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Visita a los cementerios de la Almudena y Civil

La necrópolis o cementerio del Este se crea bajo la influencia higienista que reforzaba lo que ya se había intentado en el reinado de Carlos III y empezado a realizar en el de José Bonaparte, la construcción de camposantos fuera del núcleo urbano de las ciudades españolas. En 1868 los cementerios pasan a ser de titularidad municipal y en 1876 el ayuntamiento de Madrid saca a concurso la edificación de este complejo funerario.

El concurso lo ganan los arquitectos Fernando Arbós y Tremanti y José Urioste y Velada, gente de apellidos y criterio estilístico compuestos: el cementerio se empieza a construir en 1878 en trazas modernistas, neomudéjares y protoeclécticas. Vivo ejemplo es la portada del recinto (imagen que encabeza estas líneas).

En 1884 se habilita de urgencia un espacio que se va a denominar cementerio de la Almudena dentro de la necrópolis en obras con el objetivo de enterrar a los fallecidos por la epidemia de cólera que se había desatado ese mismo año. La necrópolis del Este, cuya construcción se prolongaría en una primera fase hasta 1925 (se produjo una ampliación en 1955) acabaría englobando al cementerio de la Almudena y también el cementerio Civil, del que enseguida te contaremos lo que corresponde.

En las siguientes fotos puedes ver cómo son algunos de los edificios de servicio del cementerio que hoy todos los madrileños conocemos como de la Almudena y que se corresponden con el proyecto original (las dos primeras); y la capilla modernista y neomudéjar que diseñó Francisco García Nava en 1905 de acuerdo a aquel y que no se inauguraría hasta 1925.

Entrada al cementerio de la Almudena

Cementerio Almudena edificio mantenimiento

Capilla del cementerio de la Almudena

Es muy interesante el paseo entre mausoleos y tumbas.

Mausoleo del cementerio de la Almudena

Mausoleo del cementerio de la Almudena

Ahí va el origen del cementerio Civil: una Real Orden de 1883 impone que las poblaciones españolas de más de 600 habitantes deben crear cementerios civiles separados de los católicos. Por ello, desde 1884 Madrid cuenta con un cementerio para ateos y difuntos de diferentes confesiones religiosas separado de la primitiva necrópolis del Este por la actual avenida de Daroca, antiguo camino a Vicálvaro.

El cementerio Civil alberga los restos de personajes relevantes de la cultura y la política españolas como los escritores Pío Baroja y Blas de Otero, el fundador del PSOE y la UGT Pablo Iglesias o el presidente de la Primera República Pi y Margall. Algunos de los mausoleos se hicieron con marcada intencionalidad ideológica, como el dedicado a los librepensadores o el del mismo Pablo Iglesias, que te traemos aquí.

Mausoleo de Pablo Iglesias en el cementerio Civil

Destaca en el conjunto la tumba monumental del citado Pi y Margall. En nuestra foto despide arcoiris, qué curioso.

Mausoleo Pi y Margall en el cementerio Civil

Algunos de los inhumados en el cementerio Civil fueron removidos de otros cementerios para ser trasladados y homenajeados aquí: Nicolás Salmerón, Francisco Largo Caballero

Más difícil de visitar es el cementerio Hebreo de Madrid , que comparte una tapia con el Civil y tiene dos puertas propias.

  • Cementerio de la Almudena 

Horario:

1 de abril a 4 de noviembre: de 8:00 a 19:30.

5 de noviembre a 31 de marzo: de 8:00 a 19:00.

Avenida de Daroca, 90.

  • Cementerio Civil

Horario:

1 de abril a 4 de noviembre: de 8:00 a 19:30.

5 de noviembre a 31 de marzo: de 8:00 a 19:00.

Calle Nicolás Salmerón, 2.

Vistazo atrás (II)

Vámonos hasta 1870 haciendo escala en 1930. En la imagen de portada aparece la plazuela de Antón Martín tal y como fue retratada en el segundo año mencionado. En 1870 la cosa era bastante diferente.

Fuente de la Fama en Antón Martín

En el centro de la plazuela estaba la fuente de la Fama, obra de Pedro de Ribera de 1732. A la derecha, el café de Zaragoza, inaugurado en 1866 y que sigue estando presente en la fotografía 60 años posterior, pero muy degradado y atisbando ya su cierre. Al fondo, en la calle Atocha, lo que ves es la iglesia del real colegio de Nuestra Señora de Loreto (Juan Gómez de Mora y Pedro Lázaro Goiti, 1654), demolido poco después. La fachada lateral del colegio daba a la plaza de Matute, y junto a ella estuvo una de las casas de Cervantes en el Barrio de las Letras.

La farmacia del Globo, a la izquierda en la imagen superior, no se ve en la foto de 1870 porque el ángulo desde el que fue tomada lo impide, pero fue fundada ese mismo año… Y ahí sigue.

La fuente de la Fama está ahora en los jardines del Arquitecto Ribera, a espaldas del museo de Madrid, después de un breve paso por el parque del Oeste a principios del siglo XX.

¿Otro vistazo atrás?

La casa de Tócame Roque

¿Conoces la expresión madrileña ‘Esta es la casa de tócame Roque’? Es bien viejuna, y no es que se oiga todos los días, pero todavía se utiliza a veces para indicar que en una vivienda hay siempre mucho follón, o que en ella cada cual hace lo que le da la gana.

Pues resulta que la casa que le tocaba o no a Roque existió. Era una de las viviendas de la corrala que se edificó en el s. XVIII en el esquinazo de las calles Barquillo y Belén. Parece ser que en el último tercio de aquel siglo murió el propietario de la vivienda en cuestión, y sus hijos Roque y Juan se pelearon en ella por la herencia gritando: “¡La casa tócame a mí, Juan!” “¡Tócame a mí, Roque!”.

En la corrala hubo muchas más trifulcas y por ello Don Ramón de la Cruz situó en ella el sainete ‘La Petra y la Juana o El buen casero’ (1791), conocido enseguida entre el público como ‘La casa de tócame Roque’.

En 1850 la corrala fue derribada con la oposición violenta de los vecinos, que no querían despedirse del inmueble sin hacer honor a su fama. El edificio que ves en la foto se construyó en el solar donde estuvieron las casas de Roque y compañía.

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Adrián P. G.
Coordinador de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

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Vistazo atrás

Érase que se era un callejón, denominado de Panaderos y después de los Peligros, que comunicaba la carrera de San Jerónimo con la calle de Alcalá. Se opera entre 1867 y 1882 su ensanchamiento hasta los 22 metros y se la ennoblece, ya bajo el nombre de calle de Sevilla, con la construcción del palacio de la Equitativa (1887-1891) y el edificio del banco Hispano Americano (1902-1906). Ambas edificaciones, después de haber sido declaradas Bienes de Interés Cultural, han visto revocada parcialmente su protección y se ha procedido a su vaciado (ahora son pura fachada).

Así paseaban los madrileños el lugar en 1902:

Calle Sevilla

Al fondo, en el centro, en la esquina de las calles de Alcalá y de la Virgen de los Peligros, estaba el café de Fornos (1870 – 1908), uno de los más afamados de su época, lugar de tertulia de intelectuales y políticos. Hoy es un Starbucks. A la derecha estaba, y ahí sigue, la iglesia del antiguo convento de las Calatravas (1670 – 1678).

La calle de Sevilla desde la de Alcalá en 1906:

Calle SevillaY así hemos empezado una serie basada en el pasado fotografiado de Madrid (y lo que ha sido de él) que publicaremos regularmente. La foto de portada de esta microsección siempre contendrá un espacio y un tiempo diferentes a los del vistazo atrás en cuestión y será en nuestras redes sociales donde te contaremos qué es lo que aparece en ella. ¿Te animas a buscar la primera?

Secreto a la vista en Fuencarral

Si eres de madrileñear, tienes sí o sí visto en la calle de Fuencarral esquina con la de Augusto Figueroa un cubo de ladrillo marrón. Es un humilladero de 1712.

Los humilladeros eran pequeñas capillas situadas normalmente en el principio o final de un camino (como el que comunicaba Madrid con el pueblo de Fuencarral). Su denominación, fíjate qué bien traída, procede del hecho de que los fieles se inclinaban o arrodillaban en señal de humildad ante el lugar o en su interior. Quienes entraban o salían de la ciudad se encomendaban a la virgen o el santo del humilladero en busca de buena fortuna en su viaje o en las gestiones que venían a hacer a la capital.

Los Ruiz de Luna decoran Madrid

Si una cena se pone bizarra, siempre puedes tirar de frikismo madrileñista para levantarla o para que te levanten de la mesa y te enseñen el camino hacia la puerta. Tú verás y tú medirás… Nosotros te prestamos un vistazo a una obra de Juan Ruiz de Luna y una nota sobre su nieto más célebre para que te explayes.

Juan Ruiz de Luna fue un ceramista nacido en Noez, Toledo, que dejó la empresa paterna de castañuelas y otros objetos artesanos para encontrar su vocación en Talavera de la Reina, donde se dedicó a recuperar, con Enrique Guijo y en solitario, la tradición artística de la localidad. Sus decoraciones sobre cerámica cobraron fama en Madrid, donde acabó abriendo una tienda en la calle de Floridablanca. Desde allí y desde aquí pergeñó (si quieres que te larguen, cuéntalo con este verbo) diferentes intervenciones en edificios de viviendas, una vaquería o la farmacia de la Reina Madre (la más antigua de Madrid, ubicada en la calle Mayor).

Colaboró en la decoración de dos edificios de la calle de San Bernardo diseñados por José Antonio de Agreda. Uno es el del número 117 y el otro, al que vamos a echar una ojeada, se abre detrás del número 67. En el vestíbulo hay escenas quijotescas del patriarca de los Ruiz de Luna pintadas sobre cerámica en 1926.

Ruiz de Luna

Ruiz de Luna ¿Te trae recuerdos visuales el estilo y la tipografía de la firma del ejecutante? Su nieto Alfredo Ruiz de Luna pintó las placas del distrito centro de Madrid que sustituyeron a sus antecesoras de chapa entre 1991 y 2013. Sí, son esas que tratan de explicar gráficamente el origen de la calle en la que se encuentran. ¡Cuéntalo si eso…!

Artículo de Adrián P. G.
Coordinador de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

El agua pasada de la Fuente del Berro

Algo queda de todo lo que fue el actual parque de la Fuente del Berro. El espacio siempre lo regaron aguas variadas, las del manantial que le da nombre, conocido desde el siglo XV y encauzado a principios del XVI, y las del arroyo Abroñigal y otros caudales menores.

Berros habría y hubo huertas, viñas y arboledas como para conformar una quinta, la de Miraflores, a principios del siglo XVII. Su propietario, el condestable de Castilla y duque de Frías Bernardino Fernández de Velasco, se la vendió a Felipe IV en 1631 en el mismo proceso de creación o mejoramiento de reales sitios en los alrededores de Madrid del que surgió el palacio del Buen Retiro. Menos de diez años más tarde, el monarca cedió la finca a los benedictinos castellanos expulsados del monasterio de Montserrat de Barcelona como consecuencia de la revuelta de los Segadores, pero conservó el derecho de uso de la fuente, cuya agua se hacía llevar al alcázar de los Austrias (ubicado donde hoy se levanta el palacio Real) para su consumo diario.

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La realeza siguió apreciando el agua de la fuente del Berro durante dos siglos más. Mientras tanto, la antigua quinta pasaba de las manos de la adelantada de Costa Rica María Trimiño  a las de los mercedarios calzados y de estos, en 1800, a las de Martín Estenoz, que ordenó cercar la finca con un muro que se conserva hoy parcialmente.

La fuente había sido protegida por Carlos III con una casilla. El rey ilustrado se hacía llevar su agua a Aranjuez, El Pardo, La Granja… Entonces tenía tres caños, uno para surtir a los reyes, otro para uso del pueblo y un tercero que abastecía a la quinta.

El agua siguió manando durante el periodo, a principios del siglo XX, en el que se instala un parque de atracciones intramuros (la fuente siempre estuvo fuera) con una montaña rusa, caballitos, un velódromo, una sala de tiro al blanco  y un restaurante de lujo que se instaló en el antiguo palacete, entre otros elementos. Y también cuando en los años 20 los Van Essghen, un matrimonio holandés, recuperaron la casona para uso residencial y celebraron fiestas en los jardines a las que acudía la burguesía madrileña más pudiente y el mismísimo Alfonso XIII.

Centro Cultural Fuente del BerrofuentejardinesParque de la fuente del Berro

Por entonces hacía décadas que el agua de la fuente del Berro se consideraba demasiado basta en comparación con la del Lozoya que traía a la capital el canal de Isabel II. Era agua pasada y estaba a punto de dejar de brotar.

El parque se conformó como tal en 1946, cuando el ayuntamiento de Madrid adquirió los terrenos históricos de la quinta. Lo abriría al público en 1954 tras haber realizado obras para que el palacete albergara el museo arqueológico de Madrid,  aunque finalmente se transformó en un centro cultural.

Más sobre menos agua: el arroyo Abroñigal sobrevive parcialmente bajo la M-30.

  • Parque de la Fuente del Berro.

Calle de los Peñascales, s/n.

Peñascales

La cárcel de Lavapiés

He aquí (léase: en la imagen de portada) una amable corrala del barrio de Lavapiés restaurada hace tres años. Hoy es un centro de mayores del Ayuntamiento de Madrid, pero a lo largo de los siglos ha albergado viviendas, una taberna, el taller de un zapatero, una tahona… y una cárcel de la Inquisición. Centrémonos en el último uso mencionado.

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El solar del edificio aparece en la topografía de Madrid que realizó Pedro Texeira en 1656 con las mismas dimensiones que tiene actualmente. Ya por entonces, y quizá desde finales del siglo XVI, pudieron hallarse entre sus muros las celdas de la llamada cárcel de la Corona, una de las que utilizaba la Santa Inquisión en Madrid. Lo que es seguro es que en el siglo XVIII y hasta 1820, cuando se abole la Inquisición, muchos presuntos herejes o inmorales pasaron en este lugar unos ratos de los que apetecen poco. Durante un breve tiempo, después de 1820, la cárcel siguió en uso, gestionada por el Estado. Y entonces un sacerdote pasó allí unos ratos regulares y, sin embargo, más breves de lo que seguramente le habría gustado. Hablamos de Matías Vinuesa, el Cura de Tamajón.

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Cuentan los archivos y las crónicas que en 1821 este tipo, capellán de honor del rey Fernando VII, urdió un plan para derrocar al gobierno del Trienio Liberal (1820 – 1823 ) y recomponer el absolutimo en España. El asunto salió a la luz y Vinuesa fue condenado a 10 años de prisión en la Cárcel de la Corona. Un sector del pueblo de Madrid, azuzado o por radicales liberales o por reaccionarios que querían asustar a las élites conservadoras, decidió que la pena era demasiado leve, irrumpió en la prisión y mató al preso en cuestión a martillazos, golpes de sable y tiros. Lo mataron mucho, sí.

Da la casualidad de que la calle de la Cabeza, donde se encuentra el edificio al que estamos echando un vistazo, recibe su nombre de una leyenda en la que otro religioso es degollado por su mancebo. Nos explayamos sobre ese asunto habitualmente en vivo y en directo.

Las antiguas mazmorras de la Cárcel de la Corona son visitables. Los calabozos, que han perdido las rejas de cierre, se abren desde un único pasillo y están comunicados por una especie de ojos de buey atravesados por cruces de hierro.

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Adrián P. G.
Coordinador de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com
  • CMM Antón Martín, antigua cárcel de la Corona.

Calle de la Cabeza, 14.

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Modernismo en Madrid: Casa Pérez Villaamil

En la calle Mayor, Gran Vía, la cava de San Miguel, la plaza de España o el barrio de Salamanca puede rastrearse la influencia del modernismo como movimiento arquitectónico en Madrid. Aparece relacionándose con otros estilos, sobre todo el eclecticismo y el tradicionalismo regeneracionista.

Se considera que los dos únicos ejemplos puros de arquitectura modernista en nuestra ciudad son el palacio Longoria (hoy, sede de la Sociedad General de Autores), obra de José Gracies Riera, condiscípulo de Gaudí, y el edificio de viviendas que el arquitecto Eduardo Reynals construyó entre 1906 y 1908 para el ingeniero Enrique Pérez de Villaamil en la plaza de Matute, en pleno barrio de las Huertas (Musas, Letras).

Hemos tenido la oportunidad de conocer el interior de la Casa Pérez Villaamil, así que procedemos a compartir nuestra experiencia.

Al otro lado de la puerta que da acceso al inmueble nos topamos con dos faroles de forja art noveau, molduras y pinturas florales, elementos de los que veremos diferentes formulaciones enseguida. Un farol similar, pero de mayores dimensiones, iluminaba el exterior hasta que fue robado y robado y robado y la comunidad del edificio se cansó de reponerlo.

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Escaleras arriba reverberan las vidrieras de Maumejean entre la marquetería y dentro de un marco curvo en el extremo superior y a juego con los escalones en el inferior, una organización que refuerza la asimetría de las ventanas.

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Hay una vivienda por planta. En el cuarto, que comunica con el ático ajardinado, vivió Pérez Villaamil. Más curvas y más reinvención del equilibrio estético en el baile de la decoración en espejo con la dispar en la forja de las puertas.

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El ascensor no es el original. Sin embargo, los herrajes y la estructura que sostiene el que utilizan ahora los vecinos sí lo son. Por cierto, estos son de los pocos que pueden decir que viven en un Bien de Interés Cultural. ¡Suertudos!

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Artículo de Adrián P. G.
Coordinador de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

 

  • Casa de Pérez Villaamil

Plaza de Matute, 10.

Plaza Matute

Se cierra otro capítulo de la historia de Madrid

Nos ha apetecido colocar como imagen destacada de esta entrada de nuestro blog la de una bodega y taberna, La Ardosa de Chamberí, de principios del siglo XX, que merece un vistazo, una crítica y una mención como barra de las buenas: es todo un microplan en sí misma, pero hoy la convocamos como ejemplo de lo poco que queda de un Madrid castizo sin caspa, el que más nos gusta.

Desde los años 60 han desaparecido de nuestras calles centenares de tabernas, casas de comidas y bodegas tradicionales. La mayoría provenía del siglo XIX y de la primera mitad del XX; algunas tenían un origen incluso anterior.

Se conservaban y yuxtaponían en ellas, además de las vivencias, el habla y las costumbres de diferentes generaciones de madrileños, barras de estaño y madera de nogal, roble o caoba labradas a mano, espejos, relojes, saturadoras o grifos realizados con materiales y técnicas de los que eran un documento vivo.

Taberna Eugenio Humanes EmbajadoresComo sucedió con la taberna de Eugenio Humanes (foto de arriba) de la calle de Embajadores, fundada a finales del s. XIX y desmantelada a principios de los 90 o con Casa Ramón (la siguiente foto, claro), que abrió sus puertas de la calle Echegaray a principios del siglo XX y las cerró (¿para siempre? ¿Alquilamos?) casi 100 años después, la taberna y restaurante Casa Domingo Nieva (1940-2014), situada en la calle de Toledo, no ha resistido el paso del tiempo y los avatares de sus propietarios, y el cese de su actividad nos ha dejado sin un trocito de historia madrileña con el que interactuar.

Casa Ramón Barrio LetrasSiempre recordaremos el cocido que servían en el comedor del piso de arriba, el que había mantenido el estilo original del local y… ¡el autógrafo de don Pimpón que colgaba de una de sus paredes!Don Pimpón La Latina