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En el fondo no estamos tan mal: pesadilla en la oficina

Recuerda las historias más humillantes y absurdas de tu vida laboral. Anótalas en una lista. Seguro que no es corta. Ese fue el germen de En el fondo no estamos tan mal, el último montaje de Teatro del Garabato. Todo lo que contamos en esta obra es real. Jefes déspotas y miserables, compañeros trepas, reestructuraciones, postureo, reproches por marcharte a tu hora… Lo normal.

No te confundas, En el fondo… no es una obra deprimente y gris. ¡Es una fiesta! ¡Un desmadre! Así como las empresas suplen sus carencias salariales con fuegos artificiales, nuestra obra es colorida y divertidísima. Vale que te metemos un poco el dedo en el ojo. Pero para ver ñoñadas lobotomizantes ya tienes OT: El Reencuentro.

Es una lección aprendida del maestro, Dario Fo: haz que se tronchen, que se relajen, y cuando menos se lo esperen, les noqueas con la realidad más cruda. Esta es la línea que ha seguido la compañía desde el montaje de Aquí no paga nadie, una comedia aparentemente menor del genio italiano que recuperamos en plena euforia del 15 M. El éxito fue brutal. Premios y público al borde de las lágrimas gritando las consignas que se repetían en plazas y calles.

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Después nos metimos sin querer en un buen berenjenal. Dinero, de Aristófanes. Una obra muy sugerente, pero con enormes carencias dramatúrgicas. Demasiados parlamentos interminables sin apenas acción. Que no cunda el pánico. Nuestro director, Virgilio Nieto, se tiró a la piscina y adaptó la obra creando de la nada tres personajes peculiares en forma de coro griego del siglo XXI. Un trabajazo. Para Virgilio, porque desechó media obra de Aristófanes y añadió otra media de cosecha propia. Y para nosotros, los actores, porque nos enfrentamos a un abordaje de los personajes completamente distinto. Nos olvidamos de los cuerpos erguidos del teatro convencional y buscamos recursos a través del clown y de la expresión corporal. Un descubrimiento maravilloso.

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Y aquí estamos hoy, con nuestro En el fondo… recién salido del horno. El más difícil todavía. Cansados de los problemas que plantean las obras con derechos de autor, Virgilio decidió que por fin estaba preparado para escribir su propio texto. Basado en experiencias propias, de amigos o familiares, ha construido una historia ágil, desternillante, cruel pero esperanzadora, sobre esas miserias que todos tenemos que aguantar en el día a día de una oficina.

Como actores este montaje ha significado dar un paso más. Hemos seguido explorando la caricatura, basando nuestros personajes en estereotipos de la comedia del arte italiana. Continuamos además nuestra formación en expresión corporal y danza. Esta vez descubriendo el contact con la ayuda de la bailarina Vanesa Peña. Se trata de una disciplina de exploración física a través del contacto y la improvisación. Asequible para no bailarines aunque bastante duro. Eso sí, cuando por fin das con la tecla, es un auténtico disfrute.

¿Qué nos depara el futuro? De momento, más funciones de En el fondo…, retomar Dinero para diciembre y estrenar nuevo proyecto: una versión del clásico Macbeth desde la improvisación contact. ¡Casi nada!

Con Teatro del Garabato he vivido experiencias artísticas y personales difíciles de describir. He hecho de prostituta en la cárcel masculina de Alcalá Meco. Hemos actuado en templos como el Reina Victoria o el Johnny (CMU San Juan Evangelista). En centros culturales que se caen a pedazos. Bajo la lluvia y el frío en una antigua mina. Una vez estuve a punto de desmayarme en escena, otra casi me hago un esguince y en otra me cargué una silla. En fin, lo de menos es quedarte en blanco, que por supuesto también ha pasado. He llorado ante los aplausos del público y hemos hecho llorar. He tenido funciones grandiosas en las que entras en trance y otras en las que estás deseando acabar porque todo es un desastre. Adrenalina, pasión, agotamiento, furia. Eso es el teatro. Eso es la vida.

¿Quieres venir a vernos?

En el fondo no estamos tan mal:

  • 12 de noviembre, 19 h. Centro Cultural Los Rosales. Avenida Los Rosales 133. Bus 85 – Cercanías Villaverde Bajo.

Dinero:

  • 8 de diciembre, 20 h. Teatro Auditorio Federico García Lorca. C/ Ramon y Cajal 22 – Getafe. Cercanías Getafe Centro (C4).
  • 16 de diciembre, 19 h. Centro Cultural Hortaleza. C/ Santa Virgilia 15. Metro Parque de Santa María (L4).
Artículo de Clara Sánchez
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WASTED, tiempo al tiempo

El escenario de Teatro del Barrio está a tiempo parcial en julio ocupado por los espectadores de WASTED, obra de la actriz y poeta londinense Kate Tempest. El escenario, sí. Es una de las sorpresas en forma de ruptura de la cuarta pared que se van sucediendo en el trascurso de la representación. Y como son sorpresas, no decimos más.

WASTED es el retrato de tres amigos de 25 años que perdieron hace 10 al cuarto de la pandilla. Lo recuerdan y hacen balance de sus propias vidas. ¿La de Toni, el fallecido, habría sido diferente? Dani, Carlota y Edu, perdedores provisionales atrapados en rutinas y frustraciones, quieren creer (en principio), que sí. Si Toni pudo haber sido diferente, ellos también pueden llegar a serlo. ¿O no?

El cambio asociado a la madurez real, la que comporta tomar las riendas de la propia vida y conducirla adonde realmente se quiere llegar (iniciar un camino prometedor, al menos) es el paso al que se enfrentan los tres posadolescentes que monologan y se interrelacionan con textos llenos de su verdad, la de veinteañeros prematuramente estancados (para ellos es prematuramente tarde, como canta Josele Santiago en una canción de Los Enemigos). Tienen problemas reales y parecen amigos y más que amigos reales.

Se echa en falta, quizá, una mirada sobre los conflictos de los personajes desde un punto de vista externo, hay cierto ensimismamiento y determinismo (aunque la posadolescencia seguramente sea así) que resta amplitud a los mensajes. De hecho, si no estás en la mitad de tus veinte, sino que tienes algunos años más, te puedes sentir por momentos distanciado de lo que ocurre en… el escenario y alrededores. O a lo mejor lo que pasa es que no queremos acordarnos de cuando éramos así.

Muy recomendable seguir la trayectoria de los responsables de la adaptación y el montaje, Iván Morales e Íntims Produccions. Presente y futuro.

Hasta el 31 de julio.

Horario: 

De miércoles a sábado, 20:00.

Domingo, 18:00.

Precio: 12€.

Teatro del Barrio, calle Zurita, 20.

 

 

¿Qué hace Sara Gómez en Madrid?

La actriz extremeño-madrileña Sara Gómez (madrileña, madrileña, ¡nos la quedamos!) te sonará sobre todo de series como Bicho Malo (nunca muere) o  Gym Tony, pero también ha aparecido en películas (OmnívorosFuga de Cerebros) y en numerosas obras de teatro. No deja de trabajar sobre las tablas. Ahora puedes verla en las del Teatro Reina Victoria en Swingers, intercambio de parejas.

Microplán Madrid: Lavapiés, Letras o Salamanca, ¿con cuál de  de estos te identificas más?

Sara Gómez: Con La Latina. Aunque salgo más por Lavapiés… Me gusta más la multiculturalidad y los restaurantes que hay por allí.

MpM: En una barra madrileña, ¿caña, vermú o vino?

SG: ¡Caña! Bueno, caña por la tarde y un vinito blanco afrutado por la noche.

MpM: ¿Te gusta terracear en azoteas, en patios interiores o a pie de calle?

SG: Entre azotea o patio interior no sé con cuál quedarme… Las azoteas siempre te regalan una vista bonita, pero hay patios interiores con mucho encanto.

MpM: Si la cosa se pone castiza, ¿callos a la madrileña, bacalao rebozado o bocadillo de calamares?

SG: Bocadillo de calamares, ¡sin duda!

MpM: ¿Museo del Prado, Museo Reina Sofía o Museo Thyssen?

SG: Depende de las exposiciones. En el Thyssen hay cosas muy chulas, pero lo más fácil es que me encuentres en Matadero.

MpM: ¿Qué crees que ha hecho Madrid por ti?

SG: Yo soy extremeña, me vine siendo muy pequeña, y creo que Madrid es una ciudad que acoge muy bien a todo el mundo, aunque como toda gran ciudad es complicada y te tienes que adaptar… A mí me ha dado muchas oportunidades, me ha regalado mi segunda familia, que es la elegida, que son mis amigos y creo que Madrid tiene muchísimas zonas preciosas, una historia maravillosa, multiculturalidad, cada vez más aceptada. Sólo le falta la playa, ya se sabe.

MpM: Y ¿qué es lo último que has hecho en Madrid?
Sara Gómez: Pues lo último que he hecho es ir a una exposición en la Fundación Canal de fotografías de Vivian Meier. También me he pasado por Matadero y por uno de mis restaurantes indios favoritos de Lavapiés.

El sueño de una noche de verano: una comedia hipster en 3D

El sueño de una noche de verano es la comedia más representada de William Shakespeare. Esta vez, el director Darío Facal nos ofrece una versión desternillante pero un poco desigual. Hubo momentos realmente grandiosos, escenotes divertidísimos, como el apoteósico final en el que los cómicos representan la tragedia de Píramo y Tisbe. Una tragedia convertida en sainete gracias a la dirección aguda de Facal y al trabajo de la compañía, en especial de Agus Ruiz y Óscar de la Fuente.

Otro de los momentazos es el enredo de los cuatro enamorados en el bosque. El cachondeo está servido. Nos reímos de lo lindo con esas peleas imposibles, como de dibujo animado entre Hermia y Helena y Lisandro y Demetrio. Todo a un ritmo frenético y muy bien coreografiado. Una delicia.

No lo fueron tanto las escenas de Titania y Oberón. Se conoce que el director prefirió restar más importancia a esta parte de la trama. Desconozco si por una cuestión de tiempo (el montaje dura 1 hora y 40 minutos). En mi opinión fue una lástima. Eché en falta más desmadre en la parte en que Titania, hechizada, se enamora del actor convertido en burro.

También faltó más carne en el asador por parte de Puck. La interpretación de Emilio Gavira fue correcta, pero un poco decepcionante para un actor que suele ser una bestia en escena. Y para lo que se espera de un personaje como Puck. Su interpretación fue demasiado estática, seca y fría. Fue marca de la dirección, está claro. Se intentó darle un toque cómico con la forma de andar parsimoniosa. Pero no quedó bien marcado y al final el personaje no brilló. Quien sí lo hizo fue Alejandro Sigüenza como Oberón, con ese traje que parecía una sombra, y esa interpretación más corporal, danzarina y ágil.

De Carmen Conesa poco hay que decir. Tanto Gavira como ella aparecen en el cartel como reclamo y luego son los que menos peso tienen en la obra. Ni siquiera sus interpretaciones son reseñables. Es una lástima que Darío Facal no les haya exprimido más. Porque podían haber redondeado la obra.

Tampoco sacó mucho partido a las gafas 3D que nos repartieron junto con el programa de mano. Su objetivo era hacer que el público viera con otra perspectiva, como hacen los enamorados durante el hechizo. Ni me acordé de ponérmelas. Al final resultó un accesorio tan hipster como superficial.

No faltó el toque kitch en el atrezzo: animales disecados. Una lechuza, un zorro y un oso (muy parecido al que ponían en los escaparates de la tienda Natura). Para algunos la escenografía ha sido un acierto, para mí, un exceso (casi no se utilizaron los elementos de escena) y un batiburrillo. Demasiada pose, aunque bonito para Instagram.

En definitiva, una obra con luces y sombras. Con excesiva pretensión tal vez. El director podía haberle sacado mucho más partido. Aunque nos hizo pasar un buen rato, que no es poco.

Crítica de Clara Sánchez Sanz, comunicadora online y actriz en Teatro del Garabato

 

Hasta el 12 de junio.

Horario: De martes a sábado, 20:00, domingos, 19:00.

A partir del 1 de junio, de martes a domingo a las 20:00.

Precio: 22€. Martes, miércoles y jueves, 25% de descuento.

Matadero Madrid, plaza de Legazpi, 8.

A España no la va a conocer ni la madre que la parió

1982 y 2018. El salón de una casa. Dos generaciones de ¿izquierdistas? que discuten, entre otras cosas, sobre qué hacer con la vivienda (y, en 1982, también con su propietaria, una militante comunista que se ha atrincherado en el sótano para aislarse de lo que ocurra ante la inminente llegada del Partido Socialista al poder).

Desde la escritura de Lucía Carballal y Víctor Sánchez Rodríguez hay en esta obra una claridad de conceptos y una sutileza (cuando se requiere) a la hora de ponerlos de manifiesto más que sobresaliente. La dirección de Víctor Sánchez Rodríguez (supera aquí su brillante trabajo para Nosotros no nos mataremos con pistolas) y las actuaciones precisas de los actores de Wichita CO, incluso cuando se solapan las conversaciones o hay acciones a todo lo largo y ancho del escenario, juegan a favor del texto. ¿Todo bien? Sí, es la obra mejor trabada y más completa que he tenido la oportunidad de ver este año.

A España no la va a conocer ni la madre que la parió habla de cara (al menos en Teatro del Barrio) con y acerca de la izquierda, la ‘real’ y la ‘otra’ (sean lo que sean, estaremos de acuerdo en que existen, ¿no?). Hay humor, muchas veces del tipo que todos manejamos en la vida cotidiana (el que mejor se relaciona con el conjunto de lo que se ve y oye), no del efectista, y es interesante afinar el oído para distinguir entre el público las risas cómplices de las que denotan de fondo un “¿Esto va por mí?”.

En la primera parte, que transcurre en la noche electoral que certificó el ascenso al poder en España del PSOE, conocemos a una pareja integrada en La Movida, a otra formada por un soldador presuntamente ideologizado (‘izquierdista’) y pragmático y una mujer bien que proviene de una familia falangista, además de a una yonqui que acaba de volver de Londres.

Todos se mueven alrededor de las referencias explícitas o implícitas de la mujer que ahora vive en el sótano (la madre de la chica de La Movida y del soldador), de la casa y lo que en ella se vivió cuando el Partido Comunista de España era clandestino y  del barrio humilde en el que se encuentran. Confrontan nuevos y viejos valores, maneras de entender el futuro, la familia, lo que se hace y se quiere hacer, las razones para hacer o no hacer. Muestran sus diferentes estilos de vida… que es lo que son.

Sus hijos, en 2018, y en una España en la que Podemos lidera el Gobierno, se dedican a lo mismo: a ser su estilo de vida o pelear por el estilo de vida al que se quieren acoger, y a oponerlo o yuxtaponerlo al de los demás. Y, en lo concreto, a decidir qué van a hacer con la vieja casa de su abuela. Son una publicista, una poetisa, un emprendedor nostálgico de los 80 y los 90 y… alguien más.

Dos detalles: una de las nietas también ha vuelto (o más bien está intentando volver) de Londres y eso permite establecer unos interesantes paralelismos sobre las razones que quizá llevaron al personaje que regresa de la misma ciudad en 1982 a emigrar y a retornar y las que esgrime aquella, siendo dos personajes tan diferentes; y otro más decisivo: quien recoge las intenciones de la obra en un soliloquio final que enseguida vamos a resumir pseudoparafraseándolo es un tipo al margen, cercano a un trastorno similar al autismo, alguien del que se puede afirmar que carece de estilo de vida tal y como esta expresión toma cuerpo dentro de nuestro sentido común. Y lo que dice, traducido por nosotros es: “Cuando la ‘izquierda’ abandone el posmodernismo y renazca a partir de unas bases genuinamente nuevas, tendrá la oportunidad de ser genuinamente transformadora”.

 

Jueves 19, viernes 20, sábado, 21, miércoles 25, jueves 26, viernes 27 y sábado 28 de mayo de 2016.

Horario: 20:00.

Domingo 22 y 29 de mayo de 2016.

Horario: 18:00.

Precio: 14€ – 16€. 

Teatro del Barrio, calle de Zurita, 20.

Desde aquí veo sucia la plaza

Sátira y farsa por dramaturgia y un aire de teatro efímero, ambulante, en la concepción escénica. La lucha de un alcalde español de cualquier momento posterior a la entrada de España en la Comunidad Europea por preservar, porque sí y punto, la catarsis colectiva de las fiestas de su pueblo, ‘la volá’ de la cabra. Arquetipos: el cacique, las vecinas aferradas al pasado, el político trepa que se ha ido a la ciudad.

Con esos presupuestos y elementos, el director Chiqui Carabante y la compañía Club Caníbal han creado Desde aquí veo sucia la plaza, la primera parte de una trilogía crítica sobre la identidad ibérica diseccionada desde el humorLa obra se sustenta en las interpretaciones de Font García, Vito Sanz y Juan Vinuesa y la música y efectos de Pablo Peña, integrante del grupo Pony Bravo (entre otros).

Lo que aparece sobre el escenario es como un recuerdo recurrente de nosotros mismos, uno de esos que consiguen afectar al presente, en este caso perpetuando el sentido común de nuestros lares, que se retoca, se adapta, y por ello, no se cambia.

El alcalde quiere una ‘volá’ que Europa le niega y acabará, después del final (entenderás lo que queremos decir si ves la función), por comprenderse mucho mejor, a él y a nosotros. Y lanzará, en vez de a una cabra de un campanario, una reflexión que suena muy certera visto lo visto: España es un bucle de ridículo y vergüenza ajena. Unos hacen el ridículo y otros sufren la vergüenza.

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Artículo de Adrián P. G.

Marta Poveda, del escenario a Madrid

La actriz madrileña Marta Poveda es una contrastada robaplanos y robaescenas: aunque la veas en un papel secundario, te la llevas a casa de recuerdo. Ahora participa en la obra Los cuentos de la peste de Mario Vargas Llosa, en cartel en el Teatro Español.

Microplán Madrid: Lavapiés, Malasaña o La Latina, ¿cuál de estos barrios tiene más que ver contigo?

Marta Poveda: Cualquiera de los tres me tienta, pero me encanta la luz de La Latina.

MpM: Codo en barra, ¿qué prefieres, caña, vermú o vino?

MP: Vermú blanco con un pelín de gaseosa y vino blanco (con aceituna, claro) si es mediodía. Si es para cenar, tinto rico.

MpM: ¿Eres de terraza en azotea, en patio interior o a pie de calle?

MP: Patio interior con una iluminación cálida, me encanta.

MpM: Si te cuadra atacarle a la gastronomía castiza, ¿callos a la madrileña, bacalao rebozado o bocadillo de calamares?

MP: Me encantan los callos, y si me pones mollejas, también me las zampo.

MpM: ¿Es más fácil verte en el Museo del Prado en el Museo Reina Sofía o en el Museo Thyssen?

MP: A ver si llego a la de Impresionismo americano al Thyssen… Últimamente hay que ponerme negativos 😦

MpM: Dos preguntas abiertas para terminar: ¿Qué crees que ha hecho Madrid por ti?

MP: Regalarme gente fascinante, acceso a la cultura y abrirme las puertas de una casa preciosa: el teatro.

MpM: Y ¿qué es lo último que has hecho o estás haciendo en Madrid?

MP: Estrenamos Los cuentos de la peste en el Teatro Español. Espectáculo perfecto para huir de la realidad sin salir de Madrid.

‘Fausto’ de Tomaz Pandur

Tomaz Pandur (dirección), Livija Pandur, Tomaz Pandur y Lada Kastelan (versión). Así empiezan los créditos del equipo artístico de Fausto, la reinterpretación de la obra de Goethe que protagoniza la actual fase de la programación del Centro Dramático Nacional en el teatro Valle Inclán.

Reinterpretación, reinvención, transmutación… Tomaz Pandur y Goethe no se disputan la poética y la narrativa del espectáculo. El director esloveno ha generado una nueva poética para confrontar el mito y ha (casi) anulado la narración . Explica a través de sus actores antes del final de la primera parte su poética y la imposibilidad (¿?) de contar sobre un escenario (todo) el Fausto de Goethe.

Fausto TomazUna obra de director de teatro y no de autor, vale: la escenografía, brillante; el concurso y la intensidad en la defensa de su papel de los actores (Víctor Clavijo, Ana Wagener, Roberto Enríquez, ¡grandes!), con y sin frase, instrumento o micrófono, muy logrados; pero el ritmo de la palabra y su capacidad para estimular en los espectadores un reflejo de lo humano, del bien y del mal y su interrelación no aparecen en los monólogos y diálogos farragosos que se suceden. La simbología utilizada tampoco ayuda. Te pierdes y solo te encuentras en la forma, que es la que te provee de las sensaciones (¿y las reflexiones?) que podrían haber emanado de la reinterpretación, reinvención, transmutación del texto de Goethe.

Fausto de Thomas Pandur es una obra visualmente muy atractiva y se agradece el riesgo que han asumido los que la han puesto en pie. Y además de verse, se escucha (palabras aparte) y hasta se huele con curiosidad por lo que vendrá después. “Nos hemos quedado patidifusos”, dice una señora a nuestra espalda después de los aplausos. Pues sí, en todos los sentidos.

 

Hasta el 11 de enero de 2015. 12 € – 19 € – 24 €. Descuentos de hasta el 50%.

Horario:

De martes a sábados: 20:30 / Domingos: 19:30.

Teatro Valle Inclán, plaza de Lavapiés, s/n.

Teatro Valle Inclán

La anticomedia de Ignatius Farray

Anuncian que la función va a empezar en 3 minutos y justo entonces aparece en el escenario Ignatius Farray, también conocido como el Loco de las Coles o el Loco de los Melones, uno de los secundarios de La Hora Chanante, monologuista de bares y salas pequeñas, protagonista de la serie El fin de la comedia, director de cortometrajes y más cosas.

Para empezar, el cómico muestra su asombro porque le dejen actuar en el Bellas Artes. Bromea con las amigas de Teruel de su novia, presentes en el patio de butacas. Sigue entrando gente. Los saluda. Les asegura que no se han perdido nada. Nos promete que no habrá otro principio, ni un desarrollo más convencional, ni un final. Cada uno puede irse cuando quiera, aquello no va a mejorar. Muchos no nos vamos a reír, dice. Se subirá a la olas de las risas, del tamaño que sean, para aguantar. Por lo demás, no todo tiene por qué tener gracia.

La exmujer de Ignatius, Juan Echanove, Rosa Díez y una propuesta de saludo sexual que sustituya los apretones de manos protagonizan los framentos de monólogo elaborados. Lo demás va ocurriendo. Aguantar. Risas, muchas, y algunas caras de palo. Escatología sin cuarta pared. Se va una familia entera. Y más gente.

No hay final y ya no se va nadie. Ignatius saluda sexualmente al espectador con el que más ha interactuado. Se baja del escenario y sale de la sala con los fieles pisándole los talones. ¿La función ha sido algo así como el ensayo de un monólogo de Leo Bassi? Algo así.

Por nuestra parte, nos hemos dedicado a aguantar y a reír.

Hasta el 17 de enero de 2015. 15 € patio de butacas y delantera anfiteatro. 10 € resto anfiteatro.

Horario:

Sábado 13 de diciembre y sábado 17 de enero: 23:00.

Teatro Bellas Artes, calle del Marqués de Casa Riera, 2.

BellasArtes

‘Donde hay agravios no hay celos’

Durante el reinado de Felipe IV el teatro se representaba para la realeza y la aristocracia en salas y escenarios a la italiana, como los habilitados en el Real Alcázar de Madrid y el Palacio del Buen Retiro, y en corrales de comedias ante un público variopinto.

Donde hay agravios no hay celos, obra de Francisco de Rojas Zorrila estrenada en 1637, saltó de las primeras a los segundos y no se apeó de todo tipo de escenarios hasta el siglo XIX. En el siglo XVIII fue el texto del autor que más resonó en Madrid: se realizaron con él casi 200 montajes diferentes.

La Companía Nacional de Teatro Clásico lo ha recuperado en su sede temporal (ya queda poco para que reabra el Teatro de la Comedia, dicen desde hace mucho), el Teatro Pavón, un marco art decó por fuera y ni fu ni fa por dentro que no te pone en situación.

Helena Pimenta, la directora de la CNTC, ha elegido una escenografía típica del siglo XVII (más de corral que de palacio), para esta versión de la obra realizada por Fernando Sansegundo, uno de sus intérpretes. Comienza la función con casi todas las butacas ocupadas. Entonces conocemos los agravios y los celos de un noble y soldado que llega a la corte para casarse y a quien le surge la posibilidad de vengar una ofensa a su hermana y de descubrir si su prometida le es fiel. Se suceden los enredos bajo las convenciones de las comedias de la época hilvanados por un verso ágil y eficaz, bien restaurado.

A recursos que entonces se utilizaban para mantener la atención de la audiencia, como las canciones y los combates a espada, se les han aplicado filtros diferentes: por ejemplo, cuando los personajes cantan se producen coreografías e iluminaciones propios de un tipo de dramaturgia contemporáneo y cuando pelean, lo hacen como desde siempre, apartes incluidos.

En la misma línea, Pimenta ha decidido utilizar tonos diferentes para definir las interpretaciones de los actores. Entre los extremos marcados por el histrionismo gestual y de timbre de Clara Sanchis, que  muestra una versatilidad asombrosa (pero ¿por qué tenemos que asistir a toda su amplitud?); y la templanza y la proyección natural de su voz de Rafa Castejón, por otra parte menos brillante que otras veces (su personaje tampoco le ayuda), quien sale mejor librada es Marta Poveda, que además acapara la modernidad de Rojas Zorrilla respecto al tratamiento de los personajes femeninos y de las clases populares en su teatro: representa con gracia y verdad a una criada inteligente que sabe dirigir sus pasiones y reflexionar sobre los conflictos de los nobles más allá de la bufonada. Y tiene a su disposición un potente soliloquio.

El conjunto genera regustos contradictorios, una sensación de paisaje mezclado. Y al final, como literalmente no podría ser de otra forma en cualquier versión de una obra del Siglo de Oro, el honor se resuelve al gusto de los primeros espectadores de la obra, los reyes y compañía, y se restablece el orden social. Quienes copaban el patio de los corrales de comedias (que eran gestionados por cofradías religiosas) celebraban con aplausos el sentido común acrítico que les inculcaban. Pero Rojas Zorrilla (y otros) les abría resquicios para burlarse de los arquetipos o figurones que creaba y mirarse en  el nuevo retrato de las mujeres y el pueblo llano que proponía.

El público de hoy ríe y aplaude, lo pasa bien. Nos animamos a suponer, con mil perdones por delante, que el sentido común de muchos de los que lo conforman les lleva a creer que asistir a una representación de teatro clásico es una de las opciones de ocio cultural más apolíticas a su disposición.

 

Hasta el 14 de diciembre de 2014. 20 € entrada general. 10 € los jueves y las entradas con descuento.

Horario:

De miércoles a sábados: 20:00 / Domingos: 19:00.

Teatro Pavón, calle de Embajadores, 9.

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