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RELATOS DE MADRID

¿Qué te parece como microplán un poco de lectura? Voy a publicar en el blog con la etiqueta #microplanes algunos relatos (de ficción, pura ficción, no autobiográficos) que estoy escribiendo, todos ellos ambientados en Madrid. Este se titula provisionalmente Aquí.

  • ¿te salvó la música o es una gilipollez plantearlo así? [es una gilipollez plantearlo así].

– se repite eso de que no sabíamos lo que estábamos haciendo. que faltaba información, se dice. que faltaba mucha información, justo esa expresión, con el mucha, es la que les gusta decir. la hostia, qué gilipollez más grande. mucha gilipollez, eso que dicen sí que seguro que lo es [lo tuyo, regular]. en el 82 palmó el primero del Campi y ya se sabía que el potro se había cepillado a unos cuantos por aquí y por allá. cuatro o cinco que palmaron también en los 80 le vieron muerto, al Javo, que es quien te digo, cuando llegó la ambulancia había pasado hasta el último puto gorrión del barrio por ahí {tira la colilla lejos con la uña del dedo corazón de su mano derecha}.

  • me enteré, como todos, pero no lo vi [Javo me había pinchado el balón de fútbol, el Tango Adidas del Mundial 82 que me habían regalado mis padres por mi cumpleaños dos semanas antes. no se me olvida. había muchos gorriones en el parque entonces. ya deben de ser las siete y media] {está inclinado hacia la izquierda, no ha cambiado de postura desde que Txus se ha sentado a su lado. tiene dolores musculares leves y alertas del nervio ciático por encima de la nalga derecha}.

– [el padre de este era el del Ford Escort, joder. que menudo pintón para meterse, y no había forma de abrirlo con las marquesinas] ¿no hay gorriones o qué? algún árbol falta, será eso…

  • estaba pensando yo también en los gorriones. al balcón del salón de casa de mis padres venían muchos y alguno se colaba de vez en cuando. pero es que ya no hay gente que genere migas o lo que sea [lo que hostias sea, iba a decir, lamentable]. ni bar ni panadería. adolescentes, pocos, y niños, habrá donde haya clase media de la de antes, con más pasta y más metida en el rollo familiar, aquí casi ninguno [¿estoy diciendo chorradas demasiado grandes? no sé qué me mira] {desvía la mirada hacia un árbol}.

– sí… joder. no hay nada… ¿te acuerdas que el bar se llamó El Piko unos años? {le crece la sonrisa} cuando lo llevaba Santiaguín. ¿a qué vendría ese nombre? parecía de coña, el nombre del bar, digo, el del nota aquel era de coña claramente, porque menudo bestiajo, diminutivo de qué, diminutivo de nada. a mí casi me arranca la cabeza cuando me pilló con el imán haciéndome la tragaperras del bar [joder, cómo chorreo recuerdos al lado del pavo este] {mira hacia el mismo árbol al que está mirando Carlos}.

  • lo de que el bar se llamara El Piko era la hostia [joder con la hostia]. quiero decir que en la cuesta del parque estaba el Campi, o sea que estabais los del Campi, y en la explanada El Piko. bueno, y más o menos en medio, la fuente. era todo… muy yonqui. a mí la fuente me tenía obsesionado. niños llenando globos, madres quitándole la arena a los chupetes que se le habían caído a sus bebés y yonquis lavando jeringuillas {se sienta mejor, con la espalda bien apoyada en el respaldo del banco}. las interacciones, tío [¿tío? ha sonado como… flojo], sobre todo las madres echándoos la bronca por picaros cerca de sus hijos, pero me acuerdo también de cómo os miraban los niños de mi edad, después adolescentes. Nos jugábamos mucho delante de los nuestros con esas miradas. Y a mí Javo me pinchó el balón, qué cabronazo.

– pero tú lo tenías bastante controlado, ¿no? {mira a Carlos a los ojos}. incluso antes de dar el cambio, siendo un chinorri [hostia, chinorri], un chaval, ya se te veía tranquilón siempre. de lo del balón no me acuerdo, pero es que el Javo era un sudao, tío. casi todos los días se pasaba horas con el mono o al borde del mono y llevaba una mala hostia encima permanente.

  • yo lo tenía controlado mis cojones [ha sonado… bien]. creo que es que yo no conseguía dejar de observar lo que hacíais. igual que en el parque de arriba, el de la iglesia. la iglesia ya no está, no sé si has andado por ahí. el parking, sí. llevaba la cuenta de los yonquis que entraban y salían de la entrada y salida de peatones del parking. ocho dentro, seis fuera, iba y venía por el barrio pasando por el parque de la iglesia y me fijaba siempre [siempre entre acojonado y fascinado]. Y, joder, no había vez que no contara más yonquis dentro que fuera. {sonríe y mira al árbol, le ha sostenido la mirada a Txus hasta ese momento}.

– yo tenía mucha paranoia con los yonquis que entraban y salían de los coches [cómo era eso, joder]. {mira al árbol y a Carlos y sonríe}. ¿sabes que me apetecía la hostia picarme en el coche de tu padre? en el Escort. pero no había forma de abrirlo con marquesinas.

  • ¿con marquesinas?

– las marquesinas eran clavos aplanados. colocábamos clavos en las vías y cuando pasaba el tren los chafaba pero bien y así servían como llave. los coches de los 70 y muchos SEAT de los 80 los abríamos prácticamente todos con marquesinas. el Escort de tu padre, ni pa dios. luego se pilló un Kadett con alerón tu padre, ¿no? [se me está secando la boca. ¿por qué quitarían la fuente? ¿y las vías?] te iba a decir que a mí a veces me parecía que la gente que entraba a los coches a meterse no era la misma que salía. {abre mucho los ojos y los deja fijos en el ojo derecho de Carlos}. no era una cuestión de número como lo tuyo, era de identidad. incluso cuando habían entrado conmigo en el coche, había un momento, a veces, digo, no siempre, en el que se me iban las caras o se me mezclaban, no sé, el caso es que no tenía claro que estuviéramos en el coche los mismos que habíamos entrado o que hubiera entrado y salido gente desde que yo había entrado {parpadea varias veces seguidas, se acomoda en el banco y vaga mentalmente por el parque}.

{Se produce un silencio de algo más de un minuto}.

  • {mira a Txus, al árbol, a Txus}. ¿tu madre qué tal? vengo casi todas las semanas al barrio y hace años que no la veo {se remueve en el banco}.

– mi madre dice que está bien en casa {levanta la vista a las nubes y sube la cremallera de su abrigo}. no me había parado a pensarlo, ahora me acuerdo de que de vez en cuando me habla de tu madre, la mía. que no para, me dice. la ve desde el balcón con gente, con bolsas. ¿sigue siendo profesora de pintura, tu madre, en el centro de mayores?

  • sí, sigue. 77 años tiene ya, y todavía es una hoguera. ha ido sumando miedos, la tele, tío, bueno, ya lo has contado mil veces en tus canciones, pero está fuerte todavía [todavía no le he devuelto los tuppers en los que me llevé el cocido].

– ¿mil veces, cabrón? {ríe y desplaza a Carlos con el antebrazo izquierdo}. ¿que doy mucho la murga con lo mismo o qué? la verdad es que me veo como el hámster en la rueda o como el ratón en el laberinto. siempre detrás de algo que es lo mismo todo el tiempo o en busca de algo que no encuentro o que encuentro por intuición o por casualidad, que sé lo que es y no sé lo que es. no sé si me explico [cállate, hostia] {agacha la cabeza, se quita un pegote de barro de la zapatilla Quechua izquierda con la puntera de la derecha}.

  • la tele es el máximo generador de paranoia de todos los tiempos. ni la Iglesia en sus mejores épocas. bueno, ahí se me ha ido [¿esto de se me ha ido lo digo yo?] {ríen brevemente los dos}.

– la tele, los medios, los de siempre y los de ahora, hacen daño a todo el mundo, pero a los viejos es que los anulan. tanta excepción elevada a normalidad. es que no, cago en diós. nos protegemos y sobre todo los viejos se protegen de lo que no les va a pasar a ellos ni a sus hijos ni a sus nietos y están desarmados de calavera para dentro para entender y pelear contra la normalidad de mierda que les imponen [ahora el Javo escupiría] {niega con la cabeza, mira al árbol}. ahí te tengo que decir que tú lo has hecho dignamente, como periodista, digo. hasta donde yo sé, ¿eh? {mira a Carlos con un destello irónico}.

  • he tenido que tragar y esparcir mierda, como todos. Bueno, como todos o no, yo sí lo he hecho {ojeada a las nubes y gesto de asentimiento}.

– yo también, yo también. que he salido en Telemandril y eso {ríe y mira a las nubes}. como siete veces, a lo mejor.

  • {sonríe} pero no es eso, no es eso. mi madre me habla alguna vez de la tuya. la ve poco en la calle y aun así, le tiene mucho cariño. valora lo que hizo por el barrio, su presencia en los movimientos vecinales contra el mercado de droga de la UVA [donde tú entrabas y yo, no, que hasta hace como ocho años ni había pisado esas calles]. y una cosa que me ha dicho varias veces es que tu madre opina con criterio sobre las casas que les dieron a los que vivían ahí [mientras tanta gente con mucha más formación y que no había pasado por lo que pasó tu familia contigo se cagaba en todo]. todavía se habla mucho de eso en el barrio, parece ser. Bueno, no se ha completado el proceso, claro {ha movido mucho las manos al hilo de sus últimas frases}. Y ¿tu padre?

– te digo primero… mi madre ha sido la rehostia para mí. aguantó todo, y me refiero a que sostuvo todo. y en buena medida, por ella o para ella yo nunca me pasé [me pasé hasta allá y más, pero no. este lo sabe] {mira al ojo derecho de Carlos fijamente}. a mi padre lo anulé, no hizo falta que se encargaran de eso los telediarios que no son telediarios sino programas de sucesos. él tenía un suceso en casa, uno real y ni siquiera excepcional. eso sí, la guitarra eléctrica me la regaló él. y ya le había mangado de todo, y ya me había caído a la hondonada aquella con su coche, que ya no chutó más. y, joder, ya había vendido la primera guitarra eléctrica que tuve, la que había mangado yo, por cierto. eso sí lo hizo. Eso y tocar en una banda beat en los 60, antes de que el curro en GRUMA lo anulara, también. en la música moderna, mi padre {ríe fuerte}.

  • y ahora, ¿cómo le va? [cállate] {le aguanta la mirada con esfuerzo, la voz le ha salido con poco peso}.

– ¿cómo le va de qué o en qué, capullo? {le da con el antebrazo izquierdo a Carlos, más fuerte que antes}. un respeto, Litos [un respeto no es lo que quería decir, bah, este comprende, hasta con la cara de conejo que se le ha puesto ahora]. no pasa nada, hombre, no te vengas abajo. seguro que sabes que echa el día entre cagarse encima y babear. y mi madre, aguantando. con 80 palos. que 57 tengo yo ya, la hostia en prosa poética. A ti te saco seis o siete, ¿no? {saca un cigarro de un bolsillo interior del abrigo y lo levanta hacia Carlos} el último y me voy.

  • {carraspea} sabía algo de tu padre… el mío, pues eso, lleva al otro lado del barrio casi 20 años. no se quería jubilar, de hecho dice que no está jubilado. todavía algún director de cine joven le pide algún consejo. la última peli que montó se estrenó no hace tanto, como seis años. mañana le veo, el día de Navidad siempre como con él [ya estoy hablando normal, bien].

– eso está bien {sonríe y le acerca la cara a Carlos}, pero que de años cómo vas, coquetuelo [un poco primavera sí eres].

  • 50 me han caído este año, todos esos.

– nada, qué. yo todavía doy brincos y berreo punk {sonríe con autoironía}. a ti te queda mucha mierda política que levantar y mucho cultureteo que reseñar. dale, dale. y lo de las del barrio no nos salió bien al final [bien buena que estaba tu Amaya, y bien buena y loca que estaba mi Sonia], pero tenemos mercado todavía, cada cual por lo suyo. pues ya está {hace una especie de brindis con el cigarro y lo tira a medias}, que vaya frío y vaya mal que me sienta el tabaco desde que me sienta mal {se levanta}. me voy a los apartamentos de enfrente. Así llamabais a los edificios como el de mi casa los de las torres, ¿no?

  • {se queda sentado y estira el brazo derecho para darle la mano a Txus} algunos los llamaban así, creo, sí {sonríe débilmente}. es tarde. a mi madre le jode que subamos a cenar casi con la mesa puesta. normal [no acabo de hablar normal, no].

– tu madre me ha hablado siempre. dale un abrazote de mi parte {no le suelta la mano a Carlos y le mira con una sonrisa valorativa}. lo hiciste bien, Litos, se te veía salir bien. y lo que te queda {se separan y Txus empieza a andar en dirección a su casa}. nos vemos, a ver si no pasan otros 100 años antes.

  • a ver, a ver {se queda un rato en el banco, mirando primero cómo se va Txus hasta que este dobla una esquina, y luego al árbol. se levanta}. y se me ha olvidado pedirte una entrevista, Txusco.

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Foto cedida para ilustrar este relato por la Asociación Vecinal La Unión de Hortaleza con la mediación de Hortaleza, Periódico Vecinal.
Adrián P. G.
Coordinador de Microplán Madrid
comunicacion@microplanmadrid.com