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Expo en la Imprenta Municipal + el mejor bacalao rebozado de Madrid

La Imprenta Municipal es uno de los micromuseos de Madrid que más merecen visita recurrente. El edificio racionalista de los años 30 que se construyó para la institución cuando funcionaba como imprenta del Ayuntamiento de Madrid ya pide un vistazo. Otro más largo hay que dedicarle a los fondos permanentes de la Imprenta Municipal que, en su planta baja, a través de herramientas de impresión históricas muestran las técnicas que se han utilizado desde el siglo XV hasta el siglo XX para producir todo tipo de publicaciones. Además, es el espacio en el que se desarrollan talleres profesionales de impresión tipográfica, encuadernación artesanal, encuadernación artística y restauración.

Papel, pluma, tinta, plomo, edición…una muestra de impresión en la Imprenta Municipal

La planta superior acoge expos temporales relacionadas con distintos aspectos de lo que rodea al sector de la edición. Hasta el 14 de octubre alberga Papel, pluma, tinta, plomo, edición…una muestra de impresión [gratis todos los días], selección de piezas de la Colección Del Olmo & Vilas, incorporada recientemente al patrimonio municipal madrileño. El conjunto completo consta de setenta mil trescientas setenta y una piezas, entre libros, folletos, carteles, calendarios, prospectos, muestrarios de papel, plumas, prensas, imprentas, chibaletes, objetos de escritorio, escribanías, etcétera.

Lo más relevante de la colección es la biblioteca, compuesta por obras sobre la imprenta, la escritura y caligrafía y la edición de los siglos XVI – XX.

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Los comisarios de la expo son los propios donantes de las obras, Javier García del Olmo y Esther Vilas Toledo. Han elegido para la ocasión cientos de piezas representativas de su erudición coleccionista en el campo de las Artes Gráficas.

Casa Revuelta o el mejor bacalao de Madrid

Las tabernas tradicionales de la estirpe de Casa Revuelta tienden a la superespecialización en un producto o plato. El bacalao rebozado [3 € por tajada] de este pequeño enclave castizo es bien conocido por todos los comilones madrileños aficionados a los clásicos gastronómicos de la ciudad. De carne tierna pero firme, es decir, en su punto, el bacalao o de Casa Revuelta se sirve desespinado y envuelto en el color oro mate que le confiere su rebozado fino y casi crujiente.

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El bacalao rebozado de Casa Revuelta es un imprescindible de Madrid. También recomendable para conocer la idiosincrasia tabernera de la ciudad es probar sus callos a la madrileña (solo los proponen los miércoles durante todo el día y los jueves a mediodía y no tienen morro, ay) y sus torreznos.

De beber, chatos [0,80 € cada uno]de la frasca o cañas bien tiradas.

Microplán 60 min: Visita a la exposición ‘Papel, pluma, tinta, plomo, edición…una muestra de impresión’ (30 min) + trayecto a pie (5 min) + degustación de una tajada de bacalao y un chato de blanco en Casa Revuelta (25 min) = 3,80 € por persona

Si tienes más tiempo:

Muy cerca de Casa Revuelta hay otra taberna de esas con mucho poso: la cientocincuentenaria Bodegas Ricla.

Adrián P. G.

Coordinador de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com
Editor, redactor creativo y SEO, social media manager

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Degustatapas del Gastrofestival Madrid 2016

Experiencias gastrosensoriales, gastrosalud, gastrofashion, enocultura, ruta golosa, ruta del café… La oferta del Gastrofestival 2016, el mayor evento foodie de los que se celebran anualmente en nuestra ciudad, es amplia y variada.

Tirando por lo micro, cómo no, vamos a reseñar aquí la actividad de botellineo + pincho que forma parte del programa: Degustatapas. Por 3€ te puedes aplicar un quinto y una tapa creada exclusivamente para la ocasión en las barras de diferentes bares, tabernas y restaurantes de Austrias, Chueca, Barrio de Salamanca, Malasaña, Lavapiés, Sol-Gran Vía, Salesas, Chamberí y otras zonas.

Es una ocasión pintiparada para disfrutar de la micropropuestas del restaurante Sanxenxo, la taberna Jurucha o la sidrería Casa Antonio, por ejemplo, sin vaciar la cartera. Y si haces ronda y te la sellan, quizá… ¡premio! Pide tu ‘pasaporte’ en el primer local que cates, a ver si hay suerte.

En Lhardy ofrecen unos buñuelos de tuétano que son como ves:

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Hasta el 7 de febrero. 3€ botellín + tapa.

Horario: variable según el establecimiento.

Hattori Hanzo, la taberna 100% japonesa

El mítico ninja del clan Iga (vivió en el siglo XVI, no es el forjador de katanas de Kill Bill vol. I), servidor de Tokugawa Ieyasu, quien se convertiría en el primer shogun o gobernador del shogunato Tokugawa de Japón, da nombre a esta izakaya o taberna típica japonesa.

El establecimiento tiene barra, mesas tipo yatai (puesto de venta ambulante) y un pseudotatami con truco, porque debajo de las mesas se abre el hueco para las piernas. Se trata de una recreación matizada de distintas propuestas hosteleras de Japón, pero bien integradas y con un conseguido aire de autenticidad.

Domina el espacio la barra con grifos (¡sí!) de cerveza Asahi y Kirin Ichiban y decorada con arte urbano a lo nipón.

HH1 Rodamos y resbalamos por el suelo de madera, nos acodamos y nos dejamos guiar por los camareros, muy amables y acertados en sus recomendaciones. Veníamos sobre aviso: los nigiris y los makis no son comida callejera japonesa y, por lo tanto, no tienen cabida en la carta de Hattori Hanzo.

Cuando nos acabamos el aperitivo de edamame llega la tapa de foie de rape.

hh2Para disfrutarlo a fondo hay que combinar todos los sabores del plato, el hígado los necesita para dar lo mejor de sí.

El tataki de atún también aparece bien acompañado, los puntos de salsa, que incorporan la soja en plano medio, no están de adorno en absoluto.

Dan ganas de pedir que traigan el resto del pez elaborado de la misma manera.

Seguimos con un okonomiyaki coronado por tiras de atún deshidratado que bailan al calor de la masa (se levantan y retuercen).

hh4Ojo, es una ración grande y la harina y el huevo de esta tortilla o pizza japonesa, como se la suele apodar, le confieren mucha contundencia.

Las gyozas a la plancha, con el relleno de cerdo y verduras que casi se transparenta a través de la envoltura, están cocinadas con tal sutileza que puedes diferenciar todos sus ingredientes.

Una maravilla comer este plato cuando lo han hecho en el día, como es el caso.

Una de las estrellas de la carta son las brochetas, preparadas en una robatta o barbacoa de carbón (conviene asomarse a la cocina).

hh6La de pollo marinado con wasabi natural es excelente y la de anguila no tiene nada que ver con ninguna  otra que hayamos probado por su textura, ni rasposa ni chiclosa, y gusto, sencillamente impresionante.

De postre, dorayaki de judía verde y chocolate. Sí, el favorito de Doraemon.hh7En Hattori Hanzo se está bien y se come mejor. Recibes muchos estímulos positivos, se basa en un concepto que han sabido configurar adecuadamente, el servicio es tan desenfadado como preciso, que es lo que corresponde, y la cocina te ofrece ‘el otro Japón gastronómico’ con garantías.

 

Precio medio: 25 – 30 € por persona.

Horario:

Lunes a jueves : 13:30 – 16:30 y 20:30 – 00:30 / Viernes y sábados: 20:30 – 1:30. Domingos cerrado.

Calle de Mesonero Romanos, 15.CalleMesonero

La experiencia Ricla

Bodegas Ricla fue una tienda de vinos entre 1867 y 1910, y desde entonces hasta siempre, esperamos, ha sido, es y tiene todo para seguir siendo un tabernón con mucho en muy poco espacio: dos grifos de bronce, una barra de estaño, dos barras de mármol travertino, la columna de hierro fundido original del edificio en el que está ubicado, los callos que hace la matriarca del lugar a fuego lento todas las mañanas y…

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Y la experiencia Ricla, entrar en el juego que reparte la familia Lage desde detrás de las barras, Ana María a los fogones (a la vista) y sus dos hijos templando y mandando en las conversaciones mientras despachan vinos seleccionados con cuidado, cañas correctas y uno de los mejores vermús de Madrid.

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El local sufrió su última reforma profunda después de la Guerra Civil, pero mantuvo el nombre, Ricla, el del pueblo aragonés de quienes lo  abrieron al público, y  la luz amagada de las bodegas y tabernas del siglo XIX.

Si no eres de callos, tírale al bacalao en aceite o a los embutidos, todo a precios medios.

Lo escrito más arriba: ¡Larga vida!

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Adrián P. G.
Coordinador de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com
  • Bodegas Ricla
Vermú con canapé: 1,00 € o 1,70 € (diferentes tamaños).
 Horario:
Miércoles a lunes: 13:00 – 16:00 y 19:00 – 24:00.
Calle de Cuchilleros, 6.
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Se cierra otro capítulo de la historia de Madrid

Nos ha apetecido colocar como imagen destacada de esta entrada de nuestro blog la de una bodega y taberna, La Ardosa de Chamberí, de principios del siglo XX, que merece un vistazo, una crítica y una mención como barra de las buenas: es todo un microplan en sí misma, pero hoy la convocamos como ejemplo de lo poco que queda de un Madrid castizo sin caspa, el que más nos gusta.

Desde los años 60 han desaparecido de nuestras calles centenares de tabernas, casas de comidas y bodegas tradicionales. La mayoría provenía del siglo XIX y de la primera mitad del XX; algunas tenían un origen incluso anterior.

Se conservaban y yuxtaponían en ellas, además de las vivencias, el habla y las costumbres de diferentes generaciones de madrileños, barras de estaño y madera de nogal, roble o caoba labradas a mano, espejos, relojes, saturadoras o grifos realizados con materiales y técnicas de los que eran un documento vivo.

Taberna Eugenio Humanes EmbajadoresComo sucedió con la taberna de Eugenio Humanes (foto de arriba) de la calle de Embajadores, fundada a finales del s. XIX y desmantelada a principios de los 90 o con Casa Ramón (la siguiente foto, claro), que abrió sus puertas de la calle Echegaray a principios del siglo XX y las cerró (¿para siempre? ¿Alquilamos?) casi 100 años después, la taberna y restaurante Casa Domingo Nieva (1940-2014), situada en la calle de Toledo, no ha resistido el paso del tiempo y los avatares de sus propietarios, y el cese de su actividad nos ha dejado sin un trocito de historia madrileña con el que interactuar.

Casa Ramón Barrio LetrasSiempre recordaremos el cocido que servían en el comedor del piso de arriba, el que había mantenido el estilo original del local y… ¡el autógrafo de don Pimpón que colgaba de una de sus paredes!Don Pimpón La Latina