó en su cabeza pesaba más de 400 kilos. Desde este momento, se empezó a extender la leyenda sobre esta joven que era tan delicada que le mató un sólo pétalo de una flor.

La cueva donde empezó todo

En tus días en Gandia encontrarás la ‘Capilla Sixtinadel paleolítico: la cueva del Parpalló. Se trata de uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Europa porque allí habitaron algunos de los primeros Homo sapiens que llegaron a la zona. Además, es el santuario prehistórico más importante de la religión mediterránea peninsular. Su importancia es tal que no debes perderte su visita, y más si te apetece respirar aire puro de la montaña.

El castillo de Bairen, el origen de Gandia

Situado en lo alto de una colina, el castillo de Bairen es el primer edificio relevante de la ciudad y, alrededor de esos muros ocurrieron muchas historias. La más significativa es que la crónica de Jaume I relata como, tras pactar con el alcaide de esta plaza la rendición del castillo en un plazo de siete meses, el rey exigió como prueba de confianza que el musulmán le entregara como rehenes a su hijo y dos sobrinos.

El alcaide no cedió en este punto, pero ofreció al monarca cristiano una declaración jurada del pacto y la cesión de la torre albarrana, por lo que Jaume I decidió aceptar el trato. Una vez finalizado el plazo el rey volvió al lugar y el alcaide cumplió con su palabra entregándole el castillo.

Su visita no es solo interesante por la historia que encierra sino también porque las vistas son increíbles.

Gandia es una ciudad con historias y tú también debes dejar la tuya mientras disfrutas de esas tan merecidas vacaciones.

Gandia-ciudad-historias

Post patrocinado.

El Renacimiento de La Tristura

Ha sido estremecedor en el mejor sentido volver al teatro. Ver la Sala Verde de los Teatros del Canal con aforo reducido y los palcos sin ocupar es descorazonador, pero aun así.

Muy interesante la obra Renacimiento de la compañía La Tristura. Es metateatro diferente (más bien metatramoya), y te lleva a momentos destacados de los últimos 45 años, los del último periodo democrático de España, sin moverte del presente más presente. Se muestra en el escenario reflexiones sobre el fluir de la sociedad desde la intrahistoria de un grupo de técnicos de un teatro. Identidad y crisis, construcción individual y colectiva son los vectores de la función. Encontramos en el texto y la dirección varios y variados aciertos y algún problema de ritmo.

Aplauso fuerte para l@s imbéciles (poc@s, pero l@s ha habido) que se quitaron la mascarilla durante el espectáculo. Sí, es obligatorio llevarlas puestas. Y si queremos que sigan subiéndose telones y que no se bajen los que ya se han subido, hay que hacer las cosas bien.

Hasta el 12 de julio.
Entradas: entre 7,50 € y 15,50 €.
Horario: Consultar sala.
Teatros del Canal, calle Cea Bermúdez, 1.

Ya se ve Cádiz desde Madrid

Y entonces pudimos salir de Madrid… Los habitantes de la capital ya nos movemos más allá de los límites de nuestra comunidad autónoma. La evolución de la epidemia de Covid-19, según los datos recogidos por las autoridades sanitarias autonómicas y difundidos por las autoridades sanitarias estatales, así lo permite.

Nosotros vamos a seguir trabajando en nuestras cosas madrileñas por el momento, pero ya tenemos destino para la primera escapa veraniega: ¡Cádiz, espéranos! Es una de las provincias españolas que más ofrece al visitante, hemos ido, vuelto y revuelto. En este verano tan especial, toca pasarse por allí otra vez.

Mira, cuando se habla de Cádiz como lugar de vacaciones, enseguida salen a relucir playas como las de Bolonia en Tarifa, Zahara de los Atunes o Costa Ballena en Rota. Son una maravilla, lo sabemos por experiencia. Pero las vacaciones gaditanas de las que tenemos mejor recuerdo son las que pasamos en la propia capital de la provincia, en ese Cádiz puro y duro que muchos turistas pasan por alto. Vamos a compartir nuestras vivencias de la Tacita de Plata, apodo de una ciudad que fue fundada por los fenicios en el 1100 a. C. aproximadamente con el nombre de Gadir.

Muy recomendable antes de empezar el callejeo por la ciudad es subir a la Torre Tavira. Desde este punto hay unas vistas excelentes del casco histórico de Cádiz. La Torre Tavira se construyó a mediados del s. XVIII y fue designada torre vigía oficial del puerto de Cádiz en 1778 por estar situada en la cota más alta de la ciudad (45 m sobre el nivel del mar. En Cádiz no hay cuestas. Se encuentra situada en la Casa-Palacio de los Marqueses de Recaño (actual Conservatorio de Música) y es de estilo Barroco. Su nombre es el del primer vigía que la gestionó, el teniente de fragata D. Antonio Tavira. La Torre Tavira dispone desde 1994 de una cámara oscura para ver más lejos y mejor.

El barrio más antiguo, que no el más conocido y transitado de la ciudad, es el de Pópulo. Conserva tres arcos que fueron puertas de entrada al Cádiz medieval, heredero del romano, que tenía Gades por nombre, y del musulmán. En el barrio del Pópulo está la catedral barroca de Cádiz y los restos del Teatro Romano. Y calles, calles y más calles con algo especial. El cercano barrio de la Viña sí esel que cualquiera que haya puesto los pies en Cádiz ha vivido con más intensidad. Es el núcleo de los Carnavales y todo el año sus calles son las del tapeo, el bullicio y la alegría.

Malecón_de_La_Caleta,_Cádiz

La playa de la Caleta concentra las miradas de gaditanos y visitantes al atardecer. Es la mejor playa urbana de la que hemos disfrutado, así de claro, por su belleza natural y la del entorno arquitectónico. Destaca por su limpieza, tema crucial en una playa urbana.

Para finalizar, que en estos repasos es mejor no ser exhaustivo y robarle capacidad de sorpresa al lector y posible visitante, hablaremos de la gastronomía gaditana, que es excelente. Insoslayable el atún rojo en temporada. Las tortillas de camarones es en Cádiz donde hay que comerlas. La caballa con piriñaca, por favor, no te la pierdas, qué cosa tan buena. Y pescaíto frito, que no te falte.

La mayoría de madrileños llegan a Cádiz en coche para poder moverse con él por la provincia. Si quieres quedarte en Cádiz, te recomendamos que viajes en tren, vas a tardar solo algo más y la paliza va a ser mucho menor. Cádiz está a más de 650 km de Madrid.

Post patrocinado

Relatos de Madrid (III)

Este es el tercer relato de ficción (repito, nada de lo contado es autobiográfico) que sale por aquí de la serie de ellos que estoy escribiendo sobre tipos y tipas que se mueven en el Madrid actual, con la ciudad como fondo necesario para explicar su identidad. Si alguna editorial se anima, acabarán formando parte de un libro.

Título: El cubo del cuadrado 

Tengo más vecinos, pero tengo dos vecinos: Roncador Tosedor Suspirador y Enfermera Pirada. RTS ronca, tose y suspira en un apartamento del sexto, al otro lado del patio interior. EP es la única otra inquilina de la planta en la que vivo yo, la séptima bis y última, su puerta está enfrente de la mía. Durante dos años me cruzo con EP en el rellano, en la escalera, holadiós. Habla alto, oigo sus conversaciones telefónicas, que muchas veces tienen un punto de no normalidad difícilmente definible, un punto desorbitado. La veo con un tipo, no la oigo con él. Estoy seguro de que oye mi guitarra, y vaya (mal) lo que hago yo con mi guitarra, pobre. Me ve con algunas tipas (con perdón, se ha dado así el tema), no sé si me oye con alguna de ellas, yo diría que con alguna, sí (con perdón).

A RTS solo lo detecto como sí mismo un día que sube a mi casa por una avería, más de un año después de que yo me instalara en el edificio. La reverberación del sonido en el patio me había escondido su voz entre la de otros sospechosos, cuando hablamos queda claro que él es RTS porque tose, sí que tose, y es la tos que vengo oyendo, mientras ponemos en marcha la resolución de la mojadura del techo de, me dice, su cuarto de las cosas, donde solo entra cuando necesita algo de lo que tiene por ahí. Muy bien, suena todo muy bien, la tos invencible y el cuarto de vete a saber qué cosas (y cuántas).

Sigo hasta el final: se decreta el confinamiento, enseguida se me empiezan a caer los proyectos, solo me queda el diseño de una web por terminar, la de una asesoría legal. Le insisto a mis potenciales clientes, pero nada, recibo respuestas dilatorias o negativas a todos los presupuestos que había enviado. En apenas cuatro o cinco días el trabajo pasa al plano de lo irreal, y eso que no dejo de echarle horas, poco productivas, eso sí, a mi único cliente. En el plano de la realidad, vivo que mis padres están bien y mis amigos probablemente coronados no están bien, pero no están fatal. Todos están pasando la enfermedad en casa. Unos han llamado al teléfono de información sobre el coronavirus, otros no. Ninguno recibe más atención médica que la telefónica y la mayoría de los que han llamado, ni eso.

En el plano de la hiperrealidad estoy no sano, algo enfermo, enfermo. O no, es lo que tiene la hiperrealidad. El caso es que empiezo a toser y en unos días toso más que RTS. De hecho, parece que cuanto más toso yo, menos tose él. Cuando sale de su casa, EP se queda un momento entre su puerta y la mía escuchándome, la noto. Mis amigos posiblemente coronados me cuentan la evolución de sus síntomas, unos van mejor que otros, mejor o peor que yo, los síntomas de unos son más similares a los que tengo yo que los de otros. Casi todos mis amigos posiblemente coronados y muchos de mis amigos sanos están desarrollando costumbres neuróticas de manual. Yo estoy ahí, ahí.

Llevo casi dos semanas encerrado y tengo que bajar la basura, he acumulado, he perfumado, ya no puede ser. Algunos de mis amigos que viven cerca de mí, los de Malasaña se ofrecen a echarme una mano, qué va, tranquilos, que no sé si estoy enfermo o no, o de qué si es que sí, no lo veo, no quiero que os arriesguéis con mi mierda ni que traigáis vuestras mierdas a mi edificio. Compro online y la basura la saco yo. Salgo justo después de comer, no quiero dejar nada tocado para el siguiente, no quiero aerosolar, no quiero tocar nada que haya tocado alguien, quiero pensar que hay poco aerosol ajeno en la escalera a esa hora rara. Usar el ascensor, mejor no.

En el corcho que hay junto a los buzones, EP ha dejado una nota para todos los vecinos: se ofrece a traer material médico de su centro de salud para quien lo necesite, diabéticos que pueda haber en el edificio, por ejemplo, y no quiera salir. Lo mismo dice sobre los básicos de supermercado y farmacia. Nos deja su número de teléfono. Me entero de su nombre, lo ha escrito en la nota arriba y abajo, abajo en mayúsculas irregulares. El texto es simpático y como exuberante. Grabo su contacto. Por cierto, también sé cuál es el nombre de RTS, me lo dijo él cuando lo de la avería, pero qué, en mi móvil son EP y RTS, sí.

Vuelvo a casa, oigo a RTS ajusticiar a una flema y deshacerse de su cadáver otra vez. Siento esto, siento lo otro, me pongo el termómetro de nuevo. Irremediablemente, algunas cosas pasan muy a menudo en la cuarentena. No tengo fiebre, no he tenido fiebre ningún día, pero sí tostostostós, dolores musculoesqueléticos moderados, diarrea moderada, dolor de cabeza moderado y extraño, como en mala postura (un dolor que adopta una mala postura, me voy gustando en esto de escribir), y lo que parece ser conjuntivitis. EP abre la puerta de su casa alrededor de las 20:00, como todos los días. He salido, he vuelto y todo sigue igual, vale.

EP tiene unos ojos muy grandes de color miel que se llenan y se vacían muy rápido o al menos yo los recreo así. Tiene mirada de loca, y no digo que eso sea ni bueno ni malo. Yo tengo mirada de loco sobre mueca de loco cuando estoy voluntariamente enajenado, cuando estoy cansado y cuando se me amontona la misantropía. RTS tiene mirada de loco, vertiente hombre exaltado con barba (obviamente, la mirada de loco con barba es muy distinta a la de loco sin barba). Su mirada incluye como feature un matiz de insomne. Solo le he visto dos veces, cuando lo de la avería y unos meses después, un día que él salía del Padrón, uno de los bares de viejos (ya no se les llama así, ¿cómo se les llama ahora?) de la parte baja de San Bernardo. Nada de extrañar lo del mate (por contraposición a brillo. Yo, aquí, gustándome otra vez) de insomnio en los ojos de RTS, porque RTS todas las noches se duerme, ronca, se despierta tosiendo, tosetosetose, suspira, se duerme, ronca, tosetosetose, suspira, todo a un volumen de me da igual que se me oiga. Me lo tomo crecientemente como un volumen de se la suda que yo le oiga.

Esto ocurre todas las noches, digo. Así que le oigo, duermo mal, no me ahogo pero siento una opresión extraña en el pecho, como de exfumador reciente y al mismo tiempo como de persona que tuviera un gran pedazo de madera encima de los pulmones, madera tratada, industrial, pero no del todo lisa, con alguna astilla en ocasiones punzante (y punzante de la hostia, también).

Hay un par de noches malas, malas (¡y ya estamos casi a mediados de abril!) en las que estoy a punto de levantarme y preparar una mochila con ropa interior (hola, madre de pueblo) y el cargador del móvil por si no puedo respirar y me tengo que ir a urgencias y me ingresan. Miles de contagiados diarios, cientos de nuevos ingresos hospitalarios, pero ya es casi seguro que a ninguno de mis amigos les va a tocar lo peor, unos han superado la enfermedad o pseudoenfermedad (recuerda, probables y posibles coronados), otros arrastran todavía molestias más o menos leves. A mí a la UCI que no me lleven, joder, con 37 años no me puedo poner tan mal, por favor.

Me tranquiliza mirar el contacto de EP en mi móvil, lo cierto es que más que mirar el de mis padres o mis amigos. Si su casa es un reflejo de la mía, que vete a saber porque nuestras casas del séptimo bis o séptimo inventado sobre el séptimo real fueron trasteros o algo así (a RTS le mojé el cuarto de las cosas desde el baño, está todo descabalado aquí arriba), nos separan unos 25 metros de cama a cama. Deduzco de las toses de RTS, que ha vuelto por sus fueros, que su tos es la que siempre le he escuchado. Fantaseo con otra tos para él, una más de moda, como fantaseaba con mis padres sufriendo definitivos accidentes de tráfico en momentos de mi adolescencia de muchacho regular de barrio frecuentemente castigado. Del mismísimo barrio de La Elipa, eh. De la calle San Vidal. Antes de venirme al centro (a ver, dos años solo en el peor agujero del final de la calle Atocha, tres años en un piso compartido bastante apañado de Lavapiés, cuatro años con Laura en una casa de padres en Arganzuela, y eso, dos años de neosoltero en Malasaña), pasé 26 años con el ruido de fondo de la M-30 y mis padres ni un rasguño en ella. Que me alegro, que me alegro, ser un fantasista no es ser un desalmado.

Hola, soy Migue, tu vecino de enfrente, perdona por haber sido tan torpe de no presentarme antes, en tiempos menos pandémicos. Pero en este siglo lo normal es no amigarse con los vecinos, ya sabes, qué tontería. EP y yo cogemos el hábito de escribirnos por WhatsApp un par de veces por semana. En la primera conversación me pregunta si tengo o he tenido el bicho, sí que me había oído toser. No lo sé, he podido tenerlo, puedo tenerlo, puedo tener bronquitis, por ejemplo, en el coworking y en casa he pasado bastante frío trabajando este invierno y he estado regular a menudo. Soy autónomo, hago páginas web, vale, te paso algunas (no le paso las que he hecho para cerrajeros y dentistas ni la de los asesores, no, le paso las guais, las de restaurantes, librerías, agencias de marketing). Me da consejos enfermeriles, se ofrece para facilitarme una consulta con una doctora en su centro de salud, que no es el mío, porque sigo empadronado en Arganzuela y ella trabaja en el de Lavapiés. Ella probablemente no estaría, me dice, realiza mucha atención domiciliaria en las últimas semanas. No la han enviado a ningún hospital y aun así, ha visto mucho y está muy cansada y harta. Me lo cuenta con humor, con fuerza.

Mi tos se convierte en un animal doméstico perezoso, aburrido (qué dominio de la analogía de andar por casa, de verdad), empieza a olvidárseme que tengo que toser, la tos de RTS vuelve a imponerse en el patio interior y en mi casa. Mis dolores de cabeza de ahora, estamos a finales de abril, los causan las pantallas. Mis ojos no enfocan bien. Todas las ventanas de mi casa dan al patio interior, veo mucho cielo pero no el horizonte. El aplauso a los sanitarios suena aquí a efectos especiales baratos y genéricos. Suena metálico, hasta como a cacerolada. Aquí no hay caceroladas, por cierto. Cuando salgo a comprar miro a lo lejos y es que no, no veo bien. Pero retomo lo de RTS y el enseñoramiento de su tos para añadir que la tos manda y vuela entre vapores de cagada y purito, el hombre tiene la costumbre de fumar en el trono, desde las 6 de la mañana está en esas. Hacía muchos años que no me despertaba tan pronto de forma habitual. Desde que se puede, antes de las 7 ya estoy en la calle de paseíto hacia el templo de Debod o hacia Chamberí o Argüelles. No intento quedar con nadie, no me apetece, sí me doy paseos más largos de lo reglamentado. Y cojo la costumbre de sentarme en uno de los bancos individuales de la plaza de Guardias de Corps, en Conde Duque. Hay suelo de tierra, como en la plaza de las Comendadoras, como en la plaza del Dos de Mayo. Eso me gusta.

Día de mensajitos acerca de la azotea entre EP y yo. El espacio común de la azotea del edificio (los del séptimo, séptimo, tienen zonas privadas de la azotea a su disposición, el edificio es rarísimo para no ser tan antiguo como la mayoría de los de Malasaña) está en nuestra planta, la puerta de la azotea está a tres metros de las de nuestras casas. En los últimos días han empezado a salir más vecinos a incordiar en ella, no les debe convencer lo de que ya puedan irse a la (puta) calle, en la práctica, más o menos cuando quieran. La puerta de la azotea abre con ruido y cierra con estruendo, a ver si la gente se encuentra la empatía y tiene cuidado, cabrones, que nosotros nos comemos todos los portazos. Hemos oído a una pareja a la que ninguno de los dos tenemos fichada. ¿Se habrán mudado al edificio en estas semanas? Una señora sube a la azotea todos los días a la misma hora a hablar por teléfono para decirle a su interlocutor o interlocutores básicamente lo mismo: que no se aburre. Que no se aburre siempre de la misma forma, nos parece a EP y a mí. Mientras wasapeamos, sube a la azotea RTS. Lo hace una o dos veces por semana. Le pregunto a EP por él. Resulta que son amigos, EP lleva más de 10 años en el edificio, han tomado cafés y cervezas en sus respectivas casas y por San Bernardo, Gran Vía y Plaza de España. Por Malasaña y Conde Duque no, me dice EP, porque RTS piensa que Malasaña y Conde Duque se han convertido en una gilipollez en los últimos 15 años. EP piensa que RTS es un grande, un tipo especial. ¿Un grande o un tipo especial? Jajaja. Las dos, las dos. Es exmarinero y exferroviario. Estás de coña, ¿no? Exferroviario, todavía, pero ¿exmarinero? Que sí, que sí. Ha visto todo, sabe mucho. A la radioelectrónica naval se dedicó en los 60 y 70, en barcos y en tierra, y en los trenes o desde las oficinas de RENFE estuvo también en el tema técnico de las comunicaciones en los 80 y 90.

Voy andando a La Elipa a ver a mis padres desde mi casa. Desde San Bernardo o La Palma (que mi portal está en San Bernardo y mi casa ni siquiera da a la fachada del edificio a La Palma, pero sí, ni una ni dos ni tres veces me he oído diciendo que vivo en la calle de la Palma, así ha sido) tardo una hora en llegar. Veo Alonso Martínez, Chueca, el Barrio de Salamanca, sudo un poco la mascarilla pero disfruto. Pienso en el cuarto de las cosas de RTS, lógicamente ahora lo imagino más de geniecillo que de loco. Sobre todo porque EP me ha comentado que a lo largo de los años RTS le ha arreglado algunos electrodomésticos e incluso se ha inventado uno para ella, se lo regaló unas Navidades, se trata de la batidora suiza, que no solo bate, pica o amasa como una batidora multiusos, sino que tiene gadgets para cortar carne, abrir botellas, abrir botes de tapa difícil. Este tipo de cosas extravagantes, qué bien las cuenta EP. Nadie inventa, todos combinamos, que me lo digan a mí con las webs, y joder, qué buen combinador nos ha salido RTS.

calle san bernardo calle la palma

 

la elipa

Yo no sé hacer nada, no puedo hacer nada con las manos, con mención especial a pintar, que es algo que me gustaría aprender a hacer, soy nefasto pintor (Nefasto Pintor, suena a nombre de personaje de tebeo). Mis padres mencionarían más bien todo. O sea, que están de acuerdo conmigo en que no sé hacer nada. Y, en particular, hablarían de mi lerdez para lo relacionado con el mundo de la imprenta, porque cuando les he ayudado en la suya he demostrado ser, en palabras de mi padre provinciano (atención, hay gente que se ha ganado la vida en el mar, como RTS, y hay gente que ha nacido en Palencia, como mi señor padre), el trabajador más lento del sector desde los tiempos de Gutenberg y, según mi madre (nacida en un pueblo de los pequeños, pequeños de Segovia), un inútil, sin más. Cuanto más pequeña es la unidad poblacional, más clarito se es, comprobado. Hijo, eres lento, hijo, eres un inútil. Y esos padres, cero accidentes en la M-30 o yendo o volviendo a o de Palencia o Segovia. Mis padres me quieren, eh, nos queremos, nos queremos, y la web que les hice para la imprenta hasta les emocionó.

Todas las cosas que he ido descubriendo en el confinamiento sobre mi casa se van diluyendo, como dicen que le pasa al virus en el aire. Los horarios de sol y sombra o el extrarradio doméstico, no los enfoco del todo (y eso que ya veo), dudo, hay detalles que pierden corporeidad. He recuperado clientes, tienen prisa, quieren una presencia digital efectiva ya mismo por si lo presencial tarda en consolidarse de nuevo, menos mal porque las ayudas estatales se acaban o es posible que se acaben pronto y las autonómicas, a mí no me han llegado. Paseos y terraceo con Fali, con Paula, con Stevenson, con Ballesteros, con Laura, con Mario, con Irene, con Langas y más. Hablamos y hablamos, pero tengo la sensación de que a todos nos cuesta concretar, decir algo específico, absolutamente real, que estemos pensando o sintiendo justo ahora y se corresponda solo con el momento presente, no con nuestro yo de siempre. Es extraño, porque venimos de concretar mucho cada cosa que pensábamos o sentíamos. A lo mejor es por eso, estamos saturados de lo concreto o de lo real. Curioso, por otra o por la misma parte, cómo la mayoría de mis amigos parecen haber olvidado sus neuras inmediatamente pasadas. Digo que no es que las hayan superado, es que parece que nunca estuvieron en ellos. Los probables exCovid-19 se mueven entre la depresión y la exaltación, es a los que veo más acordes con la desescalada.

Hay quórum: estamos en la calle, en la calle no nos vamos a contagiar, no pasa nada. Malasaña sin turistas, el único sitio que deberíamos evitar es la plaza del Dos de Mayo, pero vamos, vamos, hasta caen unas latas de cerveza. En La Elipa tengo gente, la que no se ha ido nunca del barrio y la que regresó después de unos años intentando sin éxito salir de la crisis de 2008. Algunos regresaron a casa de sus padres y otros viven en casas que les alquilan familiares o amigos a precio de familiar o amigo. Hemos vuelto a nuestros parques y casi parques del barrio, un salto hacia atrás de 20 años. O de más, cuando nos da por juntarnos en el parque del Dragón, aquí algunos jugábamos y merendábamos de niños después del cole. Y en junio, a los bares, dentro, dentro, que no pasa nada, tampoco. Le enseño a Paula mis notas de marzo, abril, mayo y junio, el archivo C-19. Me dice que las utilice para escribir algo como esto que estoy escribiendo. Para ti va, Paula. Eres la única que no me ha dicho que estoy todavía más delgado, te mereces todo. Espero que cuando lo leas, me digas que es y no es un diario de cuarentena y poscuarentena.

Plaza del Dos de Mayo

parque del dragon de la elipa

Mis vecinos están ahí, aunque menos, menos. Apenas hablo con EP, aunque sí pienso en ella. Un día me cuenta que le han hecho la PCR y el test de anticuerpos, el bueno. Ni tiene ni ha pasado la enfermedad. Dice que no se libra de trabajar a saco hasta finales de julio. ¿De dónde será EP? ¿Es extremeña? ¿Es madrileña del sureste? Algunos de mis amigos me han hablado mucho de sus vecinos en las videollamadas del confinamiento y casi nada cuando nos hemos visto. Aplaudidores, cacerolos, solidarios, sobrados, todos diluidos en el nuevo aire. Yo en las videollamadas apenas he hablado de mis vecinos. Ahora que no los tengo tan presentes en el día a día, sí hablo de ellos, con Paula, con Mario, aunque sigo dándole vueltas, ¿con quién hablar sobre qué? ¿Han cambiado mis amigos? Si han cambiado, ¿han cambiado más los barriales o los pihippies de Malasaña y Lavapiés? Puede que de alguna forma cada cual se haya reafirmado en lo que es o en cómo actúa.

Lo último: hoy es hoy y hoy es lunes, 15 de junio. He quedado el sábado de esta semana en la azotea con EP, con Bea, se llama Bea y es Bea, se acabó la tontería, para echarnos unas cervezas, habíamos hablado de ello hace tiempo, hemos vuelto a hablarlo y ha llegado el momento. El hombre con el que la veía, estoy casi seguro, no ha vuelto a nuestro edificio. Pues mira, vamos a ver qué pasa. Por mi parte, tengo unas muy serias ganas de follar. Y de follar con ella. Me encantaría que ocurriera y que fuera demasiado. No he buscado a las de antes. Tampoco ellas a mí. Creo que no hemos encontrado, ni ellas ni yo, ninguna razón especialmente buena para buscarnos. Otra cosa es que nos encontremos, porque hablar, hablamos. También quiero pedirle a Bea que me presente a RTS, a Eladio. Me apetece que Eladio me hable de sus cosas, de las del cuarto y de las otras. Sí, se llama Eladio. Tiene nombre de ferroviario. Y hasta de marinero.

Adrián P. G.
Coordinador de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

La escultura de la plaza del Reina Sofía

Que sepas o recuerdes que la plaza del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía se llama desde 2017 plaza de Juan Goytisolo. Antes no tenía nombre. Lo que sí tenía desde 2001 y sigue estando en ella es una réplica de la escultura El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella del escultor y pintor Alberto (Alberto Sánchez Pérez, Toledo 1895 – Moscú 1962). La obra original la realizó en 1937 para que se colocara en el exterior del pabellón de la República Española de la exposición Internacional de París de aquel año. En esa exposición se expuso por primera vez al público el Guernica de Picasso, actualmente uno de los principales atractivos del Museo Centro de Arte Reina Sofía.

Después de aquel evento, la escultura desapareció. Medía 12,5 m de alto y el artista la había confeccionado con cemento y bronce. Reafirmación de ideas expresadas en otras obras de Alberto de los años 30, El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella es una especie de tortuoso cactus antropomórfico son acanaladuras cuya cúspide está coronada por una estrella roja. El cuerpo de la obra sugiere el difícil momento de la sociedad española coetánea, que llevaba un año sufriendo la Guerra Civil cuando se celebra la exposición de París. El pseudocactus brota del suelo y parece como arado, alusión a la tierra de España y sus gentes. El camino tiene un jalón, una paloma, símbolo de la paz, y un final esperanzador según la visión política de Alberto, la estrella roja que denota su filiación socialista.

La réplica de la plaza Juan Goytisolo mide 18,7 m y pesa 7 t. La realizó en cemento el artista valenciano Jorge Ballester,​ recientemente fallecido, y se instaló en el exterior del Museo Centro de Arte Reina Sofía con motivo de una exposición temporal sobre Alberto.

el-pueblo-español-alberto

Texto y foto de Adrián P. G.
Coordinador de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

Restaurantes de Madrid que juegan muy bien a domicilio

Estamos en el proceso de adecuación de lo que entendíamos por normalidad hasta hace unos meses a la nueva realidad generada por la enfermedad Covid -19. Debemos seguir evitando participar en cadenas de contagio de Covid-19 (sí, todavía debemos seguir en la pelea) por nosotros y por los demás. Muchos restaurantes de Madrid ya han abierto sus puertas con las limitaciones indicadas por las autoridades sanitarias. En cualquier caso, ha aumentado exponencialmente el número de locales que han reforzado o lanzado por primera vez el servicio de envío de comida a domicilio.

Actualizaremos regularmente este artículo de nuestro blog con propuestas de comida a domicilio que catemos y nos gusten y con reseñas de restaurantes que conocemos de tiempos mejores y ahora han abierto o potenciado este servicio.

RESTAURANTE CAFÉ LION

Clásico del Madrid de los Austrias para iniciados, este establecimiento de la calle Bordadores inició en 2019 una nueva etapa a manos de María de Miguel y Marta Tello. Mantienen las señas de identidad del negocio, la apuesta por la gastronomía de toda la vida y el bonito local de decoración tradicional, con los matices y actualizaciones que han querido implementar por aquí y por allá, e incluso al barista Miguel, que lleva 25 años en su puesto. Hemos probado en casa su menú de fin de semana (varía, así que atent@ a su web y redes sociales) y nos ha convencido.

Es sencillo y directo, pero en absoluto plano. Destacamos la crema de nécora, contundente, el pavo a la soja, muy bien equilibrado, y la crema catalana, suave, nada dulzarrona. Todo llegó a la temperatura correcta y envasado con seguridad, ¡muy bien!

Café Restaurante Lion está en la calle Bordadores, 4, entre la Puerta del Sol y la plaza Mayor. Consulta su carta para recoger o recibir a domicilio aquí.

menu-cafe-restaurante-lion

crema-nécora-lion

pavo-soja-lion

—————————

RONDA 14 y CILINDRO

La foto de portada de este artículo es un señor ceviche de Cilindro que degustamos hace unos meses. Los restaurantes definidos por el chef limeño Mario Céspedes han lanzado una carta para pedir a domicilio o pasarse a recoger a las cocinas centrales del grupo (que se completa con Apura, que tiene su terraza abierta). Incluye clásicos de las dos casas como los ceviches (verde con huacatay y mango y de crema de rocoto con aguacate) de Cilindro y  sus gyozas de langostino y camarones; o el ceviche con leche de tigre al ají limo y calamar, el tiradito a la crema de ají amarillo, las gyozas de anticucho con picada de ají limo y cilantro y de ternera con manitas de cerdo o los cachopinos de ternera con queso de cabra y setas de Ronda 14. En Cilindro se encuentran las tradiciones peruana y asturiana y en Ronda 14 la gastronomía nikkei y chifa (aunque  lo asturiano también asoma).

La oferta se completa con un menú degustación para dos personas que incluye, por 45 €, tartar de salmón con crujiente de plátano, California Roll de centollo, roll de mar y montaña, bao de chicharrón con crema de rocoto y huacatay, patatas rellenas de carne guisada y bizcocho roto de avellanas y chocolate.

El horario para recogidas y envíos es de 13:00 a 15:45 y de 20:30 a 23:30 de martes a domingo. El servicio de envío a casa es a través de diferentes plataformas como Deliveroo, Stuart o Glovo (buscando la marca Ronda 14) y para recoger los pedidos la dirección es la de las cocinas centrales del grupo: calle Francisco de Navacerrada, 58. Madrid. Los teléfonos de reservas son: 91 356 85 77 / 648 17 53 59 / 690 15 66 95.

Más fotos de nuestro paso por el local de Cilindro, para que vayas abriendo boca. ¡Cuidado, te van a dar ganas de cerrarla sobre tu pantalla!

creatividad-cilindro

aji-gallina-cilindro

tartar-cilindro

Team Building en Madrid

A nadie puede caberle ninguna duda en este momento sobre la importancia de hacer equipo. Hacer equipo en los hospitales, en las comunidades de vecinos, como sociedad en general está siendo fundamental a la hora de afrontar la crisis sanitaria y económica generada por la enfermedad causada por el coronavirus Covid-19. Haces equipo poniéndote la mascarilla cuando toca, sí.

En el trabajo, un equipo conjuntado y motivado alcanza un rendimiento muy superior a uno sin cohesión y con los brazos caídos. Y que un equipo sea fuerte, armonioso y productivo se puede entrenar. Por otra parte, cuando las cosas van bien, el equipo merece una recompensa, ¿no? Hemos conocido un proyecto que se encarga de conseguir la motivación extra que distingue a los equipos de trabajo más potentes y de premiarlos cuando se lo han ganado: Kaizen Team Building.

La iniciativa Kaizen Team Building se dedica a la organización de las mejores actividades de empresa del mercado. Se dirigen a compañías que comprenden que, en un entorno tan competitivo en todos los sectores como el de hoy en día, es imprescindible incentivar la vinculación del trabajador con el proyecto del que debe sentirse plenamente partícipe. Para ello, Kaizen Team Building aplica técnicas de team building o construcción de equipos que han constatado que funcionan como catalizadores de una mayor unión y tolerancia al esfuerzo en trabajadores de todos los perfiles.

Desde hace más de 10 años, Kaizen Team Building crea y desarrolla estas actividades de team building en la Comunidad de Madrid y en toda España, prestando un servicio innovador y siempre adaptado a las muy variables circunstancias concretas de las empresas que contratan alguna de sus diferentes propuestas. A continuación te explicamos algunas actividades de su catálogo, a ver qué opciones te parecen más interesantes:

  • El Haka Team Building. Consiste en aprender y realizar la danza maorí que baila la selección de rugby de Nueva Zelanda antes de cada uno de sus partidos. A ellos les ha funcionado, ¡son campeones del mundo! Los monitores de Kaizen Team Building explican a los participantes lo que deben saber sobre el ritmo y la fonética maorí. Después, se forman diferentes equipos y cada uno prepara y representa su haka. Se elige un ganador y su capitán comanda la haka final, danzada por todos los participantes a la vez. ¡Así se crea espíritu de equipo.
  • Los Cascos Locos. ¡Música y baile pasándolo muy bien y sin incordiar a nadie! Pueden montarte un tour bailable con cascos que aíslan completamente del ruido exterior en tu oficina o por la calle. El dinamizador lanza la señal con la música que se haya predefinido hasta a 300 m, aparte de actuar como descacharrante coreógrafo. Ese rango da mucho juego. No hay quien no se mueva y se ría en esta actividad.
  • Concurso de paellas. Si lo que gusta en tu oficina es el buen comer, Kaizen Team Building también te ofrece esta versión micro de MasterChef centrada en la paella, en la que los participantes se dividen por equipos, buscan los ingredientes para cocinar el clásico plato valenciano, lo preparan con el asesoramiento de cocineros expertos y son premiados… o no. La organización también cocina una gran paella por si acaso… Bebidas incluidas y acciones de dinamización opcionales como un karaoke o un original fotomatón.
  • Eventos formativos y de coaching. Se trata de aprender jugando, incorporar habilidades y competencias de forma vivencial. Dinámicas diversas consiguen que los participantes se conozcan a fondo, interactúen y refuercen su empatía y reconocimiento mutuos. Todo ello mediante retos siempre amenos e incluso muy divertidos. Después de cada actividad, se analiza en conjunto lo vivido bajo la batuta de los coordinadores de Kaizen Team Building.

Hay decenas de opciones más para hacer equipo y en todas ellas Kaizen Team Building se encarga aportar los expertos correspondientes, buscar el espacio ideal para la jornada, así como de la logística y los servicios adicionales que se acuerden.

Post patrocinado.