El sueño de una noche de verano: una comedia hipster en 3D

El sueño de una noche de verano es la comedia más representada de William Shakespeare. Esta vez, el director Darío Facal nos ofrece una versión desternillante pero un poco desigual. Hubo momentos realmente grandiosos, escenotes divertidísimos, como el apoteósico final en el que los cómicos representan la tragedia de Píramo y Tisbe. Una tragedia convertida en sainete gracias a la dirección aguda de Facal y al trabajo de la compañía, en especial de Agus Ruiz y Óscar de la Fuente.

Otro de los momentazos es el enredo de los cuatro enamorados en el bosque. El cachondeo está servido. Nos reímos de lo lindo con esas peleas imposibles, como de dibujo animado entre Hermia y Helena y Lisandro y Demetrio. Todo a un ritmo frenético y muy bien coreografiado. Una delicia.

No lo fueron tanto las escenas de Titania y Oberón. Se conoce que el director prefirió restar más importancia a esta parte de la trama. Desconozco si por una cuestión de tiempo (el montaje dura 1 hora y 40 minutos). En mi opinión fue una lástima. Eché en falta más desmadre en la parte en que Titania, hechizada, se enamora del actor convertido en burro.

También faltó más carne en el asador por parte de Puck. La interpretación de Emilio Gavira fue correcta, pero un poco decepcionante para un actor que suele ser una bestia en escena. Y para lo que se espera de un personaje como Puck. Su interpretación fue demasiado estática, seca y fría. Fue marca de la dirección, está claro. Se intentó darle un toque cómico con la forma de andar parsimoniosa. Pero no quedó bien marcado y al final el personaje no brilló. Quien sí lo hizo fue Alejandro Sigüenza como Oberón, con ese traje que parecía una sombra, y esa interpretación más corporal, danzarina y ágil.

De Carmen Conesa poco hay que decir. Tanto Gavira como ella aparecen en el cartel como reclamo y luego son los que menos peso tienen en la obra. Ni siquiera sus interpretaciones son reseñables. Es una lástima que Darío Facal no les haya exprimido más. Porque podían haber redondeado la obra.

Tampoco sacó mucho partido a las gafas 3D que nos repartieron junto con el programa de mano. Su objetivo era hacer que el público viera con otra perspectiva, como hacen los enamorados durante el hechizo. Ni me acordé de ponérmelas. Al final resultó un accesorio tan hipster como superficial.

No faltó el toque kitch en el atrezzo: animales disecados. Una lechuza, un zorro y un oso (muy parecido al que ponían en los escaparates de la tienda Natura). Para algunos la escenografía ha sido un acierto, para mí, un exceso (casi no se utilizaron los elementos de escena) y un batiburrillo. Demasiada pose, aunque bonito para Instagram.

En definitiva, una obra con luces y sombras. Con excesiva pretensión tal vez. El director podía haberle sacado mucho más partido. Aunque nos hizo pasar un buen rato, que no es poco.

Crítica de Clara Sánchez Sanz, comunicadora online y actriz en Teatro del Garabato

 

Hasta el 12 de junio.

Horario: De martes a sábado, 20:00, domingos, 19:00.

A partir del 1 de junio, de martes a domingo a las 20:00.

Precio: 22€. Martes, miércoles y jueves, 25% de descuento.

Matadero Madrid, plaza de Legazpi, 8.

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