Modernismo en Madrid: Casa Pérez Villaamil

En la calle Mayor, Gran Vía, la cava de San Miguel, la plaza de España o el barrio de Salamanca puede rastrearse la influencia del modernismo como movimiento arquitectónico en Madrid. Aparece relacionándose con otros estilos, sobre todo el eclecticismo y el tradicionalismo regeneracionista.

Se considera que los dos únicos ejemplos puros de arquitectura modernista en nuestra ciudad son el palacio Longoria (hoy, sede de la Sociedad General de Autores), obra de José Gracies Riera, condiscípulo de Gaudí, y el edificio de viviendas que el arquitecto Eduardo Reynals construyó entre 1906 y 1908 para el ingeniero Enrique Pérez de Villaamil en la plaza de Matute, en pleno barrio de las Huertas (Musas, Letras).

Hemos tenido la oportunidad de conocer el interior de la Casa Pérez Villaamil, así que procedemos a compartir nuestra experiencia.

Al otro lado de la puerta que da acceso al inmueble nos topamos con dos faroles de forja art noveau, molduras y pinturas florales, elementos de los que veremos diferentes formulaciones enseguida. Un farol similar, pero de mayores dimensiones, iluminaba el exterior hasta que fue robado y robado y robado y la comunidad del edificio se cansó de reponerlo.

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Escaleras arriba reverberan las vidrieras de Maumejean entre la marquetería y dentro de un marco curvo en el extremo superior y a juego con los escalones en el inferior, una organización que refuerza la asimetría de las ventanas.

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Hay una vivienda por planta. En el cuarto, que comunica con el ático ajardinado, vivió Pérez Villaamil. Más curvas y más reinvención del equilibrio estético en el baile de la decoración en espejo con la dispar en la forja de las puertas.

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El ascensor no es el original. Sin embargo, los herrajes y la estructura que sostiene el que utilizan ahora los vecinos sí lo son. Por cierto, estos son de los pocos que pueden decir que viven en un Bien de Interés Cultural. ¡Suertudos!

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Artículo de Adrián P. G.
Coordinador de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

 

  • Casa de Pérez Villaamil

Plaza de Matute, 10.

Plaza Matute

‘Donde hay agravios no hay celos’

Durante el reinado de Felipe IV el teatro se representaba para la realeza y la aristocracia en salas y escenarios a la italiana, como los habilitados en el Real Alcázar de Madrid y el Palacio del Buen Retiro, y en corrales de comedias ante un público variopinto.

Donde hay agravios no hay celos, obra de Francisco de Rojas Zorrila estrenada en 1637, saltó de las primeras a los segundos y no se apeó de todo tipo de escenarios hasta el siglo XIX. En el siglo XVIII fue el texto del autor que más resonó en Madrid: se realizaron con él casi 200 montajes diferentes.

La Companía Nacional de Teatro Clásico lo ha recuperado en su sede temporal (ya queda poco para que reabra el Teatro de la Comedia, dicen desde hace mucho), el Teatro Pavón, un marco art decó por fuera y ni fu ni fa por dentro que no te pone en situación.

Helena Pimenta, la directora de la CNTC, ha elegido una escenografía típica del siglo XVII (más de corral que de palacio), para esta versión de la obra realizada por Fernando Sansegundo, uno de sus intérpretes. Comienza la función con casi todas las butacas ocupadas. Entonces conocemos los agravios y los celos de un noble y soldado que llega a la corte para casarse y a quien le surge la posibilidad de vengar una ofensa a su hermana y de descubrir si su prometida le es fiel. Se suceden los enredos bajo las convenciones de las comedias de la época hilvanados por un verso ágil y eficaz, bien restaurado.

A recursos que entonces se utilizaban para mantener la atención de la audiencia, como las canciones y los combates a espada, se les han aplicado filtros diferentes: por ejemplo, cuando los personajes cantan se producen coreografías e iluminaciones propios de un tipo de dramaturgia contemporáneo y cuando pelean, lo hacen como desde siempre, apartes incluidos.

En la misma línea, Pimenta ha decidido utilizar tonos diferentes para definir las interpretaciones de los actores. Entre los extremos marcados por el histrionismo gestual y de timbre de Clara Sanchis, que  muestra una versatilidad asombrosa (pero ¿por qué tenemos que asistir a toda su amplitud?); y la templanza y la proyección natural de su voz de Rafa Castejón, por otra parte menos brillante que otras veces (su personaje tampoco le ayuda), quien sale mejor librada es Marta Poveda, que además acapara la modernidad de Rojas Zorrilla respecto al tratamiento de los personajes femeninos y de las clases populares en su teatro: representa con gracia y verdad a una criada inteligente que sabe dirigir sus pasiones y reflexionar sobre los conflictos de los nobles más allá de la bufonada. Y tiene a su disposición un potente soliloquio.

El conjunto genera regustos contradictorios, una sensación de paisaje mezclado. Y al final, como literalmente no podría ser de otra forma en cualquier versión de una obra del Siglo de Oro, el honor se resuelve al gusto de los primeros espectadores de la obra, los reyes y compañía, y se restablece el orden social. Quienes copaban el patio de los corrales de comedias (que eran gestionados por cofradías religiosas) celebraban con aplausos el sentido común acrítico que les inculcaban. Pero Rojas Zorrilla (y otros) les abría resquicios para burlarse de los arquetipos o figurones que creaba y mirarse en  el nuevo retrato de las mujeres y el pueblo llano que proponía.

El público de hoy ríe y aplaude, lo pasa bien. Nos animamos a suponer, con mil perdones por delante, que el sentido común de muchos de los que lo conforman les lleva a creer que asistir a una representación de teatro clásico es una de las opciones de ocio cultural más apolíticas a su disposición.

 

Hasta el 14 de diciembre de 2014. 20 € entrada general. 10 € los jueves y las entradas con descuento.

Horario:

De miércoles a sábados: 20:00 / Domingos: 19:00.

Teatro Pavón, calle de Embajadores, 9.

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El Madrid de Benjamín Prado

El escritor madrileño Benjamín Prado se ha prestado a contestar a las preguntas de nuestro #TestMPM. Así vive su ciudad el autor de Ajuste de cuentas:

Microplán Madrid: Lavapiés, Malasaña o La Latina, ¿cuál de estos barrios tiene un papel más relevante en tu experiencia de Madrid?

Benjamín Prado: Malasaña antes, cuando uno no salía del Pentagrama y La Vía Láctea. Lavapiés ahora: es un barrio que está vivo y coleando.

MpM: Qué pedimos para ti en una barra madrileña, ¿una caña, un vermú o un vino?

BP: Cerveza y con tapa: no soy como Ángel González, que cuando le daban aperitivo decía: ¡Yo nunca como antes de beber!

MpM: Antes de que acabe el último verano del año en Madrid… ¿Terraza en una azotea, en un patio interior o en la calle?

BP: Siempre en la calle, pero no junto a la carretera, para que no me pasen los autobuses de la EMT por encima de los pies.

MpM: ¿Callos a la madrileña, bacalao rebozado o bocadillo de calamares?

BP: Comiendo no soy gran cosa, la verdad. Callos, si son de fiar; calamares pero fuera del bocadillo; y bacalao si es en Labra.

MpM: ¿Es más fácil toparse contigo en el Museo del Prado, el Museo Reina Sofía o el Museo Thyssen?

BP: En el Prado, donde aprendí a ir con Rafael Alberti a una sala por visita.

MpM: Dos preguntas abiertas para terminar, empezando por: ¿Qué crees que ha hecho Madrid por ti?

BP: Las ciudades son el lugar donde uno pone los pies en el suelo. Y en mi caso, Madrid me ha dado sobre todo su luz y su otoño.

MpM:  ¿Qué es lo último que has hecho en Madrid?

BP: Ir a ver el Real Madrid-Barcelona al Bernabéu y luego a tomar algo con los amigos, casi todos ellos del Atlético de Madrid.

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Artículo de Adrián P. G.
Director de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com
Growth hacker, redactor creativo y SEO, social media manager

The Hat y la verdad de Madrid

La azotea del hostel The Hat, ubicada en lo que fue un palomar, permite disfrutar sosegadamente del último verano del año a huéspedes y visitantes.

Desde aquí se ve un corte noble del auténtico Madrid de los últimos cinco siglos. Tejas, muros de ceguera blanca,  la monumentalidad humilde de la colegiata de San Isidro (s. XVII), un aura de experiencia vivible.

La otra vista que ofrece la protagonizan la ampliación de 1950 de la antigua sala de alcaldes de casa y corte y cárcel de corte, posterior ministerio de Asuntos Exteriores (1636) y la torre de la iglesia de Santa Cruz (1902).

TheHat2Entre la clientela se distingue a varios ejemplares de la etnia paneuropea que conforman los modernos hacendosos: trabajan solos o agrupados de dos en dos en dibujos y manualidades variadas, teclean o leen. Pero hay de todo y de todas partes, como corresponde.

TheHat3 Los precios en la azotea de The Hat no son nada disparatados, como ocurre en lugares semejantes. Damos fe de que el pincho de tortilla de patatas cremosa es un pincho de tortilla de patatas cremosa y vale lo que cuesta. Tostas, ibéricos, quiches y tartas completan la oferta gastronómica.

Una barra interior convoca a volver también con frío. Es el espacio donde en The Hat se organizan exposiciones y actuaciones musicales, además de en el vestíbulo.

Horario:

Lunes a viernes: 18:00 – 00:00  / Sábados y domingos: 13:00 – 00:00.

Calle Imperial, 9.

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Palabras de premio

La segunda edición de nuestro microtaller + concurso literario sobre las palabras y su poder para generar historias tuvo lugar el pasado 2 de octubre en el centro de arte en transformación Klouví.

El jurado, compuesto por la escritora y periodista Isabel Garzo y Microplan Madrid, ha decidido otorgarle el premio del mencionado certamen a Federica Melita por su obra Restaurante de once estrellas. El galardón consiste en la publicación del relato en el blog y las redes sociales de Microplan Madrid y en la posibilidad de que la autora disfrute junto a un/a acompañante de forma gratuita de un microplan de 90 minutos de nuestro catálogo*.

En honor al sobresaliente nivel literario y a la eficacia evocadora de otros dos relatos, hemos acordado semipremiar a sus autores con la publicación de aquellos en este espacio. Se trata de ¿Qué ve usted en esta lámina? de Adrián SotésLa (pequeña) rendición de Marián Rodríguez.


Restaurante de once estrellas

Federica Melita

En la ciudad no hacían más que hablar del restaurante de once estrellas apenas inaugurado. Era un gran éxito.
Acercándose el cumpleaños del cabeza de familia, madre e hijo decidieron hacer una reserva en el famoso restaurante para celebrar un día tan importante con una cena especial. El trabajo en el aserradero para alimentar a la familia era muy duro y el padre merecía un regalo que retribuyese todos sus esfuerzos. Por una vez probarían una comida más cara de lo que se podían permitir.

La noche de la fiesta llegó enseguida y padre, madre e hijo se pusieron sus mejores ropas y fueron al restaurante del que todos hablaban. El lugar era enorme y elegante. Una silla de madera azul con once estrellas en la parte posterior llamaba inmediatamente la atención. Por todas partes se percibía un buen aroma de madera y se veían platos con los que se te hacía la boca agua. El chiquito se acercó a la silla azul y la miró de arriba abajo, impaciente por cenar. Sus padres llegaron a él y el padre, galantemente, se dirigió a la madre: «Las damas primero. Siéntate, por favor. Que aproveche, señora Termita».

Silla


¿Qué ve usted en esta lámina?

Adrián Sotés

– Muerte y destrucción. Algo ciertamente apocalíptico.
– ¿Y en esta otra?
Podría ser una forma de representar la oscuridad y el rechinar de dientes…
– ¿Cuántos años lleva usted viniendo aquí? ¿Siete?
– En realidad son nueve años y casi cinco meses.
La doctora retiró la vista de su cuaderno, cuyas hojas colgaban como cogidas por pinzas. En cualquier momento se desparramarían por su gabinete años de notas y sesiones. Miró por la ventana. Le pareció que ese día Madrid también pendía de un hilo.
– Creo que será mejor que demos por acabada la terapia en este punto; no he logrado avanzar con su caso.
– ¿Es algo que no estoy haciendo bien?
– He de decir que siendo usted Dios, sinceramente esperaba algo más.
– Esa otra me gusta. El trazo es exquisito.
– ¿En serio? Es raro. Eso es un dibujo mío, no forma parte del método.
– ¿Podríamos seguir mañana? Me encuentro cansado…
– Qué demonios…, pásese a la misma hora.

Sotés


 La (pequeña) rendición

 Marián Rodríguez

Laura estaba en contra del WhatsApp. Antes había estado en contra de los móviles. Y mucho antes todavía, despotricaba contra las conversaciones telefónicas de más de un cuarto de hora.

Las compañías de telecomunicaciones se hicieron fuertes e inventaron los minutos gratis (como si antes no lo fueran), los smartphones (como si un teléfono pudiese realmente llegar a ser inteligente) y las redes sociales (como si no existieran ya las pandillas de toda la vida).

Como era de esperar, Laura acabó sucumbiendo a la telefonía móvil; pero poco. Conservaba un Nokia que había pertenecido a un expresidiario. Solo lo encendía en caso de emergencia.

Pasaron los años y el viejo Nokia de Laura seguía funcionando. Corría el 2020 cuando se pusieron de moda los ladrillos de principio de siglo con pantallas en blanco y negro y botones. Un hipster de la época se interesó por la reliquia nórdica de Laura y le pagó un dineral por ella.

A Laura le fue imposible encontrar un móvil nuevo provisto de teclado. Así que se acabó comprando uno táctil. Finalmente dio con la venganza. Compró unos botones y se los cosió al teléfono con la máquina de su abuela.

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Si quieres que organicemos esta actividad para tu asociación, librería, centro cultural  o de ocio, grupo de amigos, etc., contacta con nosotros y nos pondremos a ello de inmediato.

* De domingo a jueves entre las 18:00 y las 21:30, previa solicitud con al menos una semana de antelación. Los talleres y las rutas microgastronómicas están excluidas. Fecha límite para realizar la actividad: 15/11/2014.

Ana Blasco, fundadora de WOM y latinera empedernida

Organiza viajes culturales para mujeres (pero hombres pueden acompañarlas) con espíritu aventurero por todo el mundo, Madrid incluido, a través de la agencia online que ha fundado y dirige, WOM. Es madrileña y se define como madrileñista. La hemos enfrentado en Twitter a nuestro #TestMPM y este ha sido el resultado. Con todos ustedes: ¡Ana Blasco!

Microplán Madrid: Por lo que representan en tu experiencia de Madrid, ¿te quedas con Lavapiés, Malasaña o La Latina?

Ana Blasco: El barrio es el barrio, por lo que creo que me quedo con La Latina y sus domingos por la mañana.

MPM: Vamos a la barra a pedir por ti… ¿Caña, vermú o vino?

AB: Para esos domingos latineros, vermú sin dudarlo. Y si puede ser en barra de estaño, ¡mejor!

MPM: ¿Terraceas en azoteas, en antiguos patios interiores o a pie de calle?

AB: Soy adicta a cualquier tipo de terraza, pero las azoteas y ver el mundo desde las alturas me pierden.

MPM: ¿Callos, bacalao rebozado o bocadillo de calamares?

AB: Diría que el bocata de calamares, pero es pensar en el bacalao de La Revuelta y ¡buufff, estamos en un aprieto!

MPM: ¿Frecuentas más el Museo del Prado, el Museo Reina Sofía o el Museo Thyssen?

AB: Como arqueóloga y egiptóloga, soy más del Museo Arqueológico Nacional.

MPM: Dos preguntas abiertas para terminar. Una: ¿Qué crees que ha hecho Madrid por ti?

AB: Darme un punto de referencia al que volver. Por mucho que viaje y de vueltas, siempre me quedará Madrid.

MPM: Y dos: ¿Qué es lo último que has hecho en Madrid?

AB: Una quedada viajera WOM: taller de decoración de cerámica, vermú, picnic y sesión de coaching en el Retiro, ¡genial!logo_wom_7

Clara Sánchez, ganadora de nuestro primer concurso de microrrelatos

El jurado del primer concurso de microrrelatos de Microplán Madrid, compuesto por Isabel Garzo y Microplán Madrid, ha decidido otorgar el premio a Clara Sánchez por su relato ‘El santo‘.

La autora participó en la edición del microtaller literario ‘El poder de los objetos en la creación de historias‘, impartido por Isabel Garzo, que se celebró el pasado 18 de septiembre. Como el resto de asistentes, tenía la posibilidad de enviarnos un texto de 200 palabras o menos inspirado en uno de los objetos que poblaban aquel día Klouví, el espacio que cobijó el evento.

El premio consiste en la publicación del relato en el blog y redes sociales de Microplan Madrid y en la posibilidad de disfrutar de un microplan de 90 minutos de nuestro catálogo con un/a acompañante de acuerdo a las bases del concurso. Seguir leyendo Clara Sánchez, ganadora de nuestro primer concurso de microrrelatos

Doctor Fourquet: CASA SIN FIN y THEREDOOM, por ejemplo

En la segunda década del siglo XXI la calle del Doctor Fourquet se ha transformado en una galería de galerías de arte contemporáneo. Algunas llegaron antes y todas disfrutan de la sombra del cercano Museo Reina Sofía.

Procedemos a internarnos las exposiciones vigentes de dos de las propuestas de este espacio expositivo informal.

La CASA SIN FIN alberga una serie de fotografías que Manolo Laguillo (1953) realizó en los meses de julio y agosto de este año en Lavapiés. Las imágenes reflejan un barrio de vacíos: aparecen solares, medianeras o comercios cerrados y desaparecen los habitantes del espacio, que no están o son meras siluetas.

El protagonismo recae en la luz transparente  y calorífica del blanco y negro con el que el reputado y semidesconocido fotógrafo madrileño parece haber querido mostrar la periferia del centro, un entorno en el límite de lo indiferenciable y en transformación hacia… nada concreto.

Nos quedamos con el punto de vista atópico de Laguillo (además de con sus cualidades técnicas) como principales valores de la serie y nos llevamos la duda paradójica de si no se habría enriquecido con una mayor diversidad de intenciones.

El continente de la exposición lleva dos años en Lavapiés, algunos menos que su casa madre de Cáceres, y es tan reducido como enorme su nombre.  Nos verá pasar su umbral en el futuro, seguro.

THEREDOOMMucho más reciente es el avecindamiento de THEREDOOM, y mucho mayor el número de metros cuadrados que ha puesto al servicio de la primera (video)exposición que alberga. Se trata de ‘Carolee Schneemann: élan vital’, una selección de trabajos de arte visual ideados y filmadas por la performer nacida en Pensilvania en 1939.

Se proyecta  sobre muros o se emite en televisiones obras de los años 60 y 70 de quien se definía como una pintora que utilizaba todos los medios a su alcance para ejercer como tal.

Sumamos las impresiones que nos causan las imágenes, las dividimos entre el número de impactos recibidos y el resultado es un relato feminista, con propósito epatante, apegado a su contexto temporal y cultural, interesante cuando la subjetividad ensimismada no lo consume.

Esperaremos a las siguientes propuestas de la galería para saber cuál es su propia narrativa.

Manolo Laguillo: Lavapiés, julio-agosto, 2014

Hasta el 11 de noviembre de 2014. Gratis.

Horario:

De martes a viernes: 11:00 – 14:00 y 16:30 – 20:30.

Sábados: 11:00 – 14:30.

CASA SIN FIN, calle del Doctor Fourquet, 11.

Carolee Schnneemann: ‘élan vital’

Hasta el 19 de octubre de 2014. Gratis.

Horario:

De martes a viernes: 11:30 – 14:00 y 17:00 – 20:30.

Sábados: 11:00 – 14:00.

THEREDOOM, calle del doctor Fourquet, 1-3.

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La experiencia Ricla

Bodegas Ricla fue una tienda de vinos entre 1867 y 1910, y desde entonces hasta siempre, esperamos, ha sido, es y tiene todo para seguir siendo un tabernón con mucho en muy poco espacio: dos grifos de bronce, una barra de estaño, dos barras de mármol travertino, la columna de hierro fundido original del edificio en el que está ubicado, los callos que hace la matriarca del lugar a fuego lento todas las mañanas y…

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Y la experiencia Ricla, entrar en el juego que reparte la familia Lage desde detrás de las barras, Ana María a los fogones (a la vista) y sus dos hijos templando y mandando en las conversaciones mientras despachan vinos seleccionados con cuidado, cañas correctas y uno de los mejores vermús de Madrid.

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El local sufrió su última reforma profunda después de la Guerra Civil, pero mantuvo el nombre, Ricla, el del pueblo aragonés de quienes lo  abrieron al público, y  la luz amagada de las bodegas y tabernas del siglo XIX.

Si no eres de callos, tírale al bacalao en aceite o a los embutidos, todo a precios medios.

Lo escrito más arriba: ¡Larga vida!

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Adrián P. G.
Coordinador de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com
  • Bodegas Ricla
Vermú con canapé: 1,00 € o 1,70 € (diferentes tamaños).
 Horario:
Miércoles a lunes: 13:00 – 16:00 y 19:00 – 24:00.
Calle de Cuchilleros, 6.
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Klouví acogerá nuestro microtaller literario

Desvelamos la dirección secreta del microtaller literario que impartirá el jueves 2 de octubre a las 19:30 la escritora y periodista Isabel Garzo, autora de la novela ‘Las reglas del olvido‘ y colaboradora de la revista Yorokobu.

Flyer segundo tallerLa cita es en Klouví, palabra que significa ‘jaula’ en griego y que es un espacio donde desde hace más de dos años investigan modos de recuperación de objetos a partir de la reutilización de materiales para evitar la dependencia exclusiva del consumo de objetos nuevos.

Klouvi_arte_en_transformación-730x547Surge con el objetivo de crear y sostener un taller de trabajo abierto al intercambio, donde lo particular de la creación personal se enriquezca con la labor colectiva de otros artistas. Está repleto de muebles en restauración, joyería contemporánea, grabados… sugerentes piezas de arte y artesanía en las que se apoyará nuestra propuesta.

 El local está ubicado en la calle de Santa Ana, 6 (Rastro). El metro más cercano es el de La Latina.
SantaAnaReserva tu plaza escribiendo un e-mail a reservas@microplanmadrid.com o un WhatsApp al número 695 97 29 37.

Somos un proyecto de comunicación online y organización de actividades sobre Madrid.

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