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Desde aquí veo sucia la plaza

Sátira y farsa por dramaturgia y un aire de teatro efímero, ambulante, en la concepción escénica. La lucha de un alcalde español de cualquier momento posterior a la entrada de España en la Comunidad Europea por preservar, porque sí y punto, la catarsis colectiva de las fiestas de su pueblo, ‘la volá’ de la cabra. Arquetipos: el cacique, las vecinas aferradas al pasado, el político trepa que se ha ido a la ciudad.

Con esos presupuestos y elementos, el director Chiqui Carabante y la compañía Club Caníbal han creado Desde aquí veo sucia la plaza, la primera parte de una trilogía crítica sobre la identidad ibérica diseccionada desde el humorLa obra se sustenta en las interpretaciones de Font García, Vito Sanz y Juan Vinuesa y la música y efectos de Pablo Peña, integrante del grupo Pony Bravo (entre otros).

Lo que aparece sobre el escenario es como un recuerdo recurrente de nosotros mismos, uno de esos que consiguen afectar al presente, en este caso perpetuando el sentido común de nuestros lares, que se retoca, se adapta, y por ello, no se cambia.

El alcalde quiere una ‘volá’ que Europa le niega y acabará, después del final (entenderás lo que queremos decir si ves la función), por comprenderse mucho mejor, a él y a nosotros. Y lanzará, en vez de a una cabra de un campanario, una reflexión que suena muy certera visto lo visto: España es un bucle de ridículo y vergüenza ajena. Unos hacen el ridículo y otros sufren la vergüenza.

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Artículo de Adrián P. G.
Director de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

Domingos 13, 20 y 27 de septiembre de 2015. 13€ – 15€.

Horario: 21:30.

Teatro del Barrio, calle de Zurita, 20.

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Lavapiés, el barrio de Madrid y del mundo

Sobre un barranco de la periferia extrema de la villa de Madrid empezaron a aparecer casas de labranza dispersas. Después la penúltima muralla (más bien una cerca) que tuvo la ciudad. El caserío ganó en densidad. La última muralla de Madrid (más bien su última cerca) constriñó al barrio, que tuvo que seguir creciendo a corralas.

Fue cuando se edificó en él una cárcel en la que habrían de ocurrir tétricos acontecimientos. Por cierto, etnias variopintas convivían ya entonces en el lugar. Y sus habitantes, con las cigarreras como bandera, ya eran de lo más combativo.

Entonces el arte urbano se enseñoreó de las calles de lo que se había convertido en la periferia del centro de Madrid. Y llegamos nosotros para pasearlo y contar sus cinco siglos de historia en modalidad paga lo que quieras si quieres.

Sábado 6 de junio, 11.30 · Lavapiés multisecular y multicultural. 120 min. Free tour.

Información e inscripciones: reservas@microplanmadrid.com, teléfono 695 97 29 37 o formulario.

Farmacia del globo

Cárcel de Lavapiés

Corrala Lavapiés

Rajasthan Curry, en danza

Sus propietarios son veteranos de la guerra gastronómica de Lavapiés, esa que tiene por contendientes a los restaurantes de cocina india popular (a la madrileña o española u occidental) y por escenario principal la calle de Ave María. Para algunos es Raja Mahal, su establecimiento de allá, el que va ganando.

El restaurante que han abierto recientemente muy cerca de la plaza de Antón Martín sigue las mismas pautas culinarias que su antecesor, pero se diferencia en que los sábados ofrece cenas con espectáculo de danzas indias tradicionales y bollywoodienses por 15 €.

Así que en nuestro sábado en el plato no hubo sorpresas: las pakoras, las samosas, los arroces, los currys y las preparaciones a lo tandoori nos supieron a materia prima aseada y a picante contenido.

Entre las mesas aportó las emociones una bailarina española de Sarasvati, una de las mejores escuelas de danzas indias de Madrid, deslizándose con precisión de maestra de lo suyo y encanto para regalar.

Rajasthan Curry

Rajasthan Curry

Rajasthan Curry

¡Ojo inmediatamente arriba! El kulfi – helado de pistacho estaba bien bueno.

  • Rajasthan Curry

Precio de la experiencia cena + espectáculo de danzas indias: 15 € por persona.

Horario:

Sábados: 20:00 – 00:30.

Calle de Atocha, 47.

Libros Cercanos en el centro de barrio(s)

La periferia del centro o el centro de barrio(s) va a ser el escenario de nuestro microplán del próximo domingo, 15 de marzo. Hablamos del barrio de Embajadores, o sea de Rastro y Lavapiés. La cosa va a ser así:

– A las 12:00 nos juntaremos en Libros Cercanos, calle Dos Hermanas, 12, metro Tirso de Molina o La Latina, la librería en la que los ejemplares tienen el precio que cada cual decida pagar por ellos. Además de las donaciones por los libros que te llevas, otra forma de disfrutar de su proyecto cultural y de colaborar en su sostenimiento es hacerte socio por 6 o 12 meses abonando 10 o 20 € respectivamente. Con el pago recibes un carnet que te permite llevarte los libros que quieras durante 6 visitas a la librería si eres socio semestral o 12 visitas si eres socio anual sin ninguna aportación extra.

Por otra parte, en cualquier momento puedes donar libros, dvd’s o revistas. ¡Atiende aquí!: si el domingo les llevas un libro de tu casa, entrarás en el sorteo de un carnet de socio por 1 año y de un carnet de socio por 6 meses, ¡anímate!

– A las 12:15 aproximadamente saldremos a patearnos el Rastro y Lavapiés bajo la fórmula de free tourCorralas, muestras de arte urbano, una antigua cárcel de macabro historial y los micromonumentos de la zona más castiza y al mismo tiempo multiétnica de Madrid serán algunos de los hitos de un paseo guiado de 120 min que terminará en el punto de partida. Entonces se celebrará el sorteo de los carnets mencionados.

¡Imprescindible reservar, las plazas son limitadas! Información e inscripciones: e-mail reservas@microplanmadrid.com o teléfono 695 97 29 37.

dos hermanas lavapiésRaúl, alma máter de Libros Cercanos, te cuenta cuál es la filosofía de la iniciativa que lidera:

“Soy librero, y aspiro a ser feliz. La literatura es parte de mí, como el aire que respiro, como el amor que siento por mi mujer.

Podría nombrar librerías que he visitado en casi todas las calles de Madrid, pero aunque siempre he estado a gusto entre estanterías repletas de libros, siempre me ha faltado algo, algo de libertad.

Creo que nos ha pasado a todos, hemos entrado en una librería de viejo, y hemos encontrado un libro con el que hemos soñado desde pequeño, ese olor a usado, a días vividos, a manoseo. Hemos sabido en ese momento que alguien se ha dejado una parte de si mismo leyendo ese libro, y ahora es nuestro turno. Y cuando hemos ido a pagarlo, zas, no tenemos suficiente dinero para cumplir un sueño. Y luego, ¿qué?, frustración, desengaño, e ir corriendo a un cajero a sacar dinero, con la posible sorpresa de la desaparición. ¿Y sí no se tiene más dinero? No todos podemos ser Lorca que decía que si le encarcelaran, pediría medio pan y un libro, en vez de un pan entero. No todos quieren elegir. No todos pueden elegir.

Cuando empezamos a idear la librería, lo que tuve claro es que quería algo diferente, no ya una librería convencional, con novedades y con un catálogo, sino que cada persona pudiera colaborar; donando libros, donando tiempo, donando dinero, o simplemente, donando ideas. Quería una librería donde la palabra libre fuera la bandera. Donde cualquier persona, con el dinero suelto de su bolsillo, pudiera llevarse a casa esos libros que le harían soñar desde esa misma noche, y todo gracias a otra persona que quiso darles libertad, igual que un amor de verano, sabiendo que nunca más volverá, pero que seguro que es más feliz sin ti.

No nos queremos parar solo en eso, sino que el propio local vaya más allá. No es solo una librería, sino una asociación cultural, donde cualquier persona puede hacer demostración de su talento, y asombrar al mundo, (o al barrio al menos).

O que un profesor, antes de frustrarse en su clase, pueda tomarse un café con los mejores compañeros que puedan existir; Cervantes, Hemingway, Delibes.

El otro día entró un hombre a la librería, y después de explicarle la filosofía, me estrechó la mano, y me dijo: -Muchas gracias, a mi no me gusta nada leer, pero muchas gracias por existir. Y se fue por donde vino. Cuando algunas noches, en mi casa, me siento impotente por la lentitud de la burocracia de este país, recuerdo esas palabras, y me doy cuenta de que merece la pena.

Sé que estas palabras tendrían que haber sido otra cosa, una defensa a ultranza de la letra escrita, pero no quería que la gente pensara en nosotros como una librería convencional, sino como un local para crear experiencias, un lugar de encuentro, un escondite.

Ni siquiera creo que tenga derecho de pedirles una oportunidad, hay millares de librerías mejores que la nuestra, pero les aseguro que la nuestra es diferente. Vale la pena venir, se lo aseguro.”

La cárcel de Lavapiés

He aquí (léase: en la imagen de portada) una amable corrala del barrio de Lavapiés restaurada hace tres años. Hoy es un centro de mayores del Ayuntamiento de Madrid, pero a lo largo de los siglos ha albergado viviendas, una taberna, el taller de un zapatero, una tahona… y una cárcel de la Inquisición. Centrémonos en el último uso mencionado.

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El solar del edificio aparece en la topografía de Madrid que realizó Pedro Texeira en 1656 con las mismas dimensiones que tiene actualmente. Ya por entonces, y quizá desde finales del siglo XVI, pudieron hallarse entre sus muros las celdas de la llamada cárcel de la Corona, una de las que utilizaba la Santa Inquisión en Madrid. Lo que es seguro es que en el siglo XVIII y hasta 1820, cuando se abole la Inquisición, muchos presuntos herejes o inmorales pasaron en este lugar unos ratos de los que apetecen poco. Durante un breve tiempo, después de 1820, la cárcel siguió en uso, gestionada por el Estado. Y entonces un sacerdote pasó allí unos ratos regulares y, sin embargo, más breves de lo que seguramente le habría gustado. Hablamos de Matías Vinuesa, el Cura de Tamajón.

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Cuentan los archivos y las crónicas que en 1821 este tipo, capellán de honor del rey Fernando VII, urdió un plan para derrocar al gobierno del Trienio Liberal (1820 – 1823 ) y recomponer el absolutimo en España. El asunto salió a la luz y Vinuesa fue condenado a 10 años de prisión en la Cárcel de la Corona. Un sector del pueblo de Madrid, azuzado o por radicales liberales o por reaccionarios que querían asustar a las élites conservadoras, decidió que la pena era demasiado leve, irrumpió en la prisión y mató al preso en cuestión a martillazos, golpes de sable y tiros. Lo mataron mucho, sí.

Da la casualidad de que la calle de la Cabeza, donde se encuentra el edificio al que estamos echando un vistazo, recibe su nombre de una leyenda en la que otro religioso es degollado por su mancebo. Nos explayamos sobre ese asunto habitualmente en vivo y en directo.

Las antiguas mazmorras de la Cárcel de la Corona son visitables. Los calabozos, que han perdido las rejas de cierre, se abren desde un único pasillo y están comunicados por una especie de ojos de buey atravesados por cruces de hierro.

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Adrián P. G.
Coordinador de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com
  • CMM Antón Martín, antigua cárcel de la Corona.

Calle de la Cabeza, 14.

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El Madrid de Benjamín Prado

El escritor madrileño Benjamín Prado se ha prestado a contestar a las preguntas de nuestro #TestMPM. Así vive su ciudad el autor de Ajuste de cuentas:

Microplán Madrid: Lavapiés, Malasaña o La Latina, ¿cuál de estos barrios tiene un papel más relevante en tu experiencia de Madrid?

Benjamín Prado: Malasaña antes, cuando uno no salía del Pentagrama y La Vía Láctea. Lavapiés ahora: es un barrio que está vivo y coleando.

MpM: Qué pedimos para ti en una barra madrileña, ¿una caña, un vermú o un vino?

BP: Cerveza y con tapa: no soy como Ángel González, que cuando le daban aperitivo decía: ¡Yo nunca como antes de beber!

MpM: Antes de que acabe el último verano del año en Madrid… ¿Terraza en una azotea, en un patio interior o en la calle?

BP: Siempre en la calle, pero no junto a la carretera, para que no me pasen los autobuses de la EMT por encima de los pies.

MpM: ¿Callos a la madrileña, bacalao rebozado o bocadillo de calamares?

BP: Comiendo no soy gran cosa, la verdad. Callos, si son de fiar; calamares pero fuera del bocadillo; y bacalao si es en Labra.

MpM: ¿Es más fácil toparse contigo en el Museo del Prado, el Museo Reina Sofía o el Museo Thyssen?

BP: En el Prado, donde aprendí a ir con Rafael Alberti a una sala por visita.

MpM: Dos preguntas abiertas para terminar, empezando por: ¿Qué crees que ha hecho Madrid por ti?

BP: Las ciudades son el lugar donde uno pone los pies en el suelo. Y en mi caso, Madrid me ha dado sobre todo su luz y su otoño.

MpM:  ¿Qué es lo último que has hecho en Madrid?

BP: Ir a ver el Real Madrid-Barcelona al Bernabéu y luego a tomar algo con los amigos, casi todos ellos del Atlético de Madrid.

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Artículo de Adrián P. G.
Director de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com
Growth hacker, redactor creativo y SEO, social media manager

Doctor Fourquet: CASA SIN FIN y THEREDOOM, por ejemplo

En la segunda década del siglo XXI la calle del Doctor Fourquet se ha transformado en una galería de galerías de arte contemporáneo. Algunas llegaron antes y todas disfrutan de la sombra del cercano Museo Reina Sofía.

Procedemos a internarnos las exposiciones vigentes de dos de las propuestas de este espacio expositivo informal.

La CASA SIN FIN alberga una serie de fotografías que Manolo Laguillo (1953) realizó en los meses de julio y agosto de este año en Lavapiés. Las imágenes reflejan un barrio de vacíos: aparecen solares, medianeras o comercios cerrados y desaparecen los habitantes del espacio, que no están o son meras siluetas.

El protagonismo recae en la luz transparente  y calorífica del blanco y negro con el que el reputado y semidesconocido fotógrafo madrileño parece haber querido mostrar la periferia del centro, un entorno en el límite de lo indiferenciable y en transformación hacia… nada concreto.

Nos quedamos con el punto de vista atópico de Laguillo (además de con sus cualidades técnicas) como principales valores de la serie y nos llevamos la duda paradójica de si no se habría enriquecido con una mayor diversidad de intenciones.

El continente de la exposición lleva dos años en Lavapiés, algunos menos que su casa madre de Cáceres, y es tan reducido como enorme su nombre.  Nos verá pasar su umbral en el futuro, seguro.

THEREDOOMMucho más reciente es el avecindamiento de THEREDOOM, y mucho mayor el número de metros cuadrados que ha puesto al servicio de la primera (video)exposición que alberga. Se trata de ‘Carolee Schneemann: élan vital’, una selección de trabajos de arte visual ideados y filmadas por la performer nacida en Pensilvania en 1939.

Se proyecta  sobre muros o se emite en televisiones obras de los años 60 y 70 de quien se definía como una pintora que utilizaba todos los medios a su alcance para ejercer como tal.

Sumamos las impresiones que nos causan las imágenes, las dividimos entre el número de impactos recibidos y el resultado es un relato feminista, con propósito epatante, apegado a su contexto temporal y cultural, interesante cuando la subjetividad ensimismada no lo consume.

Esperaremos a las siguientes propuestas de la galería para saber cuál es su propia narrativa.

Manolo Laguillo: Lavapiés, julio-agosto, 2014

Hasta el 11 de noviembre de 2014. Gratis.

Horario:

De martes a viernes: 11:00 – 14:00 y 16:30 – 20:30.

Sábados: 11:00 – 14:30.

CASA SIN FIN, calle del Doctor Fourquet, 11.

Carolee Schnneemann: ‘élan vital’

Hasta el 19 de octubre de 2014. Gratis.

Horario:

De martes a viernes: 11:30 – 14:00 y 17:00 – 20:30.

Sábados: 11:00 – 14:00.

THEREDOOM, calle del doctor Fourquet, 1-3.

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Bajamos a por el pan

En Madrid hay barrios a los que les pasa como a muchos parados de hoy en día: a tiempo parcial, no lo son. El mejor ejemplo es El Rastro, que solo los domingos y festivos se convierte en un mercado de lo que haga falta (o no) y además, como a cualquiera de esos parados de hoy en día, oficialmente no se le considera como lo que es.

El Rastro, al igual que Lavapiés, está diluido por orden del Ayuntamiento en el barrio de Embajadores. La analogía con la situación de los casidesempleados la dejamos aquí, que hace muy buen día.

Hay comercios tradicionales que son comercios de barrio y otros que no lo son. Por público, ubicación y, sobre todo, forma de llevar el negocio. Visitamos en El Rastro un comercio tradicional y de barrio, la panadería del número 2 de la calle de la Ruda. Seguir leyendo Bajamos a por el pan

Breve historia de una farmacia y dos globos

En la plaza de Antón Martín (oficialmente, en el 46 de la calle de Atocha) existe desde 1870 una farmacia con un globo en la fachada. Su fundador, el ínclito doctor Trassera, imitó a los farmacéuticos ingleses, que colocaban globos en los establecimientos que regentaban para que se distinguieran a simple vista de herbolarios y droguerías.
Durante la Guerra Civil la plaza de Antón Martín fue brutalmente bombardeada y el edificio contiguo al de la farmacia, destruido.

farmacia del globo2La farmacia, ubicada entonces únicamente en la planta baja (sí, a pesar de lo que parezca por la publicidad masiva), no sufrió daños, pero los pisos superiores del inmueble hubieron de ser reconstruidos. Seguir leyendo Breve historia de una farmacia y dos globos