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Planes. Gastronomía. Arte. Ocio. Historia. Madrileñismo. Microplán Madrid es un proyecto de difusión de la cultura madrileña.

El cocido madrileño de Malacatín. Es decir, el cocido madrileño

La historia de Malacatín es la historia del cocido madrileño, el plato popular que servían en esta casa fundada en 1895 a los trabajadores de la zona del Rastro, La Latina y Lavapiés desde que a principios del siglo XX la segunda generación de la familia que todavía regenta el local lo incluyera entre su oferta. José Alberto, cabeza de la cuarta generación, continúa con los buenos usos de la casa en cuanto a ofrecer un cocido madrileño para el que selecciona buenas viandas de León, Asturias y Castilla, intentando siempre mantener a los proveedores que han dado fondo al plato (o los platos, aquí los tres vuelcos canónicos del emblema de la gastronomía castiza capitalina se respetan, por supuesto).

En Malacatín se disfruta de la mesa, que no solo recibe su famoso cocido madrileño, sino también callos, bacalao confitado con verduritas, chuletillas de cordero y otras propuestas de las de toda la vida, y el ambiente, con su decoración abigarrada (alguna sorpresa te llevarás mirando aquí o allá) y sus llenazos.

Los llenazos, ahora, no, claro. Malacatín cerró como consecuencia de la crisis sanitaria provocada por el coronavirus Covid – 19 y ha reabierto para cocinar su cocido madrileño y otros platos que se pueden recoger en el local y, por primera vez en su historia, pedir a domicilio. José Alberto ha buscado una fórmula que le permita que su cocido no pierda esencia al sacarlo fuera de su establecimiento y para facilitar que la clientela del barrio del que Malacatín forma parte consustancial pueda comer bien a buen precio cuando no esté de humor para cocinar o no pueda hacerlo.

El cocido a domicilio te lo vamos a enseñar enseguida, ya lo hemos disfrutado y es el de siempre, con toda su potencia en la sopa, su punto impecable en verduras y carnes y su majestuosidad desbordamesas. Tiene un precio de 18 €.

Ahora te dejamos info gráfica del tipo de plato del día que sale de los fogones de Malacatín. Consulta con el restaurante los especiales de la semana en la que quieras hacer el pedido.

malacatin-platos-especialesFíjate en la lasaña de setas…

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Malacatín tiene también una carta para esta nueva etapa.

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Y vamos con el cocido. Como decíamos, es el de siempre por calidad y cantidad. Todo llega correctamente envasado y caliente. La sopa es fuerte y profunda, como tiene que ser después de la conjunción de caldos lentos con que se cocina. Los fideos vienen aparte para que no lleguen deshechos en el caldo. Garbanzos con repollo y patata en el segundo vuelco y carnes de ternera, cerdo y pollo para rematar. Nada es algo más, cada ingrediente tiene su personalidad, su aquel. Y una ración es en realidad casi dos raciones, otra marca clásica de Malacatín. ¡Satisfechos!

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Texto de Adrián P. G.
Coordinador de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

Editor, redactor creativo y SEO, social media manager

Fotos de Montserrat Curiel para Malacatín, excepto fotos del cocido, que son de Microplán Madrid.

Relatos de Madrid (II)

Sigo (abajo firmante) escribiendo relatos ambientados en Madrid de ficción, en absoluto autobiográficos, que es lo que me sale y lo que quiero proponer como microplán alternativo a las visitas guiadas virtuales que os estamos proponiendo.

Este se titula Sotabancar y si quieres lo comentamos en los comentarios del blog o en las redes sociales:

Mi abuelo, mi abuela y mi padre, que tenía entonces 5 años, llegaron a Madrid desde Broto, Huesca, en 1956. Destino, un sotabanco de 25 m² de frío y calor extremos en la calle Santa Isabel, Lavapiés. El casero, que era de Broto, el único cabrón al que conocíamos en Madrid, solía decir mi abuelo, vivía en el piso inmediatamente inferior. El primero de cada mes se anunciaba como cobrador con dos golpes de nudillo en la puerta de aluminio del sotabanco y un ¿y lo mío? bien sonriente. Mi abuela, decía su marido, hacía como que el alquiler se pagaba solo. Siempre era él el que abría la puerta y le daba las 500 pesetas del alquiler. Lo tuyo ya te lo daré, decía mi abuela que rumiaba mi abuelo cuando se iba el paisano, que era primo segundo de mi abuela o algo así. Los ricos de Broto, tu madre y su primo, le decía mi abuelo a mi padre. El alquiler era abusivo, pero más barato que lo que costaba el de un apartamento medio. Y era el único cabrón que conocían que había emigrado de Broto a Madrid.

Después de unos meses trabajando en un garaje de la calle Gobernador, en Huertas, donde ahora está Impact Hub Madrid, uno de Huesca capital que mi abuelo había conocido jugando al mus en la casa de comidas Tienda de Vinos, calle Augusto Figueroa, Chueca, local que todavía es lo que fue, le encontró un empleo en Pegaso como electromecánico. A principios de los 60, mi abuelo se convirtió en uno de los jefes de Electromecánica de la empresa, el trabajo de su vida. Entonces le ofrecieron una vivienda en Ciudad Pegaso, barrio de San Blas, una de las unifamiliares adosadas con jardín, no uno de los pisos en los que se alojaba la mayor parte de los trabajadores. Para mi abuela era una oportunidad irrenunciable, aire y huerta necesitamos, decía, metros, borrajas y patatas, y mi abuelo le decía que qué huerta en Madrid y la llamaba abarcuda, una palabra oscense que significa algo así como paleta y que a poco que la pienses crece en significados. Mi abuelo no quería alejarse de sus bares de chatos de Antón Martín y de sus hitos de Santa Isabel: las tiendas de los bajos de los primeros números impares de la calle, la peluquería Vallejo y el cine Doré, o Do – Re como él lo llamó siempre. Aunque el cine se lo cerraron enseguida, he comprobado que en 1963, no así las tiendas y la peluquería, que ahí siguen. Por cierto, mis abuelos me llevaron muchas veces al cine Doré en los 90, cuando llevaba un tiempo renacido como sala de proyecciones de la Filmoteca Nacional. A ellos esas películas de arte y ensayo, de las que le gustan a tu padre, me decían, no les interesaban, pero se emocionaban con lo bonito que les parecía que había quedado el cine después de su rehabilitación.

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Tenía muy claro mi abuelo cómo quería ganar metros para la familia. Le compró el piso y el sotabanco al de Broto, a quien había empezado a irle mal especulando con aceite de oliva, el cabrón se ha arruinado y nos vamos a quedar con lo suyo, les decía mi abuelo a mi abuela y a mi padre. Mi abuelo se empeñó en pagarle al contado la mitad del precio que acordaron por el piso y el sotabanco. Dos toques de nudillo en la madera de la puerta de su piso y vació una bolsa de billetes de 500 pesetas en el felpudo, diciéndole sonriente ¡y te vas! Es una de las historias preferidas de mi padre y de las que más cargan a mi madre, me da que le parece zafia. El sotabanco se transformó en un estudio para él, para mi padre, estudiante de Económicas entonces.

Mis abuelos murieron a mediados de la primera década del siglo XXI, primero mi abuelo de un infarto en su casa de Santa Isabel y después mi abuela de un infarto en su casa del pueblo. Según mi padre el infarto de mi abuelo fue científico, sólidamente y líquidamente cimentado, y el de mi abuela sucedió de adentro afuera. De vuelta a Broto, se enemistó con varios vecinos a quienes intentó comprarles casas a un precio, según ellos, insultante. Lo intentó y, en algunos casos, lo logró. Mi padre nunca consiguió que mi abuela le explicara para qué quería esas casas, con las que ahora él no sabe qué hacer. Después de aquello, mi abuela se encerró en su casa, en la del pueblo, a la de Madrid no volvió, y sufrió su infarto más o menos un año después de la muerte de mi abuelo.

Cuando murieron mis abuelos, mis padres vivían ya en Chamberí, en un pisazo en permanente actualización mobiliaria de la calle Viriato. No se dónde encuentran tanta novedad electrodoméstica. Yo crecí en la plaza de Luca de Tena, Arganzuela, en un piso de tres habitaciones y noblemente avejentado de un edificio de principios del siglo XX. El edificio tiene muchas más plantas que el de Santa Isabel de mis abuelos, que es algo más antiguo, pero la estructura de los pisos es muy parecida. Durante mi niñez y adolescencia, mis padres mantuvieron nuestra casa anclada decorativamente en los 80 españoles o en los 60 de un híbrido imaginario del casticismo anglosajón y nórdico, no sé si me explico. Lo dicen unas fotos y unos vídeos que vemos en Navidad casi siempre y en los que siempre descubro detalles que no sé cómo yo podía tener normalizados cuando vivía allí.

Hasta mis 12 o 13 años mi padre ocupó un cargo intermedio del ministerio de Industria. Después, el funcionario de carrera recibió un último empujón en vertical a través de contactos en un partido político de poder. En uno o en dos. Y pasó a ser un alto cargo de designación política de gobiernos de dos partidos políticos de poder. Mi madre era profesora de inglés en el Colegio Estudio, donde estudié yo. Buena profesora. Y buena relaciones públicas, le presentó a mi padre a mucha gente. Me viene a la cabeza que en esa etapa de mi preadolescencia hacíamos en familia mucha vida de tarde, como le gustaba decir a mi padre, recuerdo un vago continuo otoño y una vaga continua primavera de Trinaranjus en las terrazas de Luca de Tena y mosto en Domínguez, en el paseo de las Delicias. Y a mis 15 o 16 años, recuerdo las primeras cañas con mis padres en esos llamémosles tardeos, más cerca de Atocha, en Bodegas Rosell.

Me independicé en 2008 para irme a compartir piso en la calle Toledo, enfrente del mercado de la Cebada, con tres antiguos compañeros de Filología Hispánica. Me reindependicé un par de años después mudándome al piso con sotabanco de Santa Isabel, mis padres me pusieron las llaves en las manos. A principios de la segunda década del siglo XXI dejé de tener algo a lo que poder llamar un trabajo real, se veía venir. Y eso que mi cánon sobre lo que era un trabajo real, dedicándome a la traducción y la corrección, estaba por debajo del de cualquiera. Colaboraba principalmente con dos editoriales de prestigio improductivo, una cerró y la otra dejó de contratar correctores, creo.

En mis primeros meses en Santa Isabel había acogido a amigos y a amigos de amigos en el sotabanco. Después le pedí permiso a mis padres para alquilarlo como alojamiento turístico, mi cuenta de ahorro pedía soluciones. Concedido. La década avanzaba, el trabajo de verdad real no se materializaba, los precios de los alojamientos turísticos subían y con ellos el precio del sotabanco. En esa época empecé a frecuentar los bares que le gustaban a mi abuelo en sus últimas décadas como vecino de Lavapiés, de los 50 o los 60 ya no queda casi ninguno, en rondas que también pasaban por los nuevos viejos bares de Santa Isabel, como Benteveo o Parrondo. Muchos de mis amigos vivían todavía en Lavapiés, lo pasamos bien en esos años, incluso con poco para gastar, incluso con la conciencia de tener los pies en un presente lleno hasta la mitad de paripé y la cabeza en un futuro en el que no íbamos a caber todos.

A mi padre tendrán que apearlo porque él no se va a apartar, mi madre sí se jubiló cuando le tocaba y, según su propia expresión, empezó a dedicarse en serio a conseguirme un trabajo. Y sí, gracias a ella y a una no entrevista de trabajo en Viriato he sido y soy coordinador editorial en Rubí eBooks. En mis últimos 30, quizá justo a tiempo, quizá por poco tiempo dadas las circunstancias.

En el trabajo conocí a la inquilina actual del sotabanco, una de las correctoras de las novelas románticas que publicamos en la editorial. Sus compañeras de piso, dos hermanas de Zamora, como ella, han vuelto a su ciudad, no acaban de conseguir un auténtico trabajo en el sector audiovisual, y el último turista que ocupó el sotabanco se fue a principios de marzo, así que todo se ha dado para que mi colaboradora entrara a vivir en él en la semana del confinamiento por el coronavirus.

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A finales de marzo, empecé a encontrarme mal. Nada respiratorio, algo digestivo, algo enervante. Me cuesta trabajar, de todas formas tenemos la producción de libros para la temporada de otoño parada, hago yo lo poco que hay que hacer, no hay nada ni nadie que coordinar hasta nueva orden. Me relaja escribir y estoy haciendo pruebas como esta para decidirme o no a redactar un diario mental de la cuarentena que me lleve a mi pasado y, si empiezo a intuirlo, hacia mi futuro.

Desde el sotabanco, mi colaboradora se ofreció a sacar mi basura por mí cuando le conté que no estaba muy allá, y me ha subido pan y ceviche del mercado de Anton Martín. Yo, muy agradecido, de verdad, pero ha empezado a hablarme de la huelga de alquileres, de la prohibición de desahucios y por ahí no, se está jugando la casa y el trabajo que pueda volver a ofrecerle. A ver, es que no le cobro lo mismo que a los turistas. Y en el Bizum del 1 de mayo le voy a solicitar 600 €, lo mínimo hasta donde le puedo bajar el alquiler.

Adrián P. G.
Coordinador de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

Madrid en mayo

Esta semana empieza un mes de mayo marcado por las terribles consecuencias de la enfermedad Covid-19 en la Comunidad Autónoma de Madrid, en España y en el mundo. Pero va a ser el mes de la apertura controlada, de la aparición de la nueva normalidad, de la esperanza. Nosotros seguimos proponiéndote actividades (visitas guiadas virtuales) para conocer Madrid desde casa con el objetivo de que cuando puedas moverte por la ciudad, tengas una base sólida para profundizar y recrearte en ella.

El principio de mayo es especial:

1 de mayo, Día del Trabajo,

2 de mayo, Día de la Comunidad de Madrid

3 de mayo, Día de la Madre.

Rindamos honores a todas estas fechas señaladas.

MICROPLÁN DÍA DEL TRABAJO · 90 min. Viernes 1 de mayo, 11:00, 13:00, 18:00, 20:00 y 22:00 hora de Madrid. Precio: 7 €. Las cigarreras de Embajadores, los organilleros, los que levantaron la Gran Vía, , lo serenos, las floristas, los bomberos… Todas esas personas que han hecho de Madrid lo que es con su trabajo merecen una visita guiada homenaje. Vas a enterarte de un montón de curiosidades relacionadas con oficios tradicionales, oficios peculiares, oficios olvidados… ¡que te van a mantener con la mirada clavada en tu pantalla!

Reservas: escríbenos a reservas@microplanmadrid.com con el asunto DÍA DEL TRABAJO o al whatsapp 695 97 29 37.

MICROPLÁN DÍA DE LA COMUNIDAD DE MADRID · 90 min. Sábado 2 de mayo, 11:00, 13:00, 18:00, 20:00 y 22:00 hora de Madrid. Precio: 7 €. Madrid capital es mucho Madrid, pero si le sumas a su patrimonio, usos y costumbres, los de localidades como Aranjuez, Sal Lorenzo de El Escorial, Chinchón o Navalcarnero la cosa se desborda para muy bien. ¡Sobrevuela virtualmente las maravillas de la CAM en su fiesta!

Reservas: escríbenos a reservas@microplanmadrid.com con el asunto DÍA DE LA COMUNIDAD DE MADRID o al whatsapp 695 97 29 37.

MICROPLÁN DÍA DE LA MADRE · 90 min. Domingo 3 de mayo, 11:00, 13:00, 18:00, 20:00 y 22:00 hora de Madrid. Precio: 7 €. ¡Regálale Madrid a mamá! Vamos a darlo todo para alegrarle su día especial. ¿Con qué? Con todo… Madrid. Hemos seleccionado lo mejor de lo mejor de la ciudad para esta visita guiada virtual: sus monumentos más emblemáticos y los lugares con extra de encanto que la caracterizan. Un Madrid reconocible y para ser disfrutado en familia. Atención, solo admitimos madres e hijos en esta actividad. 🙂

Reservas: escríbenos a reservas@microplanmadrid.com con el asunto DÍA DE LA MADRE o al whatsapp 695 97 29 37.

Además, tienes otras opciones de ocio virtual en nuestra AGENDA y nuestro CATÁLOGO. ¡Hasta pronto por aquí y hasta dentro de poco en las calles!

RELATOS DE MADRID

¿Qué te parece como microplán un poco de lectura? Voy a publicar en el blog con la etiqueta #microplanes algunos relatos (de ficción, pura ficción, no autobiográficos) que estoy escribiendo, todos ellos ambientados en Madrid. Este se titula provisionalmente Aquí.

· ¿Te salvó la música o es una gilipollez plantearlo así? [Es una gilipollez plantearlo así].

– Se repite eso de que no sabíamos lo que estábamos haciendo. Que faltaba información, se dice. Que faltaba mucha información, justo esa expresión, con el mucha, es la que les gusta decir. La hostia, qué gilipollez más grande. Mucha gilipollez, eso que dicen sí que seguro que lo es. [Lo tuyo, regular]. En el 82 palmó el primero del Campi y ya se sabía que el potro se había cepillado a unos cuantos por aquí y por allá. Cuatro o cinco que palmaron también en los 80 le vieron muerto, al Javo, que es quien te digo, cuando llegó la ambulancia había pasado hasta el último puto gorrión del barrio por ahí. {Tira la colilla lejos con la uña del dedo corazón de su mano derecha}.

· Me enteré, como todos, pero no lo vi. [Javo me había pinchado el balón de fútbol, el Tango Adidas del Mundial 82 que me habían regalado mis padres por mi cumpleaños dos semanas antes. No se me olvida. Había muchos gorriones en el parque entonces. Ya deben de ser las siete y media]. {Está inclinado hacia la izquierda, no ha cambiado de postura desde que Txus se ha sentado a su lado. tiene dolores musculares leves y alertas del nervio ciático por encima de la nalga derecha}.

– [El padre de este era el del Ford Escort, joder. Que menudo pintón para meterse, y no había forma de abrirlo con las marquesinas] ¿No hay gorriones o qué? Algún árbol falta, será eso…

· Estaba pensando yo también en los gorriones. Al balcón del salón de casa de mis padres venían muchos y alguno se colaba de vez en cuando. Pero es que ya no hay gente que genere migas o lo que sea. [Lo que hostias sea, iba a decir, lamentable]. Ni bar ni panadería. Adolescentes, pocos, y niños, habrá donde haya clase media de la de antes, con más pasta y más metida en el rollo familiar, aquí casi ninguno. [¿Estoy diciendo chorradas demasiado grandes? No sé qué me mira] {Desvía la mirada hacia un árbol}.

– Sí… joder. No hay nada… ¿Te acuerdas de que el bar se llamó El Piko unos años? {Le crece la sonrisa} Cuando lo llevaba Santiaguín. ¿A qué vendría ese nombre? Parecía de coña, el nombre del bar, digo, el del nota aquel era de coña claramente, porque menudo bestiajo, diminutivo de qué, diminutivo de nada. A mí casi me arranca la cabeza cuando me pilló con el imán haciéndome la tragaperras del bar. [Joder, cómo chorreo recuerdos al lado del pavo este]. {Mira hacia el mismo árbol al que está mirando Carlos}.

· Lo de que el bar se llamara El Piko era la hostia. [Joder con la hostia]. quiero decir que en la cuesta del parque estaba el Campi, o sea que estabais los del Campi, y en la explanada El Piko. Bueno, y más o menos en medio, la fuente. Era todo… muy yonqui. A mí la fuente me tenía obsesionado. Niños llenando globos, madres quitándole la arena a los chupetes que se les habían caído al suelo a sus bebés y yonquis lavando jeringuillas. {Se sienta mejor, con la espalda bien apoyada en el respaldo del banco}. Las interacciones, tío. [¿Tío? ha sonado como… flojo]. Sobre todo las madres echándoos la bronca por picaros cerca de sus hijos, pero me acuerdo también de cómo os miraban, cómo os mirábamos los niños de mi edad, después adolescentes. Nos jugábamos mucho delante de los nuestros con esas miradas. Y a mí Javo me pinchó el balón, qué cabronazo.

– Pero tú lo tenías bastante controlado, ¿no? {Mira a Carlos a los ojos}. Incluso antes de dar el cambio, siendo un chinorri. [Hostia, chinorri]. Siendo un chaval, ya se te veía tranquilón siempre. De lo del balón no me acuerdo, pero es que el Javo era un sudao, tío. Casi todos los días se pasaba horas con el mono o al borde del mono y llevaba una mala hostia encima permanente.

· Yo lo tenía controlado, mis cojones. [Ha sonado… bien]. Creo que es que yo no conseguía dejar de observar lo que hacíais. Igual que en el parque de arriba, el de la iglesia y el parking. La iglesia ya no está, no sé si has andado por ahí. El parking, sí. Llevaba la cuenta de los yonquis que entraban y salían de la entrada y salida de peatones del parking. Ocho dentro, seis fuera, iba y venía por el barrio pasando por el parque de la iglesia y me fijaba siempre. [Siempre entre acojonado y fascinado]. Y, joder, no había vez que no contara más yonquis dentro que fuera. {Sonríe y mira al árbol, le ha sostenido la mirada a Txus hasta ese momento}.

– Yo tenía mucha paranoia con los yonquis que entraban y salían de los coches. [Cómo era eso, joder]. {Mira al árbol y a Carlos y sonríe}. ¿Sabes que me apetecía la hostia picarme en el coche de tu padre? En el Escort. Pero no había forma de abrirlo con marquesinas.

· ¿Con marquesinas?

– Las marquesinas eran clavos aplanados. Colocábamos clavos en las vías y cuando pasaba el tren los chafaba pero bien y así servían como llave. Los coches de los 70 y muchos SEAT de los 80 los abríamos prácticamente todos con marquesinas. El Escort de tu padre, ni pa Dios. Luego se pilló un Kadett con alerón tu padre, ¿no? [Se me está secando la boca. ¿Por qué quitarían la fuente? ¿Y las vías?]. Te iba a decir que a mí a veces me parecía que la gente que entraba a los coches a meterse no era la misma que salía. {Abre mucho los ojos y los deja fijos en el ojo derecho de Carlos}. No era una cuestión de número como lo tuyo, era de identidad. Incluso cuando habían entrado conmigo en el coche, había un momento, a veces, digo, no siempre, en el que se me iban las caras o se me mezclaban, no sé, el caso es que no tenía claro que estuviéramos en el coche los mismos que habíamos entrado o que hubiera entrado y salido gente desde que yo había entrado. {Parpadea varias veces seguidas, se acomoda en el banco y vaga mentalmente por el parque}.

{Se produce un silencio largo}.

· {Mira a Txus, al árbol, a Txus}. ¿Tu madre qué tal? Vengo casi todas las semanas al barrio y hace años que no la veo. {Se remueve en el banco}.

– Mi madre dice que está bien en casa. {Levanta la vista a las nubes y sube la cremallera de su abrigo}. No me había parado a pensarlo, ahora me acuerdo de que de vez en cuando me habla de tu madre, la mía. Que tu madre no para, me dice. La ve desde el balcón con gente o cargada de bolsas. ¿Sigue siendo profesora de pintura, tu madre, en el centro de mayores?

· Sí, sigue. 77 años tiene ya, y todavía es una hoguera. Ha ido sumando miedos. La tele, tío, bueno, ya lo has contado mil veces en tus canciones. Pero está fuerte todavía. [Todavía no le he devuelto los tuppers en los que me llevé el cocido].

– ¿Mil veces, cabrón? {Ríe y desplaza a Carlos con el antebrazo izquierdo}. ¿Que doy mucho la murga con lo mismo o qué? La verdad es que me veo como el hámster en la rueda o como el ratón en el laberinto. En las canciones más políticas siempre voy detrás de algo que es lo mismo todo el tiempo, que parte de algo que podríamos llamar la injusticia básica, por ejemplo, tampoco nos vamos a complicar, que en el fondo es todo muy sencillo, y en las otras canciones voy en busca de algo que no encuentro o que encuentro por intuición o por casualidad, que sé lo que es y no sé lo que es, eso tiene más que ver con la inconsistencia de la vida, de la vida normal, ¿no? No sé si me explico. [Cállate, hostia, encima este lo contaría mucho mejor]. Si es que estas explicaciones es mejor no darlas. {Agacha la cabeza, se quita un pegote de barro de la zapatilla Quechua izquierda con la puntera de la derecha}.

· La tele es el máximo generador de paranoia de todos los tiempos. Ni la Iglesia en sus mejores épocas. Bueno, ahí se me ha ido. [¿Esto de se me ha ido lo digo yo?]. {Ríen brevemente los dos}.

– La tele, los medios, los de siempre y los de ahora, hacen daño a todo el mundo, pero a los viejos es que los anulan. tanta excepción elevada a normalidad. Es que no, cago en Dios. Nos protegemos y sobre todo los viejos se protegen de lo que no les va a pasar a ellos ni a sus hijos ni a sus nietos y están desarmados de calavera para dentro para entender y pelear contra la normalidad de mierda que les imponen. [Ahora el Javo escupiría]. {Niega con la cabeza, mira al árbol}. Ahí te tengo que decir que tú lo has hecho dignamente, como periodista, digo. Hasta donde yo sé, ¿eh? {Mira a Carlos con un destello irónico}.

· He tenido que tragar y esparcir mierda, como todos. Bueno, como todos o no, yo sí lo he hecho. {Ojeada a las nubes y gesto de asentimiento}.

– Yo también, yo también. Que he salido en Telemandril y eso. {Ríe y mira a las nubes}. En Telemadrid he salido como siete veces, a lo mejor.

· {Sonríe}. Pero no es eso, no es eso. Mi madre me habla alguna vez de la tuya. La ve poco en la calle y aun así, le tiene mucho cariño. Valora lo que hizo por el Parque de Santa María y por Hortaleza, su presencia en los movimientos vecinales contra el mercado de droga de la UVA y el apoyo a los drogodependientes. [Donde tú entrabas y yo, no, que hasta hace como ocho años ni había pisado esas calles]. Y una cosa que me ha dicho varias veces es que tu madre opina con criterio sobre las casas que les dieron a los que vivían ahí, en la parte de la UVA que ya han demolido, claro. [Mientras tanta gente con mucha más formación y que no había pasado por lo que pasó tu familia contigo se cagaba en todo ]. Todavía se habla mucho de eso en el barrio, parece ser. Los que no están de acuerdo, pues eso, que vaya pisazos les han dado gratis a los gitanos con las que han liado, así, sin más, lo dicen. ¿Has vuelto a la UVA? El proceso no se ha completado y ya está quedando muy claro que cuanta más gente es realojada, menos conflictividad hay. {Ha movido mucho las manos al hilo de sus últimas frases}. Y ¿tu padre?

– Te digo primero… Mi madre ha sido la rehostia para mí. Aguantó todo, y me refiero a que sostuvo todo. Y, en buena medida, por ella o para ella yo nunca me pasé. [Me pasé hasta allá y más, pero no, este lo sabe]. {Mira al ojo derecho de Carlos fijamente}. A mi padre lo anulé, no hizo falta que se encargaran de eso los telediarios que no son telediarios sino programas de sucesos. Él tenía un suceso en casa, uno real y ni siquiera excepcional. Eso sí, la guitarra eléctrica con la que empecé a tocar en el grupo me la regaló él. Y ya le había mangado de todo, y ya me había caído a la hondonada aquella con su coche, que ya no chutó más. Y, joder, ya había vendido la primera guitarra eléctrica que tuve, con la que aprendí a tocar, la que había mangado yo, por cierto. Eso sí lo hizo. Eso y tocar en una banda beat en los 60, antes de que el curro en Grupo de Abastecimientos Madrileños, la famosa GRUMA, que después pasó a llamarse UNIDE, Union de Detallistas Españoles, lo anulara de otra forma, también. Con el cambio de nombre, pasarían a alienarlo igual, pero con más lujo de detalles y en los detalles. Las cosas cambian, solo que no cambian. Mi padre se pasó 40 años cargando y descargando cajas, pero estuvo en la música moderna, tío. {Ríe fuerte}.

· Y ahora, ¿cómo le va? [Cállate]. {Le aguanta a Txus la mirada con esfuerzo, la voz le ha salido con poco peso}.

– ¿Cómo le va de qué o en qué, capullo? {Le da con el antebrazo izquierdo a Carlos, más fuerte que antes}. Un respeto, Litos. [Un respeto no es lo que quería decir, bah, este comprende, hasta con la cara de conejo que se le ha puesto ahora]. No pasa nada, hombre, no te vengas abajo. Seguro que sabes que echa el día entre cagarse encima y babear. Y mi madre, aguantando. Con 80 palos. Que 57 tengo yo ya, la hostia en prosa poética. A ti te saco seis o siete, ¿no? {Saca un cigarro de un bolsillo interior del abrigo y lo levanta hacia Carlos}. El último y me voy. ¿Quieres?

· No fumo hace mucho.{Carraspea} Sabía algo de tu padre… El mío, pues eso, lleva al otro lado del barrio, bueno, del distrito, casi 20 años, en una urbanización por Carril del Conde. No se quería jubilar, de hecho dice que no está jubilado. Todavía algún director de cine joven le pide algún consejo. La última peli que montó se estrenó no hace tanto, hace como seis años. Mañana le veo, el día de Navidad siempre como con él. [Estoy hablando normal, así sí].

– Eso está bien. {Sonríe y le acerca la cara a Carlos}. Pero que de años cómo vas, coquetuelo. [Un poco primavera sí eres].

· 50 me han caído este año, todos esos.

– Nada, qué. Yo todavía doy brincos y berreo punk. {Sonríe con autoironía}. A ti te queda mucha mierda política que levantar y mucho cultureteo que reseñar. Dale, dale. Lo de las del barrio no nos salió bien al final. [Bien buena que estaba tu Amaya, y bien buena y loca que estaba mi Sonia]. Pero tenemos mercado todavía, cada cual por lo suyo. Pues ya está. {Hace una especie de brindis con el cigarro y lo tira a medias}. Que vaya frío y vaya mal que me sienta el tabaco desde que me sienta mal. {Se levanta}. Me voy a los apartamentos de enfrente. Así llamabais a los edificios como el de mi casa los de las torres, ¿no?

· {Se queda sentado y estira el brazo derecho para darle la mano a Txus}. Algunos los llamaban así, creo, sí. {Sonríe débilmente}. Es tarde. A mi madre le jode que subamos a cenar casi con la mesa puesta. Normal.

– Tu madre me ha hablado siempre, no veas cómo me huían otras y otros. Dale un abrazote de mi parte. {No le suelta la mano a Carlos y le mira con una sonrisa valorativa}. Lo hiciste bien, Litos, se te veía salir bien. Y lo que te queda. {Se separan y Txus empieza a andar en dirección a su casa}. Nos vemos, no habíamos hablado tanto en la vida y ha estado bien. A ver si no pasan otros 100 años antes.

· A ver, a ver. {Se queda un rato en el banco, mirando primero cómo se va Txus hasta que este dobla una esquina, y luego al árbol. Se levanta y le habla al aire}. Y se me ha olvidado pedirte una entrevista, Txusco.

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Foto cedida para ilustrar este relato por la Asociación Vecinal La Unión de Hortaleza con la mediación de Hortaleza, Periódico Vecinal.
Adrián P. G.
Coordinador de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

Carmiña. Mujeres que se atreven, Parte 3

Carmen Martín Gaite (1925 – 2000) fue una escritora de origen provinciano y burgués que se levantó sobre las más convencionales posibilidades de futuro que le ofrecía su ambiente para desarrollar una fructífera carrera como novelista, cuentista y ensayista de éxito editorial y prestigio entre la crítica, además de realizar traducciones y redactar guiones para series de televisión.

Uno de los principales temas de fondo de su producción literaria, en consonancia con las circunstancias que pudo vivir o analizar de su Salamanca natal, es el de la mujer que lucha contra un entorno opresivo en busca de una identidad propia, es decir el descubrimiento de sus auténticos deseos y de la consecución de estos. Probablemente este elemento del perfil de Carmen Martín Gaite fue uno de los que atrajo a su figura a Noelia Adánez, creadora del proyecto Mujeres que se atreven para Teatro del Barrio, que decidió convertirla en la protagonista de la tercera entrega.

La actriz Nieves de Medina encarna de manera veraz y empática a una Martín Gaite evocadora de su realización en la literatura, amante de la conversación inteligente y el baile liberador y doliente por la pérdida de sus hijos, sobre todo de Marta (su hijo Miguel murió a los siete meses de vida de meningitis), quien según vemos sobre las tablas la fascinaba por su manera de ser joven, tan distinta a la que ella, Carmen, pudo vivir y vivió. Hay incomprensión pero respeto por esa vida acelerada, esa vocación de liberarse de nadie ni nada en concreto sin instituciones sociales tan determinadas por un sistema político como el franquismo a las que oponerse. La vida de Marta terminó a sus 33 años a causa del VIH.

Como en el caso de Emilia y Gloria, las partes precedentes de Mujeres que se atreven, la obra es un monólogo en el que sobre el escenario solo aparecen los elementos imprescindibles para el juego de la palabra y el gesto de la actriz. En esta ocasión, el juego lo dirige, con medido pulso, Ximena Vera.

Quizá por las propias características del personaje representado, que nunca renunció a cierta premiosidad provinciana a pesar de su adscripción sucesiva a la modernidad, la obra en conjunto nos resultó menos electrizante y absorbente que sus predecesoras del ciclo, a pesar de que, como en aquellas, incluso se incita a que el público participe en algún momento musical. Los demás espectadores, y en día de estreno, también despidieron con aplausos cómplices, pero no exaltados, a las artífices de Carmiña.

Texto de Adrián P. G.
Coordinador de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

Editor, redactor creativo y SEO, social media manager

Hasta el 29 de marzo.
Entradas: entre 14 – 18 €.
Horario:
Consultar sala.
Teatro del Barrio, calle Zurita, 20.

Almendros, mudéjar y tapas floridos

Hay algo que ocurre en Madrid solo ahora, porque antes no,  y luego es tarde. Se trata del florecimiento de los almendros, precioso acontecimiento de los meses de febrero y marzo que se ve y se vive mejor que en ningún lugar en la Quinta de los Molinos y en la Quinta Torre Arias, antiguas fincas urbanas de recreo de estilo rústico que cuentan con muchos más detalles de interés. Muy cerca se puede disfrutar de un elemento mudéjar único en Madrid, el artesonado y carpintería de la Parroquia de Santa María la Blanca de Canillejas, recientemente descubierto y restaurado.

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Con estos elementos tan especiales y con final en un bar de esos de caña con buena tapa que nos gustan, vamos a organizar una visita guiada con únicamente dos fechas disponibles en la que también comentaremos algunos elementos supervivientes del antiguo pueblo de Canillejas, actual barrio del distrito de San Blas- Canillejas de Madrid. Siempre decimos: para conocer Madrid de verdad, patéate el centro y… sal del centro. ¡Vente con nosotros! Es imprescindible reservar.

Info y reservas:
Email: reservas@microplanmadrid.com
Teléfono (llamadas y WhatsApp):695 97 29 37

Sábado 29 de febrero, 16:00. Punto de encuentro: salida de la estación de Metro Suanzes, calle Alcalá impares.

Domingo 8 de marzo, 11:30. Punto de encuentro: salida de la estación de Metro Suanzes, calle Alcalá impares.

Duración: 180 min aprox.

Precio: 20 € por persona, consumición incluida.

Recomendable y recomendado: lleva calzado cómodo, agua, protección solar y gorra.

Consulta las condiciones generales de reserva y pago de nuestros planes antes de realizar la inscripción.

Como siempre, el guía es un licenciado en Historia madrileño que se pirra por compartir lo que se empolla y lo que disfruta de su ciudad.

Restaurantes italianos en Madrid. Últimas paradas

Vamos con un repaso a los últimos restaurantes italianos en los que hemos vivido una experiencia gastronómica. Hemos aprovechado para hacer una comparativa de carbonaras, por cierto.

| Lettera Trattoria Moderna | C/ Calle de la Reina, 20 – 91 805 33 42 – 30 €

Efectivamente, se trata de una trattoria actualizada donde se cuida cada detalle, desde el proveedor del pan, que es John Torres, hasta la decoración mediterránea firmada por María Villalón Studio. El chef siciliano Francesco Ingargiola le saca partido a las recetas de su familia y a las clásicas de diferentes regiones de Italia siempre imprimiendo un sello personal a la fórmula definitiva. Simplicidad y evolución son sus características esenciales. En las fotos, arancini, risotto y carbonara. Precisas ejecuciones y emplatados a la nórdica, nada barrocos. La pasta alla carbonara es magnífica, untuosa y con un guanciale excelente.

| Isabella | C/ Claudio Coello, 114 –91 578 92 47 25 €

Los propietarios Valter Sambrana y Ana Navarro son brasileños, al igual que el chef Carlos Eduardo Gasparini y, aunque la propuesta se apega al clasicismo italiano, hay toques de color carioca por aquí y por allá. Las pizzas de inspiración napolitana (imagen de portada) se cocinan en un horno tradicional a la vista de los comensales. Mira esa masa negra con carbón vegetal, ¡especial! La pizza del fondo pica muy rico. Platazo el de pappardelle de ragú y sabor a casa italiana el de la carbonara.

| Più di Prima | Paseo Pintor Rosales, 30 – 917 65 01 83 – 25 € / 30 €

Restaurante que se convirtió en un clásico de la calle Hortaleza a principios de siglo y ha resurgido en el barrio de Argüelles después de unos años de descanso. El chef Stefano Franzin se expresa con el recetario de la abuela y le insufla bríos como en su clásico ravioloni Più di Prima con yema de huevo de corral, crema de parmigiano, espinaca y salvia. En nuestra visita disfrutamos también del buen tratamiento que se le da en la cocina a las verduras de temporada.

| Casa Tua Gourmet | C/ Calle de la Reina, 20 – 918 05 33 42 – 25 € / 30 €

Sus artífices definen el establecimiento como un bar con cocina que pretende promover la auténtica culinaria italiana. El chef sardo Luca Buioni es el malabarista que administra una extensa carta que incluye hitos como el risotto frutti di mare con arroz carnaroli, gambón, mejillones, almejas, tomate cherry y guindilla o los spaghetti chitarra alla carbonara con pasta fresca, guanciale, yema de huevo, pimienta, parmigiano reggiano y pecorino romano (extraaa de quesos).

Adrián P. G.
Coordinador de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

Mejor diviértete en AntiSanValentín

Somos muy de valorar y poner en valor la esencia de Madrid, pero también o quizá por eso mismo nos gusta y practicamos la antitradición global. Por estas fechas lanzamos todos los años nuestro microplán AntiSanValentín. Vamos, pues:

El sábado 15 (sí, la antitradición empieza por no respetar el día del evento raíz) hemos quedado en la plaza de Puerta Cerrada (la ubicación exacta te la daremos cuando reserves) a las 12:00 para empezar un recorrido con los siguientes hitos anticlimáticos:

  • Culos de edificios. Es decir, fachadas traseras.
  • Sitios donde han emparedado. Es decir, sitios donde han emparedado a personas.
  • Arte urbano de guerrilla. Es decir, no del otro.
  • Monumentos amorfos. Es decir, hay monumentos horrendos en Madrid, sí.
  • Arquitectura tirada por el suelo. Es decir, literalmente tirada por el suelo.
  • Más cosas en ese plan.

El punto final de la ruta es una bodega y taberna no gentrificada ni turistificada de Lavapiés donde podrás degustar un chato o una caña con tapa incluidos en el precio de la actividad: 15 € por persona.

Apúntate con tu pareja, con tu primo, con tu escayolista…

Información y reservas
Email: reservas@microplanmadrid.com
Teléfono (llamadas y WhatsApp): 695 97 29 37

Las placas de Asegurada de Incendios del centro de Madrid

Seguro que has visto en numerosos inmuebles del distrito Centro de Madrid y los colindantes unas placas o unas inscripciones con las palabras Asegurada de Incendios. Fueron colocadas en la ciudad desde 1824 como consecuencia de la creación de la Sociedad de Seguros Mutuos de Incendios de Casas de Madrid. Formaban parte de esa institución propietarios de viviendas intramuros de Madrid (en 1822 todavía estaba vigente la última muralla o cerca de Madrid, levantada en 1625 durante el reinado de Felipe IV y derribada en 1868, el año de la revolución conocida como la Gloriosa).

La finalidad de la Sociedad era que los propietarios tuvieran una garantía recíproca de indemnización en caso de incendio. Es decir, que los socios eran a la vez asegurados y aseguradores y cubrían entre todos los gastos provocados por los siniestros.

El proyecto, creado por Don Manuel María de Goyri, se formula públicamente el 27 de abril de 1822, su reglamento se explicita el 30 de noviembre de ese mismo año y es sancionado por el Consejo de Castilla el 31 de marzo de 1824.

Por lo que respecta a las placas de marras, el capítulo 5, artículo 41 del mencionado reglamento dice: “Que se cuidará de que se coloquen en las casas aseguradas en paraje visible una tarjeta o azulejo que diga Asegurada de Incendios”. A partir de ahí , venga placas de latón u otras aleaciones y cerámica en dinteles y fachadas. Algunas son meras inscripciones. Hemos fotografiado unas cuantas:  

 

Los incendios de viviendas construidas en el siglo XIX y anteriores eran frecuentes porque sus armazones se hacían de vigas de madera clavadas y atadas. Los fallecidos en incendios eran muy numerosos porque las viviendas ardían rápidamente y perdían su esqueleto, de forma que los moradores o se asfixiaban por el humo, o se quemaban o se les caía la casa encima. Así que la Sociedad de Seguros Mutuos de Incendios de Casas de Madrid contaba con medios humanos y técnicos, como una bomba de agua, para reforzar la labor de los bomberos de Madrid, cuerpo cuyo origen podemos datar en el 9 de julio de 1577, cuando el Concejo de la Villa de Madrid compone el primer acuerdo sobre fuegos, por el que se reúne a un grupo de hombres, dotados del material necesario para socorrer a la capital en caso de incendio.

Y para terminar, algo que se ha comentado y se comenta en los mentideros madrileñistas con base nunca demostrable: se dice que los bomberos públicos de la capital eran primados por la Sociedad de Seguros Mutuos de Incendios de Casas de Madrid,  así que si un incendio se propagaba por varios edificios y unos tenían las placas de Asegurada de Incendios y otros no, pues ya sabes…

Adrián P. G.
Coordinador de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com

Planes para disfrutar de la Navidad 2019 en Madrid a tu manera

Ya estamos inmersos en el ambientillo de la Navidad 2019 y Madrid está a tope de luz y color para aquellos que quieren disfrutar de las fiestas con planes tradicionales en los espacios de siempre. Nosotros nunca dejamos a un lado a los que prefieren vivir experiencias fuera de temporada y del foco principal, con otra calma y sensaciones.

Por eso en 2019, como todos los años, hemos diseñado una visita guiada navideña con clásicos de estas fechas y algunas novedades de línea continuista y otra visita guiada a la que llamamos antinavideña, alejada de mogollones y tópicos (tampoco es que llegue la sangre de Papá Noel y los Reyes Magos al río, calma). A ver cuál te encaja mejor:

Información y reservas
Email: reservas@microplanmadrid.com
Teléfono (llamadas y WhatsApp): 695 97 29 37

MICROPLÁN NAVIDAD 2019 · 120 min. 15 €. Menores de 14 años, descuento del 50 %. Tradiciones navideñas como que comamos uvas para empezar el año o roscón de reyes el día 6 de enero y alrededores tienen su razón de ser y estar. En esta ruta te hablamos de usos y costumbres de estas fechas y te enseñamos las luces, los mercadillos y otros hitos del momento. Punto de encuentro: plaza de las Cortes, junto a la estatua de Cervantes.

Disponible los días 21, 22 y 28 de diciembre y los días 4 y 5 de enero a las 10:00 y a las 17:00.

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MICROPLÁN ANTINAVIDAD 2019 · 150 min. 25 € (incluye una cerveza o un vino y dos cartones de bingo). Solo para mayores de 18 años. Atención, atención, que en Navidad se puede disfrutar de Madrid lejos del mogollón y las convenciones. Te proponemos que te vengas a conocer en paz OTRO MADRID por los barrios de La Guindalera y Lista y alucines con sus antiguas colonias de viviendas especialísimas y otros detalles singulares de Madrid (¿sabes cómo se construyó el Pirulí?) antes de que te acompañemos a uno de los bingos con más solera de Madrid para que pruebes suerte el mismísimo día del sorteo de la lotería de Navidad (que no te está tocando), con otro tipo de juego de azar. Como estamos en contra de las apuestas inmoderadas, jugamos dos cartones y nos vamos. Punto de encuentro: calle de la Belleza, 1.

Disponible el día 22 de diciembre a las 12:00 y a las 19:00.

Madrid-moderno