Las casas a la malicia o la picaresca arquitectónica madrileña

Esta casa a la malicia (imagen de portada) es uno de los edificios más antiguos de Madrid que se conservan y se construyó entre 1561 y 1590. Está en la calle de los Mancebos esquina con la calle Redondilla, en La Latina.

¿A la malicia? Empecemos a explicarnos… En Madrid, desde que la Corte se estableció de forma estable (1561, con un interludio en Valladolid entre 1601-1606) y hasta finales del s. XVIII, los habitantes de la ciudad construían casas a la malicia o de incómoda repartición o partición para evitar que se alojaran en ellas nobles, funcionarios o militares señalados por la Corte como huéspedes de aposento. Sigue leyendo, que acabaremos desentrañando esta madeja de términos (alguno más tendremos que exponer para cuadrar la cosa) y circunstancias, ¡prometido!

Así como lo lees, los mencionados personajes al servicio de la Corona hispana disponían de aproximadamente la mitad de cada vivienda de los madrileños que no consiguiesen una exención o composición de aposento (paciencia con las palabrejas, son las que se usaron en su día y ambientan, ¿no?) con la que se libraran del huésped forzoso que les imponía un derecho real denominado regalía de aposento. Efectivamente, esta prerrogativa de origen medieval de los monarcas castellanos consistía en principio en un tributo que se pagaba mediante un servicio: en las villas en las que se instalaba la Corte castellana y posteriormente la Corte española, que eran itinerantes, los súbditos estaban obligados a asumir la presencia en sus casas de los miembros del séquito de la Corte que no tuvieran acomodo en las dependencias reales que hubiera en el lugar.

Cuando se instituye de forma reglada la regalía de aposento en Madrid, cada propietario de una vivienda en la ciudad, tras la inspección de la misma, tenía que acoger a un huésped de aposento, o bien, y esto es muy importante para que comiencen a edificarse casas a la malicia, pagar un impuesto en dinero si su casa era reconocida por los funcionarios encargados de las inspecciones como de incómoda repartición o partición.

Con lo recaudado, la Corte debía buscar alojamiento a quienes había pretendido que vivieran en las casas para las que se realizaba la composición de aposento, lo que sucedía cuando las viviendas en cuestión eran de una sola planta, o de muy reducidas dimensiones, o cuando gran parte de su superficie estaba dedicada a talleres, simplemente porque sus propietarios gozaban del favor de miembros importantes de Casa Real o… porque se trataba de casas a la malicia (ya llegamos a su definición, ya llegamoooos). 

La regalía de aposento estuvo vigente en Madrid desde la instalación de la Corte con vocación de permanencia (recuerda, en 1561) hasta mediados del s. XIX (excepto en los cinco años de traslado del rey Felipe III a Pucela), aunque en las últimas décadas ya no se hacía efectiva la obligación de alojamiento y solo se realizaba el cobro correspondiente, por eso comentábamos más arriba que se dejó de construir a la malicia a finales del s. XVIII, momento a partir del cual no era necesario hacerlo.

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¿Cómo eran las casas a la malicia?

Muchos madrileños construían sus casas con la malicia (ya está, ya estáaaa) de lograr que resultaran de difícil división: con entresuelos, con distribuciones disparatadas, sin espacios para pernoctar suficientemente aislados de los de cocina o corral o de aquellos en los que pudiera agruparse la familia propietaria de la vivienda en caso de su repartición entre esta y un huésped de aposento.

Algunos capitalinos le dieron una vuelta de tuerca a la picaresca arquitectónica y en vez de levantar auténticas casas a la malicia construyeron viviendas que parecía exteriormente que lo eran, pero con interiores convencionales. Para ello las edificaban de forma que simularan consistir en una sola planta y un sobrado o altillo no habitable (casas con tejados a un agua), o con las ventanas colocadas de tal manera que no se supiera desde fuera si había por dentro entresuelos y plantas de techos bajos o habitaciones de escasos metros cuadrados.

Todo valía con tal de que los visitadores de aposento, que eran los funcionarios de la Corte que administraban la regalía de aposento, no hicieran efectiva la enajenación de aproximadamente la mitad de la superficie de las viviendas en cuestión para alojamiento y aceptaran el pago del impuesto en dinero bien porque la casa hubiera sido construida verdaderamente a la malicia o bien porque así lo pareciera. En este segundo caso,  la composición de aposento venía precedida de, atención, sorpresa, un soborno al visitador de turno. En ocasiones, la corruptela incluía a los propios personajes que debían ser aposentados, que podían preferir que le entregaran total o parcialmente el dinero que le correspondía para hospedaje, embolsárselo y vivir en realidad en casas propias (escrituradas a nombre de testaferros) o de parientes o amigos.

En la siguiente foto puedes ver una probable antigua casa a la malicia de Malasaña, ubicada en la calle San Andrés esquina con la calle San Vicente Ferrer. Es de finales del s. XVII o principios del s. XVIII. Ha sufrido la modificación de algunos elementos estructurales, pero todavía conserva un aire malicioso.

malicia

Abre bien los ojos en el Rastro, Malasaña o La Latina y puede que distingas algunas casas a la malicia. A lo mejor prefieres que te las señale en un paseo por la ciudad un licenciado en Historia experto en Madrid. Si es así, consulta nuestra agenda de microplanes y apúntate a la próxima sesión de las visitas guiadas MADRID SECRETO A SECRETO o CORRALAS Y CASAS A LA MALICIA.

Adrián P. G.
Coordinador de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

 

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