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Marta Poveda, del escenario a Madrid

La actriz madrileña Marta Poveda es una contrastada robaplanos y robaescenas: aunque la veas en un papel secundario, te la llevas a casa de recuerdo. Ahora participa en la obra Los cuentos de la peste de Mario Vargas Llosa, en cartel en el Teatro Español.

Microplán Madrid: Lavapiés, Malasaña o La Latina, ¿cuál de estos barrios tiene más que ver contigo?

Marta Poveda: Cualquiera de los tres me tienta, pero me encanta la luz de La Latina.

MpM: Codo en barra, ¿qué prefieres, caña, vermú o vino?

MP: Vermú blanco con un pelín de gaseosa y vino blanco (con aceituna, claro) si es mediodía. Si es para cenar, tinto rico.

MpM: ¿Eres de terraza en azotea, en patio interior o a pie de calle?

MP: Patio interior con una iluminación cálida, me encanta.

MpM: Si te cuadra atacarle a la gastronomía castiza, ¿callos a la madrileña, bacalao rebozado o bocadillo de calamares?

MP: Me encantan los callos, y si me pones mollejas, también me las zampo.

MpM: ¿Es más fácil verte en el Museo del Prado en el Museo Reina Sofía o en el Museo Thyssen?

MP: A ver si llego a la de Impresionismo americano al Thyssen… Últimamente hay que ponerme negativos 😦

MpM: Dos preguntas abiertas para terminar: ¿Qué crees que ha hecho Madrid por ti?

MP: Regalarme gente fascinante, acceso a la cultura y abrirme las puertas de una casa preciosa: el teatro.

MpM: Y ¿qué es lo último que has hecho o estás haciendo en Madrid?

MP: Estrenamos Los cuentos de la peste en el Teatro Español. Espectáculo perfecto para huir de la realidad sin salir de Madrid.

‘Fausto’ de Tomaz Pandur

Tomaz Pandur (dirección), Livija Pandur, Tomaz Pandur y Lada Kastelan (versión). Así empiezan los créditos del equipo artístico de Fausto, la reinterpretación de la obra de Goethe que protagoniza la actual fase de la programación del Centro Dramático Nacional en el teatro Valle Inclán.

Reinterpretación, reinvención, transmutación… Tomaz Pandur y Goethe no se disputan la poética y la narrativa del espectáculo. El director esloveno ha generado una nueva poética para confrontar el mito y ha (casi) anulado la narración . Explica a través de sus actores antes del final de la primera parte su poética y la imposibilidad (¿?) de contar sobre un escenario (todo) el Fausto de Goethe.

Fausto TomazUna obra de director de teatro y no de autor, vale: la escenografía, brillante; el concurso y la intensidad en la defensa de su papel de los actores (Víctor Clavijo, Ana Wagener, Roberto Enríquez, ¡grandes!), con y sin frase, instrumento o micrófono, muy logrados; pero el ritmo de la palabra y su capacidad para estimular en los espectadores un reflejo de lo humano, del bien y del mal y su interrelación no aparecen en los monólogos y diálogos farragosos que se suceden. La simbología utilizada tampoco ayuda. Te pierdes y solo te encuentras en la forma, que es la que te provee de las sensaciones (¿y las reflexiones?) que podrían haber emanado de la reinterpretación, reinvención, transmutación del texto de Goethe.

Fausto de Thomas Pandur es una obra visualmente muy atractiva y se agradece el riesgo que han asumido los que la han puesto en pie. Y además de verse, se escucha (palabras aparte) y hasta se huele con curiosidad por lo que vendrá después. “Nos hemos quedado patidifusos”, dice una señora a nuestra espalda después de los aplausos. Pues sí, en todos los sentidos.

 

Hasta el 11 de enero de 2015. 12 € – 19 € – 24 €. Descuentos de hasta el 50%.

Horario:

De martes a sábados: 20:30 / Domingos: 19:30.

Teatro Valle Inclán, plaza de Lavapiés, s/n.

Teatro Valle Inclán

La anticomedia de Ignatius Farray

Anuncian que la función va a empezar en 3 minutos y justo entonces aparece en el escenario Ignatius Farray, también conocido como el Loco de las Coles o el Loco de los Melones, uno de los secundarios de La Hora Chanante, monologuista de bares y salas pequeñas, protagonista de la serie El fin de la comedia, director de cortometrajes y más cosas.

Para empezar, el cómico muestra su asombro porque le dejen actuar en el Bellas Artes. Bromea con las amigas de Teruel de su novia, presentes en el patio de butacas. Sigue entrando gente. Los saluda. Les asegura que no se han perdido nada. Nos promete que no habrá otro principio, ni un desarrollo más convencional, ni un final. Cada uno puede irse cuando quiera, aquello no va a mejorar. Muchos no nos vamos a reír, dice. Se subirá a la olas de las risas, del tamaño que sean, para aguantar. Por lo demás, no todo tiene por qué tener gracia.

La exmujer de Ignatius, Juan Echanove, Rosa Díez y una propuesta de saludo sexual que sustituya los apretones de manos protagonizan los framentos de monólogo elaborados. Lo demás va ocurriendo. Aguantar. Risas, muchas, y algunas caras de palo. Escatología sin cuarta pared. Se va una familia entera. Y más gente.

No hay final y ya no se va nadie. Ignatius saluda sexualmente al espectador con el que más ha interactuado. Se baja del escenario y sale de la sala con los fieles pisándole los talones. ¿La función ha sido algo así como el ensayo de un monólogo de Leo Bassi? Algo así.

Por nuestra parte, nos hemos dedicado a aguantar y a reír.

Hasta el 17 de enero de 2015. 15 € patio de butacas y delantera anfiteatro. 10 € resto anfiteatro.

Horario:

Sábado 13 de diciembre y sábado 17 de enero: 23:00.

Teatro Bellas Artes, calle del Marqués de Casa Riera, 2.

BellasArtes

‘Donde hay agravios no hay celos’

Durante el reinado de Felipe IV el teatro se representaba para la realeza y la aristocracia en salas y escenarios a la italiana, como los habilitados en el Real Alcázar de Madrid y el Palacio del Buen Retiro, y en corrales de comedias ante un público variopinto.

Donde hay agravios no hay celos, obra de Francisco de Rojas Zorrila estrenada en 1637, saltó de las primeras a los segundos y no se apeó de todo tipo de escenarios hasta el siglo XIX. En el siglo XVIII fue el texto del autor que más resonó en Madrid: se realizaron con él casi 200 montajes diferentes.

La Companía Nacional de Teatro Clásico lo ha recuperado en su sede temporal (ya queda poco para que reabra el Teatro de la Comedia, dicen desde hace mucho), el Teatro Pavón, un marco art decó por fuera y ni fu ni fa por dentro que no te pone en situación.

Helena Pimenta, la directora de la CNTC, ha elegido una escenografía típica del siglo XVII (más de corral que de palacio), para esta versión de la obra realizada por Fernando Sansegundo, uno de sus intérpretes. Comienza la función con casi todas las butacas ocupadas. Entonces conocemos los agravios y los celos de un noble y soldado que llega a la corte para casarse y a quien le surge la posibilidad de vengar una ofensa a su hermana y de descubrir si su prometida le es fiel. Se suceden los enredos bajo las convenciones de las comedias de la época hilvanados por un verso ágil y eficaz, bien restaurado.

A recursos que entonces se utilizaban para mantener la atención de la audiencia, como las canciones y los combates a espada, se les han aplicado filtros diferentes: por ejemplo, cuando los personajes cantan se producen coreografías e iluminaciones propios de un tipo de dramaturgia contemporáneo y cuando pelean, lo hacen como desde siempre, apartes incluidos.

En la misma línea, Pimenta ha decidido utilizar tonos diferentes para definir las interpretaciones de los actores. Entre los extremos marcados por el histrionismo gestual y de timbre de Clara Sanchis, que  muestra una versatilidad asombrosa (pero ¿por qué tenemos que asistir a toda su amplitud?); y la templanza y la proyección natural de su voz de Rafa Castejón, por otra parte menos brillante que otras veces (su personaje tampoco le ayuda), quien sale mejor librada es Marta Poveda, que además acapara la modernidad de Rojas Zorrilla respecto al tratamiento de los personajes femeninos y de las clases populares en su teatro: representa con gracia y verdad a una criada inteligente que sabe dirigir sus pasiones y reflexionar sobre los conflictos de los nobles más allá de la bufonada. Y tiene a su disposición un potente soliloquio.

El conjunto genera regustos contradictorios, una sensación de paisaje mezclado. Y al final, como literalmente no podría ser de otra forma en cualquier versión de una obra del Siglo de Oro, el honor se resuelve al gusto de los primeros espectadores de la obra, los reyes y compañía, y se restablece el orden social. Quienes copaban el patio de los corrales de comedias (que eran gestionados por cofradías religiosas) celebraban con aplausos el sentido común acrítico que les inculcaban. Pero Rojas Zorrilla (y otros) les abría resquicios para burlarse de los arquetipos o figurones que creaba y mirarse en  el nuevo retrato de las mujeres y el pueblo llano que proponía.

El público de hoy ríe y aplaude, lo pasa bien. Nos animamos a suponer, con mil perdones por delante, que el sentido común de muchos de los que lo conforman les lleva a creer que asistir a una representación de teatro clásico es una de las opciones de ocio cultural más apolíticas a su disposición.

 

Hasta el 14 de diciembre de 2014. 20 € entrada general. 10 € los jueves y las entradas con descuento.

Horario:

De miércoles a sábados: 20:00 / Domingos: 19:00.

Teatro Pavón, calle de Embajadores, 9.

teatropavón